Relaciones difíciles

en la red de apoyo social

Estudio descriptivo por grupo de edad y género

Franco Morales

fmorales@mdp.edu.ar

 

Karina Dottori

karinadottori@yahoo.com.ar

 

Universidad de Mar de Plata

Argentina

 

 

 

Resumen

En este estudio se exploró el tipo de vínculo de la red de apoyo social con el que la relación es más difícil según grupo de edad y género, y el tipo de experiencias asociadas a dicha relación. Se realizó un estudio descriptivo de diseño no experimental transversal, utilizando métodos mixtos. Participaron 100 personas de entre 20 y 90 años de la ciudad de Mar del Plata. Se administró la Entrevista Estructurada de Fuentes de Apoyo social para detectar los vínculos que conforman la red de apoyo y una entrevista semidirigida para explorar las que identifican como dificultosas. Los resultados mostraron que los vínculos dificultosos son los más cercanos, tienen un carácter ambivalente y responden a cambios normativos propios de cada etapa vital. Se espera que estos resultados aporten información útil para el área teórica y aplicada de las redes de apoyo social.

 

Palabras clave

Relaciones difíciles, Red de apoyo, Curso de la vida, Género.

 

 

 

Abstract

This study explores the type of bond in the social support network with which the relationship is more difficult according to age group and gender, and the type of experiences associated with that relationship. A descriptive study of transversal non-experimental design was carried out, using mixed methods. We interviewed 100 people between 20 and 90 years old, from the city of Mar del Plata. The Structured Interview of Social Support Sources and a semi-directed interview were administered. The results showed that the difficult bonds are also the closest, evidence an ambivalent nature and they respond to normative changes typical of each life stage. It is expected that these results provide useful information for theoretical and applied issues.

 

Keywords

Difficult relationships, Social support network, Life course, Gender.

 

 

 

Introducción

Durante décadas las investigaciones dedicadas al estudio del desarrollo sólo se han enfocado en sus fases de infancia y adolescencia, asociando a la adultez con una paulatina pérdida de las ganancias adquiridas en las primeras etapas de la vida. Esta visión está fundada en un profundo reduccionismo biologicista que ha sido denominado Paradigma Decremental (Iacub, 2006).

Sin embargo, a partir de cambios sociales, demográficos y teóricos, en la década de los 50 una serie de investigaciones pusieron en cuestión dicho paradigma, avanzando en el estudio detallado de las características del desarrollo en la primera adultez, adultez media y tardía. En este contexto, la corriente life-span ha ampliado la perspectiva que se tenía sobre estas etapas (Baltes, Lindenberger y Staudinger, 1999). Esta corriente ha entendido que se deben incorporar aspectos que vayan más allá de lo biológico para entender el desarrollo, tales como la dimensión psicológica, social, económica e histórica, al mismo tiempo que se incorpora el concepto de trayectoria de vida.

Un trabajo que ha utilizado este enfoque fue el de la Universidad de Harvard que, luego de décadas de seguimiento de los participantes del estudio, muestra la importancia de los vínculos en la felicidad e incluso en la salud. Este estudio evidenció que:

 

 

En este sentido, el concepto de red de apoyo social puede ser de gran utilidad para comprender el efecto salugénico de las relaciones interpersonales (Arias, 2015). Existe un amplio consenso sobre el vínculo que existe entre las características de las redes de apoyo social e indicadores de salud física y mental (Stephens, Alpass, Towers y Stevenson, 2011), el estado funcional (Cornwell y Laumann, 2013) y el desarrollo de las actividades de la vida diaria (Mendes de Leon et al., 1999).

La red de apoyo social ha sido definida por Sluzki (1996) como un conjunto de relaciones familiares y no familiares que brindan, efectiva o potencialmente, uno o varios tipos de ayuda que incluyen: la compañía, el apoyo emocional, la ayuda práctica, la económica y la guía cognitiva o consejo. Este mismo autor sostiene que las relaciones sociales ayudan a dar sentido a la vida (sentirse útil para alguien o para algo), lo que a su vez genera motivación para el cuidado de uno mismo. Estas aseveraciones son coherentes con las de Zamarron-Cassinello (2006) quien encuentra que las redes de apoyo social tienen un efecto relevante en el estado emocional.

Las características de la red no son las mismas en las distintas etapas de la vida. Un rasgo central es su tamaño, que implica la cantidad bruta de vínculos que brindan al individuo algún tipo de apoyo. Este aspecto es uno de los más sensibles al paso del tiempo en el desarrollo vital adulto. En concreto, los adultos jóvenes y de mediana edad tienen redes de mayor tamaño que los adultos en las últimas etapas de la vida (Cumming y Henry, 1961).

Las interpretaciones de este dato han sido diversas. Lo que inicialmente se sostuvo es que las personas mayores sufren importantes pérdidas y, como consecuencia, disponen de escasos recursos de apoyo social, llevándolos en muchos casos al aislamiento y la soledad. Sin embargo, estas afirmaciones han mostrado estar basadas más en preconceptos propios del reduccionismo decremental que en investigación empírica. Por ejemplo, algunos investigadores han encontrado que se incorporan vínculos nuevos a lo largo de todo el ciclo vital adulto, aunque en la vejez esto suceda en tasas menores (Arias, 2015; Arias y Iacub, 2013).

Otra interpretación respecto a los cambios en el tamaño de la red es la de la investigadora Laura Carstensen (1992). Su hipótesis es que dichas transformaciones se deben a variaciones motivacionales causadas por modificaciones en la perspectiva de tiempo futura. Al reducirse la cantidad de tiempo que se espera vivir, los individuos cambian sus prioridades. Mientras que los adultos jóvenes se orientan más a adquirir nuevas experiencias, informaciones y vínculos, expandir horizontes y conseguir logros vitales tales como graduarse o formar una familia (Fredrickson y Carstensen, 1990), los adultos mayores buscan estar más ocupados en metas emocionales y adquisición de experiencias positivas (Carstensen, Fung y Charles, 2003).

