Tramas Sociales N° 8 02 Artículos Libres Stefano Barbero

22TRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095«Veo violencia en todas partes»Las afectaciones entre lo personal,lo profesional y lo político en eltrabajo con hombres que ejercieronviolencia contra las mujeres«I see violence everywhere»The interplay between the personal, professional,and political spheres in working with men whohave perpetrated violence against womenMatías de Stéfano BarberoImagen:www.magnific.com
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ARTÍCULOS LIBRES23Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...TRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095ResumenEste artículo, basado en un trabajo de campo etnográfico y 8 entrevistasen profundidad, analiza las experiencias de quienes trabajan con hombresque ejercieron violencia en Argentina, y las formas en las que las dimen-siones de lo personal, lo profesional y lo político pueden afectarse mutua-mente. Los resultados muestran que el trabajo puede suponer experienciasdinámicas, intensas y diversas, tanto conf lictivas como transformadoras,e impactar en cómo viven las relaciones de género, afectivas y familiares,en el sentido que ocupa la violencia en sus propias vidas y en cómo ejercensu trabajo. Se sugiere la importancia de reconocer y analizar este tipo deexperiencias en las capacitaciones y en los espacios de supervisión para fa-vorecer la ref lexividad y la ética profesional entre los y las trabajadoras delcampo de la violencia.AbstractBased on ethnographic fieldwork and eight in-depth interviews, this studyanalyzes the experiences of working with men who have perpetrated violencein Argentina, and the ways the interplay between the personal, professionaland political spheres can affect each other. The results show that workingin this field can involve dynamic, intense, and diverse experiences, bothconflictive and transformative, impacting how they perceive gender, affectiveand familiar relations, on how they sense the role of violence in their own lives,and how they conceive their work. Recommendations are made regardingthe importance of recognizing and analyzing these types of experiences intraining and supervision sessions to foster reflexivity and professional ethicsamong those working in the field of violence.Matías de Stéfano BarberoConsejo Nacional de InvestigacionesCientíficas y Técnicas (CONICET)– Instituto de Investigaciones GinoGermani (IIGG), Facultad de CienciasSociales, Universidad de Buenos Aires.matiasdestefano@hotmail.comPalabras clavehombres que ejercen violencia,violencia contra las mujeres,programas para hombres, traumavicario, burnout.Keywordsviolent men, violence against women,programs for violent men, vicarioustrauma, burnout.| 22 - 36
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24Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...ARTÍCULOS LIBRESTRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095En memoria de Malena Manzato.Un ejemplo luminoso de las formas en las que lo personal,lo profesional y lo político pueden encontrarse en unamisma vida.Con amor y gratitud.Introducción1Tengo un amigo que pinta. Cuando lo conocí y todavíausábamos pañales, él y yo pintábamos. En algún puntoyo dejé de hacerlo, pero él siguió. En la escuela prima-ria, pintaba. En la secundaria, pintaba. Hoy es docen-te de artes plásticas en un colegio de Buenos Aires y,cuando sale de trabajar, va a su atelier a seguir pintan-do y enseñando a pintar. Cuando se va de vacacionespinta la playa, el río o las montañas. Pinta a su esposa,se pinta a él, y pinta a su hijo, mi ahijado, que está —claro— aprendiendo a pintar. Quienes aprenden a pin-tar con mi amigo, aprenden algo más que a pintar. Éllo dice así: “¡El proceso de la pintura es el proceso de lavida!”. Y tiene razón, por muchos motivos.Si mi amigo trabajara en la atención a hombres queejercieron violencia contra las mujeres podríamosescucharle decir algo así como que “el trabajo sobreviolencia es el trabajo sobre la vida”. Y como veremos,tampoco estaría equivocado, aunque probablementele dirían que es importante que ponga distancia entresu trabajo y su vida personal. Porque, como dijera lapsicoanalista argentina Irene Fridman (2023), se repitecomo un mantra que este trabajo no tiene que afectar-nos, ya que —a diferencia de lo que sucede con el tra-bajo artístico— la permeabilidad entre los reinos de lopersonal y lo laboral en el trabajo con violencia es con-siderada contaminante y poco profesional, cuando nodirectamente un fracaso (Bailey et al., 2012). Aun así,diversas investigaciones con profesionales que traba-jan con personas que sufrieron o ejercieron violencia,registraron que las relaciones entre lo personal y loprofesional, silenciadas y mal vistas, no solo suceden,sino que son prácticamente inevitables y, más aún,pueden llegar a tener efectos diversos e intensos y afec-tar a los y las profesionales, a los objetivos de su tra-bajo y a la población con la que trabajan (Bailey et al.,2011; Bailey et al., 2012; Carrasco, 2022; Cuadro, 2025;1Agradezco a Laura Morroni, Luis Ávalos y Vanesa Fazio por loscomentarios con los que enriquecieron las ideas que esbocé en laprimera versión de este artículo.Goldblatt et al., 2009; Iliffe y Steed, 2000; McCann yPearlman, 1990; Mitchell y Melikian, 1995; Tyagi, 2006;Velázquez, 2012).Que las dimensiones de lo personal y lo profesional seafecten mutuamente en el trabajo con hombres queejercieron violencia resulta esperable, en tanto la in-tersubjetividad es una dimensión central de la entre-vista (Ezzy, 2010), el encuentro terapéutico (Velázquez,2012) y la dinámica grupal (Dutton y Corvo, 2006), tresde los elementos sobre los que se sostiene esta prácticaprofesional. Si consideramos, además, que el género,el poder y la violencia son las materias con las que tra-bajamos, pero también dimensiones ineludibles de lasrelaciones humanas (Connell y Pearse, 2018; Han, 2017;Wieviorka, 2017), no sería exagerado decir que esta-mos trabajando con otros sobre aquello que, de unaforma u otra, es parte de nosotros.De manera que es posible e incluso frecuente que la vio-lencia no aparezca por primera vez en nuestra historiacuando empezamos a trabajar con ella, sino en algúnpunto de nuestra vida personal, y así lo sugieren diver-sos estudios (Goldblatt et al., 2009; Tyagi, 2006). Tam-bién es el caso de las personas entrevistadas para estainvestigación, que dijeron haber sufrido —o sido testi-gos de— alguna forma de violencia física, psicológica,económica o sexual en sus familias de origen durantesu infancia, o por parte de sus parejas en su vida adul-ta. Estas circunstancias podrían suponer un desafíoparticularmente significativo a la hora de conseguir la“distancia emocional adecuada” o la “disociación ins-trumental” (Velázquez, 2012) que desde algunos enfo-ques se consideran necesarias para mantener el idealde equilibrio homeostático frente a las personas con lasque trabajamos y quienes nos hacen testigos y partíci-pes de sus experiencias (Goldblatt et al., 2009).Siguiendo la propuesta de la psicoterapeuta argentinaSusana Velázquez (2012) y reorientándola desde quie-nes trabajan con mujeres que sufrieron violencia haciaquienes lo hacen con los hombres que la ejercieron, enel encuentro entre éstos y el equipo profesional, que seda en el marco de grupos psico-socioeducativos (PSE)2,2Los grupos psico-socioeducativos son la principal modalidadde trabajo de los programas para hombres que ejercieron violen-cia contra las mujeres en Argentina. Los grupos, compuestos porhombres que mayoritariamente asisten por orden judicial luego dehaber sido denunciados por ejercer violencia, suelen ser facilitados| 22 - 36
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ARTÍCULOS LIBRES25Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...TRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095parte del trabajo consiste en mediar la experiencia através del lenguaje y así ofrecer la posibilidad de narrary escuchar escenas violentas, antes actuadas y ahoraparte de un “testimonio”. Quienes ofrecen estos testi-monios se permiten entonces “decir y escucharse de-cir”, lidiar con el reconocimiento de la violencia y de símismos para eventualmente llegar a darle nuevos sen-tidos e incorporar otras maneras de relacionarse (DeStéfano Barbero, 2021a). Este proceso, y aquí está laclave para este artículo, sucede “en presencia” del equi-po profesional que, de acuerdo con Velázquez, deviene“testigo” no solo del lenguaje que constituye los relatos,sino también del cuerpo a través del que se manifiesta:la inf lexión de la voz y lahexiscorporal masculina que,entre quienes ejercen violencia, adquiere formas par-ticulares (Bourdieu, 2005). Para Velázquez, ser testigono supone ser un espectador pasivo ni un participanteactivo, sino alguien cuya posición le permite “observar,comprender y hablar desde afuera de la escena vio-lenta” (Velázquez, 2012, p. 108). Sin embargo, advier-te que, necesariamente, al escuchar y observar, quienatestigua también imaginará y sentirá las escenas re-latadas, que pueden llegar a “conmocionar y disgustarincluso a los y las profesionales más experimentadas”3(Tyagi, 2006, p. 10). Es por ello que podríamos conside-rar que el trabajo con hombres que ejercieron violenciasupone una “escucha arriesgada” (Dejours et al., 1994),en tanto implica exponerse a“lo imprevisto y muchasveces a lo inimaginable” (Velázquez, 2012, p. 108), yaque no puede saberse de antemano qué va a decir elotro, qué le va a pasar cuando lo diga, cómo nos va aafectar lo que dice, ni cómo vamos a reaccionar.por duplas de profesionales del trabajo social, la psicología, la psi-cología social, la abogacía o las ciencias sociales y humanas. Si bienestos programas se caracterizan por su heterogeneidad, la mayorparte de ellos trabaja desde una perspectiva de género y derechoshumanos, a través de la circulación de la palabra y las dinámicasgrupales, para que los hombres reconozcan y ref lexionen sobre suejercicio de violencia, el daño producido y los motivos que los lleva-ron a ejercerla, y ofrecen herramientas alternativas para el abordajede los conf lictos y la construcción de vínculos libres de violencia.Para un panorama general sobre estos programas en América La-tina y el Caribe hispano, ver Aguayo et al. (2021). Para conocer lasteorías y prácticas en las que se basan estos programas ver, entreotros, RETEM (2021) o Viña y De Stéfano Barbero (2023).3Todas las traducciones de los textos originales en inglés sonpropias.En este artículo analizaremos, entonces, las experien-cias de quienes trabajan con hombres que ejercieronviolencia para explorar las formas en las que puedenafectarse las dimensiones de lo personal, lo profesionaly lo político. Consideraremos las afectaciones como lohace la filósofa colombiana Laura Quintana, más alláde las perspectivas psicologicistas que las reducen a“modificaciones interiores que suelen llamar ‘senti-mientos’ o ‘emociones’, entendidas como estados desensación subjetivos, muy anclados a la figura del in-dividuo y a su interioridad” (Quintana, 2021, p. 29). Alhablar de afectos adoptaremos un enfoque relacional,que incluye a los actores analizados —los hombres queejercieron violencia y quienes trabajan con ellos—, lasdimensiones de lo personal y lo profesional, pero tam-bién otras “fuerzas efectuadas en el mundo social queatraviesan a los sujetos, los preceden y conforman; quese producen en las interacciones conf lictivas entre se-res vivos, cosas, lugares, temporalidades, tecnologías;entre cuerpos, imágenes, discursos; entre registrossensoriales, atmósferas y materialidades” (Quintana,2021, p. 29). Seguiremos también, en la tradición vita-lista, el acento que pone Quintana sobre la dimensiónpotencial del afecto, y la capacidad de transformaciónque puede ofrecer al desplegarse desde conexiones im-predecibles, dando lugar a la articulación de nuevasformas de relación.El trabajo con hombres que ejercieron violencia contralas mujeres ha crecido significativamente en la últimadécada, tanto en Argentina como en Latinoamérica,pero todavía se encuentran en proceso de consolida-ción y fortalecimiento (Aguayo et al., 2021). Uno de losprincipales diagnósticos de los relevamientos sobre eldesarrollo de las políticas públicas en las que se inser-tan estos programas en nuestra región señalan que secaracterizan por su heterogeneidad, fragmentación einestabilidad (Aguayo et al., 2021). Se considera quelos programas son heterogéneos debido a que traba-jan con una diversidad de marcos teóricos (cognitivoconductual, sistémico, psicodinámico y de género) ymetodológicos (trabajo individual o grupal, con dife-rentes duraciones). Su fragmentación se debe al esca-so conocimiento y contacto entre unos programas yotros, pero también entre los programas y las diferen-tes instituciones que participan de los procesos (justi-cia, programas de salud, etc.). Finalmente, su inestabi-lidad radica en la apertura y cierre de los programas deacuerdo al color político de los gobiernos nacionales ymunicipales, y al recambio constante de profesionales.Esto último puede explicarse por las difíciles condicio-nes de empleo y trabajo, que analizamos en otro tra-| 22 - 36
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26Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...ARTÍCULOS LIBRESTRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095bajo (De Stéfano Barbero, 2026), pero también por laselevadas exigencias subjetivas, profesionales y emo-cionales que este trabajo supone (ver De Stéfano Bar-bero, 2023). Este artículo pretende ofrecer, a partir delanálisis de las experiencias de los y las trabajadoras deestos espacios, algunos elementos que podrían aportara la ref lexión sobre su práctica y ética profesional, aldesarrollo de estrategias para el cuidado de su saludintegral y, en un sentido amplio, a la producción de co-nocimiento crítico sobre las dimensiones y afectacio-nes que articulan nuestra forma de entender la violen-cia, a quienes la ejercen y a quienes trabajan sobre ello.MetodologíaLas experiencias analizadas en este artículo formanparte de una investigación antropológica sobre el tra-bajo con hombres que ejercieron violencia contra lasmujeres en Argentina. Mi inserción en el campo co-menzó en el año 2015, cuando en el marco de mi inves-tigación doctoral en antropología en la Universidad deBuenos Aires (De Stéfano Barbero, 2021), financiadacon una beca del Consejo Nacional de InvestigacionesCientíficas y Técnicas (CONICET), comencé a asistiren calidad de observador participante a un grupo PSEpara hombres que ejercieron violencia contra las muje-res en la Asociación Pablo Besson, en la Ciudad Autó-noma de Buenos Aires. Luego de unos meses de obser-vación participante, fui invitado a formar parte activadel equipo de coordinación de los grupos. En mi dobleinscripción como investigador y trabajador voluntarioen este campo —motivo por el que escribo usando laprimera persona del plural en muchas de las líneas deeste texto—, en los últimos 10 años participé de la coor-dinación de algo más de 250 grupos para hombres queejercieron violencia, por los que pasaron