Es por ello que, para Carstensen, la disminución en el número de la red de apoyo social no se da sólo por las pérdidas, sino por la selectividad que ponen en marcha frente a sus vínculos, prefiriendo así aquellos que favorecen el bienestar y minimizan el malestar.

En síntesis, se puede afirmar que tener relaciones interpersonales de calidad y sostenidas en el tiempo es una fuente salugénica de gran valor. Sin embargo, no todos logran desarrollar y mantener relaciones sociales saludables, duraderas y estables. Los vínculos contribuyen a generar variadas experiencias emocionales tanto positivas como negativas en la vida cotidiana (English y Carstensen, 2014). Las relaciones interpersonales implican, inexorablemente, conflictos (Sandage, Worthington, Hight y Berry, 2000).

Arias (2014 y 2015) encontró que los vínculos que ocupan un lugar central en la red de apoyo social no sólo son los que suelen brindar mayor satisfacción y alegría, sino también emociones negativas intensas. Según la autora, esta paradoja puede interpretarse desde lo sostenido por Ryff y Singer (2007) cuando afirman que tanto las emociones positivas como las negativas caracterizan a nuestros más profundos y significativos lazos humanos.

En esta misma línea, Fingerman, Chen, Hay, Cichy y Lefkowitz (2006) sostienen que la intensidad de la inversión subjetiva puesta en una relación, es decir el grado de expectativas, tiempos, recursos y emociones involucrados condiciona el nivel de reacciones emocionales en dicho contexto. Por lo tanto, es posible teorizar que las relaciones con roles centrales tales como ser padre, hijo, esposo y amigo, al tener un valor especial de autodefinición identitaria, afectan más el bienestar que aquellas que no lo son, como compañeros de trabajo, amigos menos cercanos, conocidos o familia extensa. Esta afectación al bienestar se da tanto en emociones de valencia positiva como negativa. En consonancia, Fingerman, Hay y Birditt (2004) encontraron que las personas son más propensas a caracterizar sus vínculos más cercanos como ambivalentes que a los menos cercanos.

En muchos casos, los vínculos que son definidos como centrales son de carácter intergeneracional como, por ejemplo, los paterno-filiales. Lüescher y Pillemer (1998) sostienen que las relaciones intergeneracionales entre padres e hijos adultos pueden ser interpretadas como inexorablemente ambivalentes y conllevan a esfuerzos para manejar y negociar las mismas. Los autores definen la ambivalencia intergeneracional como las contradicciones irreconciliables en las relaciones entre padres e hijos adultos. Especifican dos dimensiones en este concepto: contradicciones a nivel de estructura social, evidenciadas en recursos y requerimientos instituidos tales como estatus, roles y normas; y contradicciones a nivel subjetivo, en términos de cogniciones, emociones y motivaciones. Sostienen que el estudio de la ambivalencia intergeneracional requiere un enfoque dinámico del curso de la vida y que las transiciones de status como la jubilación o la viudez constituyen un privilegiado ámbito para su estudio ya que son los momentos de mayor ambivalencia, a diferencia de los periodos de estabilidad.

En la misma línea, diversos investigadores proponen que la ambivalencia se hace más presente cuando las normas para la vinculación familiar quedan desprovistas de sentido al sobrevenir cambios en el desarrollo de sus integrantes (Connidis y McMullin, 2002).

Se han reseñado diversos factores que inciden en la ambivalencia. A nivel psicológico, tanto el neuroticismo (Carver, 1997) como su correlato en la desregulación emocional de los hijos aumenta el nivel de ambivalencia en los padres a raíz de su preocupación por tener un hijo emocionalmente perturbado (Fingerman et al., 2006). A nivel interpersonal, también se encontró que los padres de adultos que no han conseguido logros vitales propios de la adultez, tales como estar casado, tener hijos y un trabajo pago, muestran más ambivalencia con ellos. Los niveles de ambivalencia también se ven afectados por otros factores tales como, por ejemplo, la salud parental ya que a peor salud de los padres mayor ambivalencia de los hijos (Fingerman et al., 2006).

Otro factor relevante es el género. Las mujeres suelen invertir mayores niveles de intensidad emocional en sus relaciones (Troll y Fingerman, 1999) y, a consecuencia de ello, sus niveles de ambivalencia son mayores que en los varones. Sin embargo, la evidencia empírica acerca de diferencias de género en las emociones frente a vínculos en la red de apoyo social es escasa (Rook, 2003).

Por otro lado, los vínculos de amistad suelen cumplir importantes funciones de apoyo. Estos vínculos generan sentimientos de aceptación e incrementan el ajuste personal (Scolni y Goris Walker, 2012), refuerzan la autoestima, promueven el bienestar, favorecen la elaboración de conflictos y estimulan el cuidado (Iacub, 2015). Son importantes en todas las etapas de la vida, aunque cumplen funciones específicas en cada una, y pueden presentarse como ambivalentes, sobre todo en las amistades más íntimas (Siedlecki, Salthouse, Oishi y Jeswani, 2014). Amadasi y Tinoboras (2016) en la encuesta EDSA del Observatorio de la Deuda Social Argentina con las personas mayores indagaron acerca de cuántos amigos íntimos se tienen en distintas etapas vitales. Un 17,2% de los adultos de 18 a 59 años declara no tener amigos íntimos, mientras que en el grupo de 60 en adelante este porcentaje aumenta al 31,4%.

Por último, las relaciones en el espacio laboral, si bien no constituyen necesariamente vínculos cercanos, pueden ocupar un lugar muy importante en la vida adulta y, asimismo, ser una fuente de malestar. Iacub (2011) tomando aportes de Dittman-Kohli (2005) sostiene que una parte central de la definición del Yo desde una perspectiva narrativa es el Yo laboral, por lo que todo lo vinculado a este ámbito tiene incidencias directas en el bienestar personal. El autor sostiene que esta área de la identidad muestra, en los adultos de mediana edad, caras contradictorias. Mientras que por un lado es el momento de mayor satisfacción laboral por los logros, por el otro hay un creciente sentimiento de presión laboral, hastío o aburrimiento. Asimismo, relaciones con compañeros de trabajo más jóvenes muestran aspectos positivos tales como la motivación a dejar un legado (generatividad) como negativos en tanto se presentan como competidores en base a modificaciones en el modelo de ascenso laboral.