alrededor de100 participantes. Además, formé parte de proyectose investigaciones en las que conocí las experiencias dediversos equipos profesionales. En el marco de una deellas se realizaron tres webinars en los que participa-ron doce especialistas sobre el trabajo con hombres queejercen violencia a nivel nacional (Catamarca, CiudadAutónoma de Buenos Aires, Córdoba, Neuquén, Pro-vincia de Buenos Aires y Santa Fe) e internacional (Cos-ta Rica, España, México y Uruguay), y junto a IgnacioRodríguez entrevistamos individual y grupalmente aun total de 11 profesionales de la Provincia de BuenosAires (ver De Stéfano y Rodríguez, 2021). Además, asis-tí a diversas capacitaciones, impartí otras donde tuvela oportunidad de conocer las experiencias de equiposde diferentes provincias del país (Ciudad Autónoma deBuenos Aires, Córdoba, Jujuy, Provincia de Buenos Ai-res, Santa Cruz y Santa Fe), y participé en congresos,seminarios y ateneos profesionales sobre la atención ahombres que ejercieron violencia. Gracias a estas acti-vidades he tenido innumerables conversaciones con de-cenas de profesionales sobre sus experiencias laborales.Además de este extenso trabajo de campo, para esta in-vestigación se realizaron 8 entrevistas en profundidada profesionales que trabajan o trabajaron en alguno delos programas para hombres que ejercieron violenciacontra las mujeres en el Área Metropolitana de BuenosAires, Córdoba y Santa Fe. Los y las profesionales se hanseleccionado siguiendo un muestreo de convenienciano probabilística ni aleatoria, de acuerdo a las oportu-nidades de acceso que me permitió el trabajo de campoetnográfico. Fueron seleccionados siguiendo la hetero-geneidad como criterio metodológico y la ponderaciónde sus experiencias de acuerdo a los objetivos del pro-yecto, conocidas previamente en conversaciones infor-males durante el trabajo de campo. Para seleccionar lamuestra final procuré contar con la mayor diversidadposible en términos de género (hombres y mujeres cis),sexualidad (hetero y homosexual), edad (entre 30 y 65años), formación (psicología, psicología social, traba-jo social, antropología, filosofía, entre otras), carácterde la institución en la que trabajan (público, privado omixto), retribución (trabajo remunerado o voluntario),años de experiencia (desde 6 meses hasta 10 años) ytipo de trabajo (coordinación de grupos y supervisiónde equipos). Quienes trabajan con hombres que ejer-cieron violencia en Argentina forman parte un grupomuy reducido, de manera que, para garantizar el ano-nimato de quienes participaron en esta investigación,a lo largo del artículo se utilizarán seudónimos y sólose ofrecerá la profesión y algún antecedente personal oprofesional relevante para el análisis. Las entrevistasrealizadas a Fernanda y Leticia fueron realizadas en2024, a Fernanda, Malva, Julián, Ernesto y Samuel en2025, y a Lázaro en 2026.Cuando lo profesional se vuelvepersonal: resistencias, economíadisciplinar e inmunidadFrancisca empezó a interesarse en el trabajo con hom-bres que ejercieron violencia a partir de su militanciaen el feminismo popular, que la llevó a coordinar ta-lleres para mujeres, donde la cuestión de la violenciaen los vínculos era un tema recurrente. Durante unade las actividades de militancia donde también par-| 22 - 36
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ARTÍCULOS LIBRES27Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...TRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095ticipaban hombres, se enteró que uno de ellos ejercíaviolencia sobre una compañera y, además de verse ini-cialmente sorprendida y asustada, sintió que necesi-taba intervenir de alguna forma. Hasta entonces, lasintervenciones con las que estaba familiarizada en launiversidad y los espacios comunitarios estaban en-focadas en proteger a las mujeres. Pero a Francisca lainquietaba la idea de hacer algo con aquellos hombres yempezó a orientar su trayectoria académica y militanteen esa dirección. Las resistencias no tardaron en lle-gar. Todavía hoy relata con incredulidad cuando, porentonces, le dijeron que trabajar con hombres que ejer-cieron violencia era como trabajar con genocidas enlugar de hacerlo con los familiares de los desapareci-dos en la última dictadura militar. Esta experiencia deFrancisca muestra uno de los primeros aspectos por loque este trabajo puede volverse algo personal. Sin em-bargo, no se trata de algo excepcional: existen diversosregistros de las acusaciones y presiones a las que debenenfrentarse quienes trabajan con estos hombres, ya seadesde la investigación (Martínez-Moreno, 2022), laspolíticas públicas (De Stéfano Barbero, 2023) o desde elpoder judicial (Papalía, 2024).En un punto de su trayectoria, otra de las trabajadorasentrevistadas, Fernanda, decidió dejar de trabajar conmujeres que sufrieron violencia para pasar a hacerlocon los hombres que la ejercieron. Esa decisión la lle-vó a enfrentar las resistencias de sus compañeras, queplanteaban la cuestión como un juego de suma cero: losrecursos destinados a la, por entonces, reciente políti-ca de atención a hombres agresores, eran recursos quese le quitaban al trabajo con mujeres víctimas, histó-ricamente caracterizado por la escasez de personal yfinanciación4. Fernanda se encontró, además, con una4Una perspectiva alternativa supone considerar el trabajo conpersonas afectadas por la violencia desde un enfoque integral ycomunitario que reconoce la prioridad y urgencia en la proteccióny acompañamiento de las mujeres y niños/as que sufren violencia,pero considera fundamental el trabajo de prevención, responsabi-lización y transformación de los hombres que la ejercieron, comoparte del mismo objetivo. Esto se debe a que el trabajo con hombresque ejercieron violencia impacta no solo en las mujeres y niños/asque ya la sufrieron, sino que también lo hace potencialmente en lasmujeres que pueden vincularse en el futuro con esos hombres, y enlos niños/as que puedan tener, así como en las familias de origen,los vínculos de amistad y los espacios de trabajo, entre otros aspec-tos de la vida de los hombres (ver Fabbri y Rodríguez, 2020; Viña yDe Stéfano Barbero, 2023).resistencia diferente; cuando fue a despedirse de losgrupos de mujeres con los que trabajaba, ellas le dije-ron: “Nos dejás y te vas con ellos”. En sus palabras: “melo planteaban como una traición”. Otro de los entrevis-tados, Samuel, recuerda que en varias de las institu-ciones en las que trabajó recibieron mensajes por redessociales tratando a los equipos de “cómplices machis-tas” por atender a hombres que ejercieron violencia.En otro trabajo analicé algunas de estas resistencias yacusaciones planteando, junto a las ideas del sociólo-go canadiense Erving Goffman (1963/2015), que la es-tigmatización de los hombres que ejercieron violenciapuede alcanzar a quienes trabajan con ellos debido al“estigma por asociación” (courtesy stigma) (De StéfanoBarbero, 2023).A partir de las experiencias de Fran-cisca, Fernanda y Samuel desarrollaremos un enfoquecomplementario pero diferente. El antropólogo esta-dounidense Nitzan Shoshan (2015), judío que hizo untrabajo etnográfico sobre los neonazis en Berlín, re-f lexiona en “Más allá de la empatía”, sobre el lugar queocupa lo “desagradable” en nuestras “economías disci-plinares”, y señala la tendencia que tenemos a trabajarcon quienes sufren y solo tangencialmente con quieneshacen sufrir. El autor retoma los trabajos de Banks,Gingrich y Whitehead (como se citó en Shoshan, 2015,p. 151), para señalar cierta predisposición a trabajar conquienes podamos simpatizar e identificarnos, repre-sentar positivamente y contribuir al reconocimientode su situación y sus demandas. De manera que es ha-bitual que recaigan sospechas sobre quienes trabajancon hombres que ejercieron violencia: ¿por qué intere-sarse por sus perspectivas y experiencias cuando sonlas mujeres quienes sufren la violencia, precisan pro-tección y reclaman justicia? Algo de estas sospechassintió Ernesto cuando en su trabajo le asignaron la ta-rea de coordinar grupos para hombres que ejercieronviolencia:entre las compañeras de la universidad se iba dan-do una cuestión de vigilancia: ¿este por qué trabajaesta temática?, ¿a este qué le pasó?, ¿por qué se me-tió acá?, ¿es violento?, ¿tiene un pasado violento ypor eso está tratando de reparar?Lo sepamos o no, queramos o no, cuando elegimostrabajar sobre un tema o con ciertos grupos, nos in-sertamos en un campo discursivo en disputa, dondecada actor nos convocará a tomar una posición y en elque su propia posición será relativa a la nuestra (Shos-han, 2015). En el trabajo sobre violencia, las posicionessuelen limitarse a un reduccionismo dicotómico entre| 22 - 36