En síntesis, se observa que las relaciones interpersonales tienen un efecto relevante en el bienestar de los individuos; sin embargo, según la etapa vital y el tipo de vínculos, estas relaciones presentan también conflictos, en especial en aquellos más cercanos.

Los antecedentes reseñados en lo que hace a las relaciones difíciles en el curso de vida adulto muestran ciertos puntos ciegos. Por un lado, la ausencia de estudios locales que aborden este tipo de vínculos en distintas etapas de la vida. Por otro, son escasas las investigaciones en las que se pueda ver los conflictos desde una perspectiva doble: la de padres e hijos adultos. Asimismo, no se encontraron suficientes investigaciones donde se integren los datos cuantitativos con narrativas personales ni estudios que comparen varones y mujeres. Es por ello que en el presente estudio se propone explorar el vínculo de la red de apoyo social con el que la relación resulta más difícil por grupo de edad y género en adultos de la ciudad de Mar del Plata, e identificar qué tipo de experiencias asocian a esa relación dificultosa.

 

 

 

Método

Se realizó un estudio descriptivo, con un diseño no experimental transversal. Esto último se debió a la amplitud de edades que se abordan en esta investigación. Asimismo, se utilizaron métodos mixtos, combinando técnicas cualitativas y cuantitativas.

 

 

 

Participantes

Se entrevistó población normal, personas residentes en Mar del Plata y auto-válidas que no presentaban deterioro cognitivo aparente y vivían en hogares particulares. Se seleccionó una muestra no probabilística intencional. La misma estuvo compuesta por 100 personas (53 varones y 47 mujeres) de diferentes grupos de edad: 20 a 30 años, 40 a 50 años, 60 a 70 años y 80 a 90 años. En cuanto a la ocupación de los participantes, un 58% trabajaba, un 27% era jubilado, un 8% estudiante, un 5% ama de casa y un 1% desempleado. El 73% de los participantes afirmaba contar con pareja, mientras que el 26% no. Respecto al grupo de convivencia, un 45% vivía con familiares, un 34% sólo con la pareja, un 19% solo y un 2% con amigos. En lo que hace al nivel educativo, un 28% había completado la secundaria, un 24% era universitario con título completo, un 16% con estudios terciarios completos y un 15% con estudios universitarios incompletos. Las personas que conformaron la muestra fueron contactadas en diversas organizaciones de la ciudad de Mar del Plata y en espacios públicos.

 

 

 

Instrumentos

Los instrumentos administrados fueron:

 

 

 

 

Procedimientos

Se administró el consentimiento informado por escrito cuyo formato fue revisado y aprobado por el comité de ética de la Universidad Nacional de Mar del Plata. Se respeta así lo establecido por la Ley Nacional 25.326 de protección de los datos personales. Los participantes fueron contactados en espacios públicos, centros educativos y recreativos, clubes sociales y organismos de la sociedad civil.

 

 

 

Estrategia

de análisis

Los datos recolectados mediante los instrumentos estandarizados (1 y 2) fueron analizados de manera cuantitativa mediante paquetes estadísticos informatizados para Ciencias Sociales, aplicando técnicas de estadística descriptiva. Por otro lado, los datos recolectados a través de la entrevista fueron analizados de manera cualitativa utilizando el método de comparación constante (Glaser y Strauss, 1967). Se realizó un análisis de contenido (Elo y Kyngäs, 2008), para lo cual se elaboraron categorías y tipologías comprensivas que permitieron ampliar la interpretación de los datos descriptivos cuantitativos. Para la integración de los datos se ha utilizado el modelo 3 de Creswell, Plano Clark, Gutmann y Hanson (2003) en el que los datos cualitativos sirven para explicar y ejemplificar los datos cuantitativos.

 

 

 

Resultados

cuantitativos

El análisis de los resultados indica que los tipos de vínculos con los que la relación resulta más difícil se distribuyen entre padres, hijos, amigos y hermanos en la muestra total. Como caracterización general observamos que el vínculo amigos fue mencionado como el más difícil en porcentajes mayores al 14% en todos los grupos etarios, siendo el de 80 a 90 el que más lo menciona llegando al 21,1%. Asimismo, vínculos como los nietos, primos, suegra o suegro, tíos y vecinos han sido sólo mencionados entre una y dos veces.

En el grupo de 20 a 30 años el vínculo que se mostró como más difícil fue el padre en primer lugar siendo el 32,3% de los participantes de este grupo que lo mencionó, mientras que en segundo lugar se encuentran los hermanos con el 22,6% y los amigos con el 19,4%.

En el grupo de 40 a 50 años el vínculo materno se percibe como el más dificultoso, con un 22,2% de menciones. En segundo lugar, se ubican los hermanos, amigos y compañeros de trabajo con un 14,8% cada uno.

En el grupo de 60 a 70 años se observa que los hijos son los más mencionados llegando a un 34,8% de los entrevistados. En segundo lugar, se muestran la pareja y los amigos con un 17,4% de las menciones. En menor medida, son mencionados las nueras/yernos y los hermanos con un 8,7%.

Por último, en el grupo de 80 a 90 años se concentra el mayor porcentaje (36.8%) en relación al vínculo hijos. Es destacable que el porcentaje que indica dificultades con ese vínculo se va incrementando a medida que avanza la edad (Ver Tabla 1).

 

Tabla 1.Vínculos con los que la relación resulta más difícil por grupo de edad

 

Grupo

de edad

Tipo de vínculo

Amigos

Hijos

Hermanos

Padre

Madre

Pareja

Cuñada

Compañero

Primo

Nuera/

Yerno

Tía/o

Nietos

Suegra/o

Vecina/o

Total

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

20-30

40-50

60-70

80-90

6

4

4

4

19

15

17

21

0

2

8

7

0

7,4

35

37

7

4

2

4

23

15

8,7

21

10

2

0

0

32

7,4

0

0

4

6

1

0

13

22

4,3

0

0

1

4

1

0

3,7

17

5,3

1

2

1

1

3

7

4

5

0

4

0

1

0

15

0

5,3

0

1

1

0

0

4

4

0

0

0

2

0

0

0

9

0

2

0

0

0

7

0

0

0

0

0

0

1

0

0

0

5

1

0

0

0

3

0

0

0

0

1

0

0

0

4

0

0

31

27

23

19

100

100

100

100

Total

18

18

17

17

17

17

12

12

11

11

6

6

5

5

5

5

2

2

2

2

2

2

1

1

1

1

1

1

100

100

Por otro lado, se observaron diferencias en cuanto a los vínculos con los que la relación resulta más difícil, según género. Los varones presentan el porcentaje más alto de dificultad en relación a sus Amigos (20.8%), le sigue en orden de importancia la relación con el vínculo Padre (18.9%) y en tercer lugar la relación con el vínculo Hijos (15.1%). Los resultados difieren en cuanto a las mujeres: para ellas, los vínculos con los que la relación resulta más difícil son los Hermanos (25,5%). Le sigue en orden de importancia el vínculo Madre y el vínculo Hijos, siendo el porcentaje de 19.1% para cada uno (Ver Tabla 2).

 

 

Tabla 2. Vínculos con los que la relación resulta más difícil por género

 

Género

Tipo de vínculo

Amigos

Hijos

Hermanos

Padre

Madre

Pareja

Cuñada

Compañero

Primo

Nuera/

Yerno

Tía/o

Nietos

Suegra/o

Vecina/o

Total

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

n

%

masculino

femenino

11

7

20,8

14,9

8

9

15,1

19,1

5

12

9,4

25,5

10

2

18,9

4,3

2

9

3,8

19,1

5

1

9,4

2,1

2

3

3,8

6,4

5

0

9,4

0

2

0

3,8

0

1

1

1,9

2,1

0

2

0

4,3

0

1

0

2,1

1

0

1,9

0

1

0

1,9

0

53

47

100

100

Total

18

18

17

17

17

17

12

12

11

11

6

6

5

5

5

5

2

2

2

2

2

2

1

1

1

1

1

1

100

100

 

 

Resultados

cualitativos

Para el análisis cualitativo se tomaron en cuenta las narrativas que ilustran el tipo de conflictos con los vínculos dificultosos más frecuentes, según grupo de edad y género. De esta forma, se elaboraron las siguientes categorías de análisis:

 

1. Conflictos intra-familiares

1.1. Conflictos paterno/filiales

1.2. Conflictos con los hermanos

1.3. Conflictos con la pareja

2. Conflictos extra-familiares

2.1. Conflictos con los compañeros de trabajo

2.2. Conflictos con los amigos

 

Como puede observarse en los resultados cuantitativos, en ambos géneros y en todos los grupos de edad se identificaron vínculos dificultosos que pertenecen a relaciones intrafamiliares. Más específicamente, dentro de la familia nuclear.

Entre ellos, es interesante analizar los conflictos que relatan en los vínculos paterno/filiales (1.1) y cómo estos cambian con la edad, ya que parecen ser aspectos complementarios de una misma realidad relativa a los roles y la toma de decisiones.

En el grupo de 20 a 30 años figuran en los dichos de los entrevistados aspectos conflictivos relacionados con lo característico del vínculo paterno/filial, en especial lo relacionado con la autoridad y los roles. Asimismo, que los varones hayan relatado de manera más frecuente conflictos con sus padres y las mujeres conflictos con sus madres, hace pensar en la función identificatoria de estos vínculos. A continuación, se presentan dos fragmentos de entrevistas que permiten ejemplificar los conflictos de autoridad:

 

Somos los dos muy tercos, y cerrados. Entonces a mí me cuesta que pueda entender que yo pienso de otra manera. Por ejemplo, la política siempre es para discusión. El piensa que me lavan la cabeza, y yo le digo: ¿y por qué a mí me la lavan? ¿Por qué no te la lavan a vos? Se pone en la situación de que como es más grande y es mi papá todo lo que dice está bien, y tengo que seguirlo. Y ya no es más así... (Hombre, 20 a 30 años, conflicto con el padre)

 

Peleamos casi siempre porque me pide que haga un favor o alguna cosa de determinada manera, como lo haría ella, básicamente, y yo lo hago como yo, a mi manera. Además, ella hace unos meses se jubiló y está más tiempo en casa o con más tiempo libre. (Mujer, 20 a 30 años, conflicto con la madre)

 

Asimismo, aparecen aspectos relacionados con características de personalidad o idiosincráticas:

 

Bueno, a lo mejor es que vemos la vida desde diferente óptica, tal vez por el problema generacional, o porque él sea bastante pesimista y obsesivo. (Hombre, 20 a 30 años, conflicto con el padre)

 

A veces con mi papá porque no piensa cuando habla y se pone muy extremista y es algo difícil de tolerar, incómodo. (Hombre, 20 a 30 años, conflicto con el padre)

 

Prefiero no verla, hace bastante que ni nos hablamos, es muy egoísta. (Mujer, 20 a 30 años, conflicto con la madre).