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28Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...ARTÍCULOS LIBRESTRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095víctimas y victimarios, violentos y pacíficos, moralese inmorales, justos e injustos, humanos e inhumanos,nosotros y ellos; a fin de cuentas, entre el bien y el mal(Martínez-Moreno, 2022; Shoshan, 2015). Uno de losprincipales obstáculos para el trabajo con quienes ejer-cieron violencia se encuentra en las emociones, ideasy fantasías que provocan en los demás, ya se trate decolegas de profesión o militancia, público lego, o per-sonas involucradas en el tema desde otras posiciones(González-Saiz, 2024). Como advirtió la socióloga es-pañola María Jesús Izquierdo (2007), el ámbito de laviolencia de género está plagado de palabras signo queno son puestas al servicio de las ideas y la ref lexión,sino que funcionan como activadoras de actos ref le-jos y desencadenantes de respuestas irref lexivas. Estetrabajo implica abordar una serie de elementos que nosson comunes —poder, violencia, sufrimiento, relacio-nes de género, de pareja, transformación subjetiva ysocial, entre otros— dando lugar a quienes eventual-mente se han encontrado del lado, digamos, “negati-vo” de las dicotomías. De manera que las respuestasafectivas, intelectuales y morales que puedan generarsus experiencias y perspectivas provendrán presumi-blemente de quienes se autoperciban “del otro lado” deellas. No es extraño encontrar entonces respuestas de-fensivas en las que se proyecten sobre los y las profesio-nales los afectos de rechazo que generan al recordar-nos aquello que nos resulta perturbador: experienciasde dolor, pero también aquello de nosotros/as mismos/as que preferimos ignorar y seguir considerando comouna característica del otro, que queda fijado como por-tador de la amenaza y del daño. Podríamos conside-rar estas respuestas como “afectos inmunitarios”, queQuintana (2021) entiende como respuestas que gene-ran la afirmación de sí desde el rechazo de un otro:Ante lo identificado como riesgo o amenaza loscuerpos se cierran sobre sí, angostan su percepción,simplifican el campo de experiencia, dejan de sentirrelaciones entre las cosas; separan y ponen en con-tra unos actores respecto a otros; desarrollan visio-nes unilaterales de un mundo complejo (p. 19).Así, en el campo del trabajo sobre la violencia es fre-cuente encontrar escenarios profesionales, académicoso militantes donde se espera un “nosotros” cohesionadoque ofrezca representaciones de quienes ejercen violen-cia que generen afectaciones congruentes con lo que seespera sentir hacia ellos: enojo, asco, indignación, odio.Dar lugar a la complejidad de sus experiencias pue-de generar afectos inesperados —simpatía, empatía,compasión, comprensión— y desencadenar respuestasinmunitarias que desplacen los afectos de rechazo des-de ellos hacia quienes osan “humanizarlos” (De StéfanoBarbero, 2023; Martínez-Moreno, 2022). Las lógicas in-munitarias operan entonces como protección frente alos aspectos incómodos y problemáticos que supondríair más allá del acto reflejo del rechazo a la violencia y aquienes la ejercen para exponerse a la “radical alteridadde lo que puede pasar” cuando se incorpora una dispo-sición abierta a la “contingencia del no saber” (Quinta-na, 2021, p. 64). Como veremos, las mismas afectacionesinesperadas pueden ofrecer a quienes se dispongan aalojarlas y a enfrentarse a los conflictos que traen con-sigo, una gran potencia de transformación a nivel (inter)personal, profesional y social.Lo profesional como conflicto personal:violencia, recuerdos e inmanenciaA pesar de las resistencias, Francisca decidió trabajar enespacios de atención para hombres que ejercieron vio-lencia. Durante las conversaciones que tuvimos en susprimeros meses de trabajo, aludió varias veces a las for-mas en las que las experiencias compartidas en los en-cuentros grupales se conectaban con su propia historiay a cómo esa conexión llegó a afectarla personalmente:Escuchar las situaciones que comparten otros meacerca todo el tiempo más a mi historia. Me hacepensar en mis relaciones con parejas, con fami-liares, con amigos. Entonces, nada, es verlo comomuy cerca todo el tiempo, estar revisándolo, y vermucho también la violencia que había vivido yo.Me ha pasado de estar coordinando algún grupodonde se relataron situaciones de violencias se-xuales y que me movilice muchos recuerdos deviolencia sexual en mi vida.Los efectos de la movilización que sintió Francisca coin-ciden con diversas investigaciones clínicas en las quese registró que las personas que trabajan con quienesvivieron situaciones traumáticas pueden tener sínto-mas análogos, hayan sufrido o no ellas mismas eventossimilares. Es por ello que se han desarrollado concep-tos como “víctima secundaria”, “trauma secundario” o“trauma vicario” (Cuadro, 2025; Iliffe y Steed, 2000; Mc-Cann y Pearlman, 1990; Tyagi, 2006; Velázquez, 2012).Estos conceptos pueden contener elementos de lo queconocemos como “síndrome de burnout”, pero tienenademás algunas especificidades vinculadas al trabajocon la violencia y el trauma, por ejemplo, sensaciones devulnerabilidad y temor al encuentro con el otro (Gold-| 22 - 36
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ARTÍCULOS LIBRES29Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...TRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095blatt et al., 2009; Iliffe y Steed, 2000; Velázquez, 2012).Francisca mencionó algunas de estas sensaciones mien-tras conversábamos sobre cómo creía que le había afec-tado este trabajo a su relación con los demás:Me pasa como que veo violencia en todas partes,como que me cuesta vincularme con los demás […]No necesariamente digo que el otro se está mane-jando de esa manera [con violencia], pero a mí hayalgo del sistema, de la forma, de eso, que no… Nosé, me atravesó algo, no sé si es que veo violenciaen todo, pero sí siento como advertencias al menos.La expresión de Francisca —“veo violencia en todaspartes”— condensa varias de las posibles formas en lasque trabajar con personas que sufrieron o ejercieronviolencia puede afectar a los y las profesionales. Paraanalizarlas, es importante considerar que las experien-cias de quienes participaron de esta investigación tu-vieron lugar en un contexto de creciente visibilizacióny problematización de la violencia en Argentina, la re-gión y el mundo, que viene produciéndose, con avancesy retrocesos, al menos desde el año 2015. El 3 de juniode aquel año, periodistas, artistas y activistas llama-ron a manifestarse en todas las plazas del país tras unaserie de femicidios, dando inicio al movimiento Ni UnaMenos, una expresión feminista transversal que supu-so un punto de inf lexión en la lucha contra la violenciade género y es considerado como el inicio de la cuartaola feminista en Argentina (Natalucci y Rey, 2018).En este contexto, y siguiendo el lema feminista quereza que “lo personal es político”, consideraremos lasdiversas formas en las que las dimensiones de lo per-sonal y lo profesional pueden verse afectadas por lo po-lítico. En primer lugar, podemos considerar que, comoen el caso de Francisca, quienes trabajan en el campode la violencia pueden tener la sensación de ver violen-cia en todas partes porque las experiencias relatadasen los espacios grupales pueden llevarles a recordarsucesos que podrían haber permanecido hasta enton-ces en el olvido (Cuadro, 2025), o a resignificar situa-ciones normalizadas en un contexto en el que todavíano se consideraba masivamente la violencia contra lasmujeres como un concepto ni un problema social (Gol-dblatt et al., 2009). La intensidad emocional que supo-ne el trabajo cotidiano sobre violencia puede entoncescontinuar fuera del horario laboral, especialmentepara quienes militan o están en estrecho contacto conel feminismo, y derivar en respuestas indeseadas pro-fundamente movilizantes, como los recuerdos queemergieron en el caso de Francisca, las pesadillas vin-culadas a los hombres y la violencia que acosaron a Er-nesto durante sus primeros años de trabajo, o los pen-samientos intrusivos que pueden incluir escenas en lasque se violenta a los hombres con los que se trabaja,como registraron las psicoanalistas estadounidensesMitchell y Melikian (1995)5.En segundo lugar, se puede tener la sensación de quela violencia está en todas partes porque trabajar eneste campo suele poner en movimiento una suerte defuerza centrípeta que atrae hacia los y las trabajadorasmultitud de relatos de todo tipo de personas, cercanaso desconocidas, que suelen buscar consejo, referenciaso desahogo frente a la violencia que vivieron en carnepropia o vivieron terceros, incluso sobre casos que lesson ajenos, pero alcanzaron relevancia mediática. Es-pecialmente a partir de la visibilización creciente de laviolencia que impulsó el movimiento Ni Una Menos —en el que una de las consignas fue, significativamente,“No nos callamos más”—, fue tal la proliferación derelatos sobre las experiencias de las mujeres, que fuetomando forma una sospecha: ¿cómo es posible quetodas las mujeres tengan una amiga violentada, y nin-gún hombre tenga un amigo violento? En otros traba-jos intenté responder a esa pregunta por dos vías. Porun lado, la relación de los hombres con la violencia estáatravesada por el silencio, porque los conf lictos de pa-reja forman parte de su vida afectiva, a la que conside-ran parte de su vida privada: como decían los hombresque participaban de los grupos que coordiné, “la infor-mación es poder” y “si uno dice lo que le pasa se mues-tra vulnerable”. Para los hombres que entienden las re-laciones de género como relaciones jerárquicas —algofrecuente entre quienes ejercieron violencia—, el silen-cio es ventaja y protección (De Stéfano Barbero, 2021).Por otro lado, quien ejerció violencia podría preferir nohaberlo hecho e incluso estar dispuesto a buscar ayu-da. Pero hoy, la violencia, especialmente la que tienelugar en un vínculo de pareja, se encuentra visibilizaday problematizada pero también estigmatizada; sigue5Por experiencias conf lictivas como estas es que quienes se de-dican a la supervisión de equipos profesionales en el campo de laviolencia (Ávalos, 2025) destacan la importancia de tener un espaciode terapia psicológica individual donde analizar las formas en lasque la violencia atraviesa la propia historia. También se recomien-da participar de espacios de supervisión junto al equipo para ponerpalabras a los malestares, trabajar sobre las escenas temidas en lacoordinación de grupos y desarrollar estrategias de cuidado indi-viduales y colectivas.| 22 - 36
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30Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...ARTÍCULOS LIBRESTRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095considerándose más como una característica de unaotredad indeseable con la que nadie quiere reconocer-se, que una conducta compartida por la humanidad dela que nadie puede excluirse de una vez y para siempre(De Stéfano Barbero, 2021a). Mientras así sea, seguirásiendo el silencio lo que caracterice la relación entre laviolencia y quienes la ejercen.Durante los años que llevo trabajando e investigandoen el campo de la violencia, escuché muchísimos rela-tos de personas desconocidas, amistades, colegas y tra-bajadores/as de este ámbito en los que me contaron lasformas en las que habían ejercido o sufrido violencia.Por momentos, yo también tuve la impresión de que laviolencia estaba en todas partes. Mientras conversabacon Lázaro, quien trabaja con hombres que ejercieronviolencia y supervisa equipos de atención, le preguntécuál era su percepción sobre la frase y, en su respuesta,introdujo una variable clave: “la violencia puede estaren todas partes, pero en diferente grado”. Allí donde laviolencia parece impregnarlo todo, la frase de Lázarotrae consigo la posibilidad de distinguir y precisar6, ynos conduce a la siguiente de las posibles afectacionesque analizaremos en este apartado.En tercer y último lugar, trabajar en este campo puedegenerar lo que las psicólogas australianas Gillian Iliffey Lyndall Steed (2000) llaman una “conciencia extre-ma” sobre la violencia que, si bien podría traducirseen una perspectiva más realista del papel que tienen elpoder y el control en las relaciones sociales y de género,también podría derivar en una visión “distorsionada”sobre la violencia, como si se tratara de un fenómenoubicuo. Por ejemplo, podría considerarse que todaslas relaciones —pero particularmente las de hombresy mujeres cis heterosexuales— están inevitablementeatravesadas por la violencia, o que allí donde hay poder,habrá necesariamente violencia (Tyagi, 2006). Quienestrabajan en este campo suelen encontrar que los con-f lictos que llevaron a estos hombres a ejercer violencia,vinculados generalmente a las relaciones de género ypoder en sus vínculos, no son especialmente diferentes6Por mencionar un ejemplo, el trabajo del sociólogo estadouni-dense Michael P. Johnson (2008) ofrece una tipología de la violenciadoméstica que introduce distinciones y precisiones conceptualesrelevantes tanto para el campo de la investigación como para el dela intervención: terrorismo íntimo, resistencia violenta y violenciade pareja situacional. Para una distinción entre daño, conf licto yviolencia, puede verse el trabajo de Sarah Schulman (2023).de los que pueden tener ellos y ellas con sus parejas.Aunque los hombres con los que trabajan usaron la vio-lencia, la constante escucha de conf lictos similares alos propios podría llevar a quienes trabajan con ellos asentir una mayor amenaza en su vida personal que laque podrían sentir si trabajaran asistiendo a personasatravesadas por otro tipo de problemas (Cuadro, 2025;Goldblatt et al., 2009). Como señalan Iliffe y Steed(2000), el trauma vicario o la victimización secundariaentre quienes trabajan sobre violencia pueden incluirsíntomas de trastorno de estrés postraumático (TEPT)a corto plazo, pero también cambios más o menos du-raderos en las creencias y expectativas sobre sí y