 

Con ella siempre que nos vemos chocamos. No se puede estar bien con ella sin que surja un problema. Se enoja mucho por las decisiones que tomo, y cuando hago lo que ella dice o me dice “te lo dije” o “podría haber salido mejor”. (Mujer, 20 a 30 años, conflicto con la madre)

 

Y... eso. Se pone de mal humor muy fácil y siempre ve cosas que son positivas como lo peor del mundo. (Mujer, 20 a 30 años, conflicto con la madre)

 

En el grupo de 40 a 50 años, los conflictos con los padres están más relacionados con el cuidado y la inversión de roles que suele darse con ellos al tener necesidad de ser orientados o cuidados por un hijo:

 

Es constante. Por ejemplo, tiene que tomar medicamentos y no lo hace y si le pregunto es una discusión, así que tiendo a alejarme. (Mujer, 40 a 50 años, conflicto con la madre)

 

Con mi papá siempre tengo problemas. Él vive solo desde que falleció mamá y cuesta mucho que se deje ayudar. Quiere hacer todo solo. (Mujer, 40 a 50 años, conflicto con el padre)

 

Sin embargo, también manifiestan conflictos afectivos, ya sea porque hacen diferencia entre hermanos o por falta de reconocimiento y cariño hacia ellos:

 

Con mis papás, porque a veces siento algunas diferencias respecto al trato con mis hermanos, y siento que son cosas injustas, pero no más que eso, no es mala la relación. Yo siento cosas como injusticias, hay cosas que yo veo de afuera. (Hombre, 40 a 50 años, conflicto con los padres)

 

Con mi madre... no sé bien cuál es el porqué [...] Yo tengo un hermano mellizo y mi mamá nos adoptó a los dos, no nos quisieron separar. Pero mi mamá tiene un vínculo con mi hermano que no es nada que ver con el mío. Mi mamá es más para mi hermano que para mí... (Mujer, 40 a 50 años, conflicto con la madre).

Nos cuesta mucho comunicarnos. Por ejemplo, mi padre me está pagando un postgrado que hago en Bs. As. y todos los meses tengo que pedirle el dinero de la cuota, eso me incomoda. Creo que a él no le importa lo que me gusta o siento, creo que todo lo resuelve con lo material. El cariño lo da solo dándote cosas. (Hombre, 40 a 50 años, conflicto con el padre)

 

“Porque le cuento algo que me tiene mal o preocupado y no sé en qué momento, pero termina ella hablando de algo que la tiene mal a ella. Por eso prefiero evitarla cuando estoy mal. (Hombre, 40 a 50 años, conflicto con la madre).

 

Respecto al género, observamos que son mayoría de mujeres las que refieren conflictos relativos al cuidado, mientras que son mayoría de varones los que manifiestan conflictos afectivos.

En cambio, en el grupo de 60 a 70 comenzamos a ver los conflictos desde la otra cara, la de los padres, donde el problema manifestado es con los hijos. Pueden clasificarse en dos grupos:

 

 

En el primer grupo se encuentran narrativas de mujeres que manifiestan no recibir la ayuda que esperan por parte de sus hijos:

 

Bueno, cuando le pedís algo siempre tiene alguna excusa para no poder. Eso trae algunas discusiones entre hermanos porque el otro es totalmente distinto, solidario, atento. Entonces para no discutir siempre que necesitamos algo con mi marido se lo pedimos al chico, aunque sabemos que lo recargamos, pero bueno. (Mujer, 60 a 70 años, conflicto con el hijo)

Le cuesta darse cuenta de mis necesidades e incluso cuando le pido algo tarda en hacerlo, creo que piensa que puedo todo (se ríe). (Mujer, 60 a 70 años, conflicto con el hijo)

 

En el segundo grupo, los conflictos derivan de que unos intentan influir en la toma de decisiones de los otros, tanto los hijos con sus padres como los padres con sus hijos. Si bien las mujeres nombran a los hijos con mayor frecuencia, el tipo de conflictos suele ser similar al que relatan los varones:

 

Él está separado y yo veo que no se ocupa de su hija tanto como debería, pero cada vez que le quiero hablar de eso me dice que no me meta, que son cosas suyas, pero yo sufro por la nena. (Mujer, 60 a 70 años, conflicto con el hijo)

 

El otro día discutimos justamente por mi nieta porque si bien no me tengo que meter creo que se equivoca en su educación y en la forma en que a veces la trata y en eso no acordamos muchas veces. (Hombre, 60 a 70 años, conflicto con la hija)

 

Ella tiene un carácter muy fuerte, es muy dominante, muy de manejarme. Entonces me grita: “¡Mamá! Hace tal cosa...” Cuando me corté el pelo me dijo: “¿Mamá, por qué haces eso?” Eso es lo que a mí me supera, me molesta. (Mujer, 60 a 70 años, conflicto con el hijo)

 

En el grupo de 80 a 90 años, los conflictos con los hijos son evidentes tanto en la frecuencia con la que aparecen como en la intensidad con la que los describen, y están vinculados a la limitación en la toma de decisiones al adulto mayor, desde una preocupación excesiva por su bienestar:

 

Viene y me quiere imponer cosas. Ayer vino y yo estaba hablando por teléfono y me dice que por qué no tengo el audífono, entonces le cuento que fui a PAMI y me dicen que el que tengo no sirve más y para conseguir uno nuevo tengo que llamar… Y me dice “¡Cómo vas a llamar sin audífono!”. (Mujer, 80 a 90 años, conflicto con el hijo)

 

Porque se preocupa por mí, pero mal, no sé qué es lo que quiere que haga. Estuve muchos años mal con depresión, sin salir de mi casa, desde que me separé, debe ser por eso… me llama a cada rato, es bastante pesado. (Hombre, 80 a 90 años, conflicto con el hijo)

 

La otra vez vino y le molesta que estemos en casa todo el día, entonces empieza a decirnos lo que tenemos que hacer... no discuto, pero él se molesta. (Hombre, 80 a 90 años, conflicto con el hijo)

 

Otro tipo vínculo que fue identificado con frecuencia como dificultoso es el fraterno. Los conflictos con los hermanos (1.2) fueron relatados en todos los grupos de edad excepto en el de 60 a 70 años. En los más jóvenes, este vínculo fue referido tanto por mujeres como por varones mientras que en los grupos de 40 a 50 y 80 a 90 años, lo fue únicamente por mujeres.

En los más jóvenes, se da principalmente por diferencias de carácter e ideológicas, ligadas en varios casos a la convivencia:

 

...en el tiempo en que convivía nos llevábamos mal. Permanentemente discuto por cuestiones ideológicas... porque somos muy diferentes... porque él es bastante agresivo conmigo, con sus actitudes... no sé, no puedo decir algo puntual... discusiones de hermanos. (Mujer, 20 a 30 años, conflicto con el hermano)

No hay una situación puntual, creo que al convivir eso hace que la relación sea difícil, porque en la convivencia se nota que somos muy diferentes, tenemos formas diferentes de convivir y eso lo hace dificultoso. (Mujer, 20 a 30 años, conflicto con el hermano)

 

En algunos casos, los conflictos se derivan de que pretenden que tengan una actitud distinta frente a la familia:

 

En este momento, con mi hermana. Porque tenemos una cuestión de perspectiva diferente [...] Por ejemplo, cuando vivían mis abuelos, ella no los iba a ver nunca, y eso a mí me súper molestaba, porque mi abuela la extrañaba y yo siempre me terminaba enojando con ella. (Mujer, 20 a 30 años, conflicto con la hermana).

 

Por ejemplo: mi vieja no tiene plata. Y siempre pasan cosas como arreglar algo de la casa, donde hay que poner plata, y generalmente el chabón no quiere poner nada. A mí me enoja mucho porque, o sea, vivís en las mismas cosas de la casa que utilizamos todos, pero cuando hay que poner plata no querés poner. Son cosas que no tolero (Hombre, 20 a 30 años, conflicto con el hermano).

 

En los grupos de más edad, las mujeres entrevistadas también relatan situaciones vinculadas a diferencias de carácter e ideológicas, y en un caso emerge de forma explícita la competencia o envidia:

 

Porque ahora, de grande, me estoy dando cuenta ahora de grande, que hay cierta competencia, no sé si es palabra, pero bueno. Bueno hay formas de pensar que no son compatibles y a veces, por momentos, siento que hay una comparación: “por qué hiciste eso de chica”, “por qué a vos te llaman y a mí no me llaman”, ese tipo de cosas. (Mujer, 40 a 50 años, conflicto con la hermana)

 

No podemos hablar de nada que nos comprometa emocionalmente, siempre hay desacuerdos entre las dos. (Mujer, 80 a 90 años, conflicto con la hermana).

 

Finalmente, como vínculos dificultosos en el contexto intrafamiliar, fueron identificados de manera frecuente los conflictos con la pareja (1.3) únicamente en el grupo de 60 a 70 años. Aunque la frecuencia en la que aparece este vínculo no es elevada en relación al género, se encuentran más viñetas de varones que de mujeres.

Las situaciones relatadas muestran diferencias de gustos vinculados a la convivencia:

 

...discusiones que tienen que ver con coordinar programas. Por ejemplo, a mí me gusta ir a una hora a la playa y a él a otra, tenemos horarios diferentes entonces en el verano no nos ponemos de acuerdo. O a veces para coordinar los viajes de las vacaciones... (Mujer, 60 a 70 años, conflicto con el esposo)

 

Pobre Estelita, hace mucho estamos juntos, pero discutimos siempre por las mismas cosas. Por ejemplo, la limpieza de la casa, su impuntualidad o nuestras diferencias con respecto a mi familia, mi mamá por lo general, en fin, nada muy grave... ¿no? (Hombre, 60 a 70 años, conflicto con la esposa)

 

Y por diferencias en la forma de percibir y afrontar los problemas:

 

Porque ella tiende a que se le mete en la cabeza que está enferma, tiene esos problemitas que a mí me hacen mal. Se hace el cateterismo, la colonoscopia, y eso a mí no me hace bien, me preocupa. Lo que se hace es innecesario, pero la quiero mucho y la acompaño. (Hombre, 60 a 70 años, conflicto con la esposa)

 

Ana es una mujer excepcional y la amo mucho, pero a veces su forma de afrontar los problemas no es la mejor. Suele negarlos mucho o quejarse demasiado. Siempre se queja. Mi paciencia es grande, pero tiene un límite. (Hombre, 60 a 70 años, conflicto con la esposa)

 

Otro gran grupo de conflictos se observa en ciertos vínculos extra-familiares. De ellos, los conflictos con los compañeros de trabajo (2.1) resaltan solo en una en una etapa vital -40 a 50 años- mientras que los conflictos con los amigos (2.2) se encuentran como constante en todos los grupos etarios.

En las personas de 40 a 50 años, una parte importante de su día a día tiene que ver con su trabajo. Por ello, es esperable que aparezcan relatos que pongan a sus compañeros en el centro del conflicto (2.1). Estas dificultades aparecen en su totalidad referidas por varones. Algunas tienen que ver con lo cotidiano del trabajo, por diferencias personales o ideológicas:

 

Chapu. Es el compañero de trabajo del que te hablé. Me ayuda cuando me quedo a pata, eso no te lo niego. Pero después me lo cobra y caro. Falta cuando quiere, se olvida las cosas, no trata bien a los clientes. (Hombre, 40 a 50 años, compañero de trabajo)

 

Últimamente estamos muy en desacuerdo con la actualidad. Chocamos mucho cuando se tocan temas de la actualidad, más que nada políticos. Y eso nos tiene distanciados, para tratar de evitar hablar esos temas. Más que nada yo esquivo esos roces, confrontaciones. (Hombre, 40 a 50 años, compañero de trabajo)

 

Como excepción, un hombre señaló al jefe como vínculo dificultoso, y se observan claramente conflictos de autoridad:

 

Siempre le pone el lado crítico a mi trabajo. Por ejemplo, el mes pasado: cuando estábamos ante una situación de trabajo, para resolver o manejar una situación de mercado y yo la resuelvo, y la resuelvo bien, él me dice que hubiese preferido que lo consulte antes con él. Yo quise ser operativo y no cargarle un problema [...] pero a él no le gustó, porque sintió como que lo dejé afuera. (Hombre, 40 a 50 años, conflicto con el jefe)

 

En cambio, el vínculo Amigos (2.2) fue identificado como dificultoso en todos los grupos de edad, y los motivos se deben principalmente a diferencias de carácter e ideológicas. en algunos casos aparecen referidos el egoísmo o falta de apoyo, y las discusiones políticas. Si bien este vínculo dificultoso es más frecuente en los varones que en las mujeres, el contenido de los conflictos parece ser similar. A su vez, encontramos que suelen darse entre amigos del mismo sexo:

 

Por ejemplo, compartí muchos recitales con él, y él siempre se orientó más que yo y a mí no me gusta ceder mucho, y en los tumultos, donde tenemos que decidir, yo digo para un lado y él para el lado opuesto. Y generalmente le pega él. Pero en todas las reuniones él es el contra, le gusta ir a chocar con todos. (Hombre, 20 a 30 años, conflicto con un amigo).