losdemás, especialmente cuando no se han desarrolladotodavía “defensas psicológicas fuertes” (Tyagi, 2006, p.10), se ha sido “testigo” de experiencias que dialogancon la propia historia y no se ha tenido la oportunidadde hablar sobre ello, como le sucedió a Francisca cuan-do comenzó a trabajar en este campo.Para seguir incorporando al análisis los contextos en losque se producen estas afectaciones, podemos conside-rar que la percepción de la violencia como algo omnipre-sente y las consecuencias que ello genera no se limitana las experiencias de quienes trabajan específicamentesobre este campo, estén sufriendo los efectos del traumavicario o no. La antropóloga argentina Catalina Trebi-sacce (2019, 2020) analiza el largo proceso por el que elfeminismo fue desplazando el uso de conceptos comoopresión o discriminación y haciendo de la violencia elsignificante amo para nombrar una amplia gama de ex-periencias de las personas subalternizadas, sobre todomujeres cis. Esta decisión estratégica y performática fueclave en la fundación del “paradigma de la violencia degénero” (Pitch, 2003), en su construcción como un pro-blema social y en el reclamo de intervención por partedel Estado. Sin embargo, como señalan diversas vocesdesde el feminismo antipunitivista, el paradigma de laviolencia de género también redujo drásticamente lasposibles formas en las que se comprenden y viven losconflictos, el daño, el dolor o el poder en las relaciones degénero (ver Cuello y Morgan, 2018; Daich y Varela, 2020;Schulman, 2023). La reciente y creciente visibilidad dela violencia, potenciada a su vez por la polisemia, ambi-güedad y variabilidad empírica que suele caracterizar alconcepto (Garriga Zucal y Noel, 2010), podría haber traí-do, entonces, un efecto subjetivante (Trebisacce, 2019) yllevarnos a percibirla como una presencia inmanente yamenazante, que define nuestra subjetividad de acuer-do a nuestra relación con ella, generalmente, además,en términos dicotómicos, exhaustivos y excluyentes.Para quienes participaron de esta investigación, la pre-| 22 - 36
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ARTÍCULOS LIBRES31Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...TRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095sencia de la violencia pudo haber sido abrumadora pormomentos. Pero si algo parece caracterizar la relaciónentre lo personal, lo profesional y lo político que tienenquienes llevan años trabajando en el campo de la vio-lencia, es la transformación. Cada una de las experien-cias que mencionamos en este artículo es una posibili-dad entre muchas, un momento entre otros, dentro deuna trayectoria. Durante mi trabajo de campo escuchéen innumerables ocasiones que esto “no es para todoel mundo”, que hay personas que “no lo aguantan”, yes sabido que el recambio de personal es más que fre-cuente. Esto puede deberse, como hemos visto, no soloa que es un trabajo sometido a sospechas y acusacio-nes, que además suele ofrecer malas condiciones deempleo y trabajo (Aguayo et al., 2021; De Stéfano Bar-bero, 2026), sino a que suele poner a quienes lo hacenen una posición de vulnerabilidad, en un sentido par-ticular, que veremos a continuación.Lo profesional como transformaciónpersonal: vulnerabilidad yresignificaciónMalva reconoce que trabajar con hombres que ejercie-ron violencia le afectó muchísimo desde el primer día.Llegó a trabajar con hombres sin buscarlo, producto deuna serie de decisiones fortuitas que tomaron los al-tos cargos de su trabajo, donde se dedicó inicialmentea trabajar con mujeres y dando talleres sobre sexuali-dad. Así reconstruye lo que sintió cuando le informa-ron que debía empezar a trabajar con hombres queejercieron violencia:Yo entendía que había que trabajar con hombres,pero me daba miedo. […] Cuando estaba en otrasáreas [de trabajo] pasaba rápido por el pasillo don-de estaban ellos. […] Yo no sabía dónde me iba ameter; me estaba metiendo a trabajar con hombresen un momento donde casi no había hombres enmi vida. Yo trabajaba con mujeres, tenía amigasmujeres, compañeras mujeres, y de golpe: ¿Qué esesto del hombre? Cómo convivir con los hombresera también mi gran desafío de ese momento, paramí el hombre era un misterio, mi mundo era demujeres. […] Yo odié mucho tiempo a los hombres.Los odié, realmente los odié, hasta tenía dudas siera lesbiana, a ese punto. Era algo que no podía…Para mí siempre fue una intriga, un misterio, unno entender a los hombres, no saber por dónde…,sentirlos patéticos, pero por otro lado intrigantes,como: “che, ¿qué hay detrás de esto?”.Cuando le pregunté a Malva si todavía hoy odiaba a loshombres y me dijo que sí, para negarlo inmediatamen-te entre risas, quise saber qué creía que podría habercambiado desde ese momento hasta hoy. Malva se refi-rió a un proceso de “apertura” que la llevó a “conmover-se”. La apertura (openness) es un concepto clave para lateoría de la vulnerabilidad, tal y como la entiende, entreotras autoras, la filósofa estadounidense Erinn Gilson(2014), que la considera como una posición de apertu-ra hacia el mundo y las experiencias caracterizada porla afectabilidad, la ambigüedad y la ambivalencia. Enuna posición vulnerable, podemos encontrarnos conla incertidumbre, el riesgo y la exposición emocional,y eventualmente con la posibilidad de sufrir un daño.Pero la vulnerabilidad no se reduce a una u otra formade afectación, sino a la (dis)posición que la permite, yque también hace posibles experiencias como la inter-dependencia, la transformación, el crecimiento o laprofundización de los vínculos con otros7 (ver Brown,2016; Butler, 2020; Gilson, 2014; Seguró, 2021).Gracias a su espacio de terapia y a su experiencia detrabajo, Malva fue sintiendo que su odio no era algo“cerrado” y se permitió explorarlo. Encontró cuánto deél estaba vinculado a “situaciones particulares” con supadre, y gracias a los relatos de los participantes de losgrupos pudo considerar también cuánto de las expe-riencias de los hombres, que eran un “misterio” paraella, estaban vinculadas a sus “limitaciones, falta deposibilidades y de oportunidades”. La experiencia deMalva coincide con las investigaciones que señalan queel trabajo sobre violencia en la pareja puede espejar lasrelaciones actuales y pasadas de los y las trabajadoras(Goldblatt et al., 2009). Su trabajo la llevó a tener con-versaciones significativas y profundas con los hombresde los grupos, tanto que le dio la sensación de que “ha-blaba más con esos tipos” que con sus “propios hom-bres”. Hoy, dice dejarse “atravesar” por el trabajo, y leparece que eso “suma”, “porque es un trabajo humano”:Me fascina incomodarme, me fascina que me in-comoden. También me pasa eso. Yo estoy en elgrupo y pienso yo los problemas que tengo con mipareja, ¿entendés? Para mí es parte de la vida. […]De hecho, me sirve incluso para hablar cosas conmi pareja, de mi relación, tipo: “no sabes lo que le7En un artículo anterior utilicé el concepto vulnerabilidad paraanalizar la relación entre masculinidad, emociones y violencia degénero (ver De Stéfano Barbero, 2022).| 22 - 36