 

Nos llevamos muy bien, pero a veces no pensamos igual entonces nos terminamos peleando en el sentido de…por pavadas. Ponele, una vez en mi cumpleaños me habían dado una tarjeta a mí de descuento y él decía que era para él porque él era habitué y yo no, y bueno. No pensamos igual a veces y nos terminamos peleando. (Mujer, 20 a 30 años, conflicto con un amigo)

 

Porque es muy egoísta, él siempre viene primero. Una vez nos invitó a cenar a su casa, él se sintió descompuesto, un poco mal, se tiró en la camita y se durmió, y nosotros nos quedamos ahí con su señora, pobre. Pero bueno, cada uno tiene sus rollos. (Hombre, 40 a 50 años, conflicto con un amigo)

 

Con Cecilia por las discusiones políticas, que las tenemos que evitar. Si no queremos pelear, tenemos que evitar esto. (Mujer, 60 a 70 años, conflicto con una amiga)

 

Cada vez que se acercan las elecciones, ahora por las primarias. Siempre pienso que no voy a discutir más por eso y caemos siempre en lo mismo. El último finde por lo del Chaco. Lo ideológico se ve que nos tira a los dos. (Hombre, 60 a 70 años, conflicto con un amigo)

 

Ernesto porque viste, compartimos algunas cosas que no nos ponemos de acuerdo. Entonces en eso se hace más difícil la relación, pero siempre quedamos como amigos. (Hombre, 80 a 90 años, conflicto con un amigo).

 

Por ejemplo, cuando salimos a tomar un café, ella es de criticar o hablar mal de alguna persona que está en el lugar, y a mí eso no me gusta, no soy así, por eso se lo digo. (Mujer, 80 a 90 años, conflicto con una amiga)

 

 

 

Conclusiones

En primer lugar, en base a los resultados expuestos, cabe destacar que los vínculos que se identifican más frecuentemente como dificultosos son, a su vez, los más cercanos. En este sentido los hallazgos son coherentes con lo que proponen Arias (2014, 2015) y Ryff y Singer (2007) al informar que los vínculos considerados centrales no sólo brindan alegría y satisfacción, sino que también son facilitadores de emociones negativas, conflicto y dificultades. El concepto de ambivalencia, entonces, ocupa un lugar primordial a la hora de analizar los resultados de este estudio.

En segundo lugar, hay que señalar que la idea de vínculo dificultoso responde en gran medida a aspectos normativos propios de cada etapa vital (Baltes et al., 1999). Se resaltan como vínculos dificultosos a los padres en los adultos jóvenes y de mediana edad, y a los hijos en los adultos mayores y de edad avanzada. En la misma línea, los adultos de mediana edad señalan a compañeros de trabajo que, si bien no cumplen necesariamente el rol de cercanía primaria, cumplen una función importante en las actividades prototípicas de esa etapa.

Esta impronta de lo normativo salta a la vista en los datos cuantitativos y se confirma en los cualitativos, en especial en lo que hace a los aspectos estructurales de la relación social intergeneracional. Sin embargo, no todo está signado por lo normativo. El vínculo amigos ha sido reseñado en todos los grupos como dificultoso en gran medida. En este sentido puede pensarse que los amigos están presentes y pueden ocupar roles centrales a lo largo del todo el curso de la vida, tal como lo plantean Siedlecki et al. (2014).

En tercer lugar, los vínculos intergeneracionales familiares más cercanos son experimentados con gran ambivalencia. En este sentido, el concepto de rol central (Fingerman et al., 2006) permite explicar tanto los datos cuantitativos como cualitativos, al indicar que aquellos roles interpersonales que tienen un lugar primordial en la definición de la identidad personal afectan más el bienestar.

Las narrativas producidas en las entrevistas cualitativas ofrecen significados ilustrativos a los efectos de poder entender cómo se configuran estos vínculos que son representados como dificultosos en cada grupo etario y permiten observar algunas diferencias entre varones y mujeres. También reseñan en diversas ocasiones las dos categorías de análisis propuestas por Luescher y Pillmer (1998): la social/estructural y la subjetiva. Ambos aspectos de la ambivalencia intergeneracional resultan útiles para realizar un análisis compresivo de los relatos.

En el grupo de 20 a 30 años se señalan en reiteradas ocasiones conflictos dificultosos con respecto a los padres. Por un lado, a nivel subjetivo lo que hace dificultosa la relación es la personalidad de los mismos. Por el otro, a nivel social/estructural se señalan dificultades en la autoridad y los roles. Este grupo de adultos jóvenes empieza a tener perspectivas propias sobre la vida y comienza a tomar decisiones. Se genera así una gran dificultad de los padres para poder acompañar y aceptar las elecciones de sus hijos. Lo normativo vuelve a tomar preponderancia al mostrar que estos cambios que son esperados en este grupo etario no son siempre acompasados de la mejor manera por parte de los padres que hasta hace poco tiempo cumplían un rol de mayor autoridad y guía en sus decisiones.

En el grupo de 40 a 50 años a nivel subjetivo se pueden observar viñetas que marcan conflictos afectivos con los padres, ya sea por diferencias con los hermanos o falta de cariño. A nivel social/estructural una fuente de conflictos es el cambio de roles en la toma de decisiones, en especial en lo que hace al cuidado de los padres. Esto mismo había sido señalado por Fingerman et al. (2006), quienes encontraron que cuando los padres tienen problemas de salud los niveles de ambivalencia aumentan.

En el grupo de 60 a 70 años, a nivel subjetivo se señala una gran frustración porque sus hijos no cumplen con lo que los padres esperan de los ellos en cuanto a ayuda práctica. A nivel social/estructural se observa la contracara de los conflictos en lo que hace a la autoridad y toma de decisiones, aunque aquí ya es percibido el conflicto de modo bidireccional. No sólo genera conflicto que los hijos quieran indicarle a los padres lo que deben hacer. También es fuente de frustraciones en los padres las diferencias de criterios sobre cómo los hijos deberían llevar adelante su vida. Nuevamente encontramos aquí coincidencias con lo que plantean Fingerman et al. (2006).

Por último, en el grupo de 80 a 90 años, no se han relevado viñetas que puedan relacionarse con la ambivalencia de carácter subjetivo, aunque sí social/estructural. En este sentido, se representan el vínculo con sus hijos como dificultoso a raíz de limitaciones que éstos quieren imponerles en la toma de decisiones cotidianas, en especial lo que respecta a su salud.

En este contexto, es importante señalar que las narraciones de los adultos mayores ilustran que los hijos presentan lo que usualmente se denomina edaismo (Iacub y Sabatini, 2012), al cambiar su visión de sus padres sólo por el paso de los años. En la contracara, los adultos mayores muestran en alguna medida cierta resistencia a estas conductas por parte de sus hijos, mostrándose empoderados frente a sus indicaciones, en gran medida arbitrarias.

Los amigos, por su parte, son el único tipo de vínculo que aparece con frecuencia en todas las etapas de la vida. A pesar de ser un vínculo extrafamiliar, puede estar presente y ocupar un rol central a lo largo del todo el curso vital adulto, generando tanto emociones positivas como negativas. Los conflictos referidos en la presente investigación se deben mayormente al nivel subjetivo de la ambivalencia por cuestiones ideológicas y de carácter, o por reclamos frente a la falta de apoyo percibido.

Esto puede ser comprendido desde lo que plantean Fingerman et al. (2006) sobre la contribución de estos vínculos a la autodefinición identitaria: lo que genera malestar es aquello que se contradicen con ciertas formas de ser o de pensar que constituyen el lazo identitario de ese vínculo.

Poder comprender las razones por las que el vínculo de amistad se vuelve dificultoso es de vital importancia en la vejez, ya que como plantean Amadasi y Tinoboras (2016), la frecuencia de amigos íntimos en esta etapa es muy baja, favoreciendo así la soledad y el aislamiento.

Respecto a los compañeros de trabajo, si bien no constituyen un rol central y, por lo tanto, la inversión subjetiva y la intensidad emocional no son tan fuertes, aparecen casi exclusivamente en una etapa de la vida donde este vínculo es parte de la cotidianeidad, y comparten con otros vínculos de pares como los fraternos el hecho de que no es un vínculo elegido, a diferencia del de amistad. Que aparezcan en la mediana edad puede explicarse por lo que plantea Dittman-Kohli (2005) respecto al Yo laboral y sus caras contradictorias en esta etapa vital. A diferencia de la variedad de conflictos que se reflejan en los antecedentes, lo encontrado en las narrativas de la presente investigación son los aspectos subjetivos de la ambivalencia, tales como las diferencias ideológicas.

Por otro lado, se encuentran claras diferencias atribuibles a cuestiones de género. En la mediana edad, las mujeres muestran más conflictos vinculados al cuidado -tanto de sus hijos con de sus padres- mientras que en los varones los conflictos son de tipo afectivo por falta de reconocimiento o cariño percibido. Esto vuelve a observarse entre los 60 y 70 años, donde las mujeres manifiestan no recibir la ayuda que esperan de parte de sus hijos. Surge como hipótesis que quizás esperan más porque son quienes, históricamente, han brindado más este tipo de ayuda. Por su parte, los varones refieren primariamente a la pareja y compañeros de trabajo.

En cuanto a la pareja, no se encuentran en las viñetas razones que permitan atribuir las diferencias a cuestiones de género. En cambio, que los varones refieran a compañeros de trabajo puede ser atribuible al rol social y el lugar de legitimación que suelen ubicar en su espacio laboral. Finalmente, con los amigos casi no aparecen conflictos intergénero, lo que puede explicarse por el componente identificatorio de estos vínculos. Si bien las mujeres relatan de forma más frecuente conflictos con sus amigas que los varones, el contenido de estos enfrentamientos no evidencia diferencias por género.

En relación a las limitaciones del estudio, se debe destacar que al haber utilizado un muestreo intencional no está garantizada la representatividad de la muestra y los resultados no pueden generalizarse. Asimismo, por ser un estudio transversal, brinda información de las variables en diferentes grupos de edad, pero no da cuenta de cómo evolucionan en el tiempo en los mismos sujetos y podrían ser atribuibles a diferencias generacionales. Sería de mucha utilidad contar con estudios longitudinales, que den cuenta de esta perspectiva evolutiva. Asimismo, en futuras investigaciones podrían relacionarse el tipo de conflictos en los vínculos de apoyo con otras características exploradas en la red como la cantidad de funciones que cumple esa persona, el nivel de intimidad en la relación, la frecuencia de contacto, el balance o la historia del vínculo.

Los resultados constituyen un aporte para comprender la ambivalencia afectiva y la naturaleza de los conflictos que suceden dentro de la red de apoyo, así como las diferencias que se observan entre varones y mujeres y en distintos grupos de edad. Pueden orientar el desarrollo de futuras investigaciones con otros diseños metodológicos, y contribuir a la planificación de dispositivos enfocados en la prevención o reparación de conflictos vinculares.

 

 

 

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