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32Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...ARTÍCULOS LIBRESTRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095pasa a este pibe con la novia”, ¿viste? Es un ida yvuelta, no hay ahí una cosa muy clara, yo creo quela enriquece a mi vida personal.La experiencia de Malva muestra que una disposicióna la apertura en el trabajo con hombres que ejercieronviolencia puede llevar a que los y las trabajadoras cues-tionen sus preconceptos iniciales y vayan más allá deperspectivas dicotómicas (Bailey et al., 2012). Eventual-mente, ella fue pasando de la incomprensión y el odio alreconocimiento de lo que define como “la complejidadhumana”, y agrega: “no puedo encasillar a nadie más.En el espacio lo primero que decimos es eso: ‘No nos in-teresan los blancos y negros, amamos los grises’”.También Francisca y Ernesto se valieron de la movili-zación inicial que les produjo el trabajo para abrirse auna posición vulnerable desde la que pudieron cuestio-nar sus relaciones (sexo)afectivas. Francisca se atrevióa tener conversaciones profundas con su padre y otrosafectos, que la llevaron a transformar sus vínculos fa-miliares y afectivos. Ernesto, por su parte, reconoceque este trabajo lo “transformó como hombre”, lo lle-vó a reconocer las formas en las que pudo haber hechodaño en sus relaciones, y todavía hoy lo sigue transfor-mando con las “millones de preguntas” que le genera.Como hemos visto, la relación entre lo personal y loprofesional en el trabajo sobre violencia está signadapor la mutua afectación y el dinamismo, y puede de-rivar en transformaciones singulares en las vidas delos y las trabajadoras. Tal es así, que la psicóloga israelíHadass Goldblatt y su equipo (2009) señalan que loshombres que ejercieron violencia y quienes trabajancon ellos “crean conjuntamente la realidad” en sus en-cuentros. Como veremos, cuando los y las profesiona-les se disponen a la vulnerabilidad y la apertura, susexperiencias de trabajo pueden afectar el sentido quedan a la violencia en sus vidas y transformar el lugarque ocupa en su pasado, su presente y su futuro.Fernanda cree que no es casualidad que trabaje conhombres que ejercieron violencia, porque siempre hayun “puntito ciego de la historia personal” que se poneen juego entre quienes trabajan en este tema. En sucaso, las situaciones de violencia en su infancia y lamuerte de su padre cuando era todavía una niña lepermiten hoy tener “otro tipo de escucha” en los gruposcon hombres, y, a su vez, su trabajo le permite vincular-se en el presente con esa parte de su historia atravesa-da por la violencia:Trato de ser la profesional que me hubiese gustadoque en su momento hubiese intervenido. Cuandoveo estas cuestiones desde ese lugar, sí hay comoun compromiso y una gratificación, a pesar delcansancio. […] Entonces, cuando empezás a rascarencontrás que hay un puntito, que decís: “Ah, conrazón, te quedaste acá y te gustó”, ¿no? Y creo queen esto de trabajar la masculinidad y el ser hom-bre, con todo el peso que implica, hay algo de lahistoria personal de alguna manera, más allá deotras cuestiones que también hacen que haya uninterés de eso, de decir: “no puede ser que no sepueda hacer nada” […] Casi como una metáforainterna te diría, desde mi rol profesional: si yo sé,como persona, que puede haber un cambio, quela realidad puede ser otra, entonces es mi debercomo profesional tratar de transmitirle a la perso-na que tengo enfrente que se puede.Leticia, otra de las entrevistadas, trabajó durante añosatendiendo mujeres que sufrieron violencia en unaoficina del Estado y luego comenzó a trabajar coordi-nando grupos para hombres que ejercieron violencia.Cuando le pregunté si trabajar en este campo afectóde alguna forma su vida personal reconoció entre ri-sas que trabaja en este campo “precisamente” por unacuestión personal. Para ella, ese es el motivo por el quese sostiene trabajando con un tema “tan denso”, y creeque de otra forma no lo podría sostener: “El haber pa-decido violencia en la infancia hace que una haya sos-tenido las preguntas de por qué, los interrogantes, lasincomodidades como búsqueda”. Durante la conversa-ción, Leticia me explicó cómo entiende la relación en-tre su historia y su trabajo:De más chica, las padecí. De más grande, fui tes-tigo y di testimonio. Eso es lo que yo hacía con lasmujeres, daba testimonio de situaciones de violen-cia. Eso es lo que yo hago en los juicios. Voy comotestigo de contexto de violencia de género. Enton-ces, la padecí, fui testigo y di testimonio, y en lascoordinaciones [de los grupos de hombres] tengoun papel más activo con esas situaciones de violen-cia. Intento pensarlas con otros, elaborarlas, des-trabarlas, quedo inmersa, puedo ser más neutral,puedo tomar distancia. […] Algo te atraviesa a vospara sostener una temática tan densa en el tiempo,alguna pregunta, una búsqueda de respuesta, deentendimiento, de conciliación.En las experiencias de Fernanda y Leticia, el lugarque dan a la violencia en su propia historia les permi-| 22 - 36
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ARTÍCULOS LIBRES33Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...TRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095te encontrar un sentido de propósito, una motivacióndiaria para el trabajo y una disposición particular a laapertura y la escucha. Pero también muestran que unaposición vulnerable, abierta a afectar y dejarse afectar,les permite establecer conexiones entre lo personal y loprofesional; conexiones que ofrecen la posibilidad deseguir redefiniendo el lugar que ocupa la violencia ensus propias historias.Distancia, reflexividad y un apuntesobre otras posibles afectaciones de laposición vulnerableDurante las entrevistas, los y las profesionales, espe-cialmente quienes se formaron en psicología, trabajosocial y psicología social, mostraron tener entre su re-pertorio conceptual ideas vinculadas a lo que se conocecomo “distancia emocional adecuada” o “disociacióninstrumental” (Velázquez, 2012). Samuel considera quela “barrera profesional” es importante para el trabajo,especialmente porque puede haber procesos de iden-tificación con algunas experiencias que los hombrescomparten en los grupos; por ejemplo, sobre la infan-cia, el amor o la paternidad. En esos momentos, dice, esimportante hacer un “ejercicio consciente”, y distinguir“qué es lo que diría el ser humano en una charla de caféy que es lo que diría el ser profesional”. Advierte que, sibien “coexisten todo el tiempo”, él elige ver “hasta dón-de se puede correr la distancia profesional” para “estarsiempre más cerca de lo humano”. Desde esta perspec-tiva, considera adecuada la opción de compartir algo delo personal con el grupo, siempre que esté vinculado alos objetivos del trabajo grupal, por ejemplo, para “hu-manizar” la posición de la coordinación o cuestionar losmandatos de masculinidad. En la misma línea lo piensaMalva; para ella, compartir algunas experiencias per-sonales puede ayudar a que los hombres trabajen sobrela humanización de las mujeres. Fernanda, en cambio,si bien reconoce que siempre algo de lo personal puedeponerse en juego, prefiere no hablar de sí misma con loshombres con los que trabaja, y aclara: “mi historia esmi historia, nunca trabajo a partir de mi experiencia”;lo que no quita que trabaje con “cordialidad”, buscan-do “la empatía, la subjetividad y la sensibilidad” de loshombres. Siguiendo a la psicóloga canadiense SmitaVir Tyagi (2006), es importante hacer un ejercicio re-f lexivo sobre cuánto del estilo de trabajo responde auna elección profesional, y cuánto podría responder alas formas en las que el trabajo puede llegar a afectarlo personal, lo que podría traducirse en que no se com-parta nunca información personal por temor a que losparticipantes se extralimiten o, por el contrario, hacerloen exceso, perder de vista los objetivos del trabajo y dar,precisamente, más elementos sobre los que podríaneventualmente extralimitarse.Fernanda reconoce que “el costo de sostener la disocia-ción instrumental es alto” y que “no hay que dar porsentado que el profesional puede hacerlo”. La expe-riencia de Julián, uno de los profesionales entrevista-dos que en su historia sufrió particularmente la violen-cia masculina por no ser heterosexual, muestra cómoeste trabajo puede exponernos a nuestras propias ex-periencias y desafiar los límites de la profesionalidad:Yo no tenía problemas para intervenir salvo en estas si-tuaciones donde ellos me querían involucrar a mí comovarón en todas sus ideas. […] Hasta incluso yo veía enellos cosas que uno vive, por ejemplo, en la escuela,¿no? Esto de querer generar conmigo una alianza parahablar de mujeres en cuanto a lo sexual, y yo eso no… Amí eso me incomodaba porque yo no compartía lo mis-mo y en esas cuestiones me hacían acordar por ahí acosas más personales de otros momentos. […] Ahí eracomo difícil marcar esa disociación instrumental queuno necesita como profesional.Esto coincide con diversas investigaciones que mues-tran otros posibles efectos de la posición vulnerable ala que nos expone el trabajo sobre violencia, cuandola resonancia con la propia historia genera respuestasque responden más a posiciones subjetivas que profe-sionales. Así, puede suceder que los y las profesionaleseviten intervenir en situaciones que les evoquen con-f lictos personales por los que pueden todavía estar su-friendo, o pueden tener intervenciones reactivas en lasque proyecten su malestar y su ira sobre los hombrescon los que trabajan (Billand y Paiva, 2017; Carrasco,2022; Goldblatt et al., 2009; Mitchell y Melikian, 1995;Tyagi, 2006). Es decir, las respuestas inmunitarias(Quintana, 2021) son parte de las resistencias socialesa las que tienen que enfrentarse quienes trabajan conhombres que ejercen violencia, y a su vez pueden te-nerlas contra los hombres con los que trabajan, e in-cluso contra otros miembros del equipo profesional.Tanto las cuestiones de las relaciones entre la historiapersonal, los afectos inmunitarios y las prácticas pu-nitivas, como las especificidades de las posiciones degénero de quienes coordinan estos espacios merecenartículos dedicados exclusivamente a ello. Aquí sólo sehan avanzado algunas ideas para dar cuenta de cómola vulnerabilidad, en su ambigüedad característica,puede ofrecer las condiciones de posibilidad para, en| 22 - 36
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34Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...ARTÍCULOS LIBRESTRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095un extremo, mitigar el odio hacia los hombres —comoen el caso de Malva—, y en el otro, desplegar afectos derechazo desde la posición de poder que supone el lugarde coordinación de estos espacios.ConclusionesEl análisis de las experiencias de quienes trabajan conhombres que ejercieron violencia contra las mujeresmuestran que las dimensiones de lo personal, lo profe-sional y lo político, lejos del ideal de la distancia, pare-cen afectarse mutuamente con frecuencia, de manerasintensas y diversas.En primer lugar, hemos visto cómo lo profesional puedevolverse personal a través de las resistencias, acusacio-nes y sospechas que pueden generar la misma eleccióndel tema, la decisión de trabajar con quienes ejercen laviolencia o el cuestionamiento de ciertos estereotiposo prejuicios sobre ellos. Al analizar estas experiencias,hemos advertido que las relaciones entre lo personaly lo profesional incluyen dimensiones vinculadas a lodisciplinar, lo intelectual, lo moral y lo afectivo, y quepueden generar respuestas inmunitarias.En segundo lugar, el trabajo con hombres que ejercie-ron violencia puede traer conf lictos en lo personal, yaque el “ser testigo” de sus relatos, pero también de losde otras personas que sufrieron o ejercieron violen-cia puede evocar recuerdos o resignificar hechos quehasta entonces no eran percibidos como violencia. Esposible entonces que la violencia sea percibida comoun fenómeno ubicuo. Sugerimos que, más allá de losenfoques clínicos, estas experiencias pueden interpre-tarse considerando el contexto social en el que tienenlugar, y analizarse considerando las diversas formasen las que las dimensiones de lo personal y lo profe-sional pueden verse afectadas por lo político. La cuar-ta ola feminista ha contribuido a la problematizacióny visibilización de una diversidad de experiencias desufrimiento en las relaciones de género, pero tambiéna que se hayan percibido de acuerdo a ciertas defini-ciones conceptuales y paradigmas que llevaron a quela violencia se transforme en el significante amo, con elconsiguiente impacto tanto para la subjetividad comopara las formas en las que se entiende el trabajo conhombres que ejercieron violencia.En tercer lugar, las experiencias de los y las profesionalesmuestran que las dimensiones de lo personal, lo profe-sional y lo político pueden afectarse a través de una (dis)posición vulnerable, que puede derivar en un proceso deapertura y posterior transformación de los siguienteselementos: a) las formas en la que se perciben las rela-ciones de género, afectivas y familiares; b) la concepciónde los hombres con los que se trabaja y en la forma enla que se lo hace; c) el lugar que ocupa la violencia en elpasado, el presente y el futuro de los y las profesionales.En cuarto lugar, abordamos los desafíos y oportunida-des que suponen para los y las trabajadoras la distanciaprofesional y la disociación instrumental y sentamoslas bases de otra de las posibles afectaciones que seránanalizadas en próximos trabajos: la posición vulne-rable a la que se exponen los y las trabajadoras puedegenerar no sólo transformaciones, sino afectos inmu-nitarios que deriven en intervenciones reactivas másvinculadas a posibles evocaciones de conf lictos perso-nales que a la consecución de objetivos profesionales.Las experiencias analizadas en este artículo mues-tran la importancia de reconocer las formas en las quepueden afectarse las dimensiones de lo personal, loprofesional y lo político en el trabajo con hombres queejercieron violencia, y el impacto que pueden tener es-tas afectaciones en la subjetividad, la salud mental, elejercicio profesional y el cumplimiento de los objetivosde estos espacios. Es por ello que resulta vital que tan-to los procesos de formación como los de supervisiónprofesional den cuenta de la mutua inf luencia entreestas dimensiones, de los conf lictos y transforma-ciones que puede suponer, y que se ofrezcan espaciosdonde practicar la vulnerabilidad y la ref lexividad so-bre nuestras experiencias personales y profesionalessobre la violencia, atendiendo las particularidades delos contextos institucionales, sociales y políticos en losque se desarrolla nuestro trabajo.BibliografíaAguayo, F., Lastra, V., Saavedra, P., Kimelman, E., Bei-ras, A. y Valladares, S. (2021).Programas con hombresque han ejercido violencia basada en género en Améri-ca Latina y el Caribe hispano. Iniciativa Spotlight.https://www.spotlightinitiative.org/es/news/pro-gramas-de-reeducacion-de-hombres-que-han-ejer-cido-violencia-basada-en-genero-en-americaÁvalos, L. (2025). ¿Supervisar? ¿Para qué? Acerca de lasupervisión de equipos que abordan la violenciapor motivos de género. En A. Palazzesi y G. Vexina(Comps.),Violencias en foco(pp. 113-122). Glova.| 22 - 36
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ARTÍCULOS LIBRES35Stéfano Barbero«Veo violencia en todas partes» Las afectaciones entre lo personal, lo profesional y lo político...TRAMAS SOCIALES • N° 08 | ISSN: 2683-8095Bailey,B.,Buchbinder,E.yEisikovits,Z.(2011).Male social workers working with men who bat-ter: Dilemmas in gender identity.Journal of In-terpersonal Violence,26(9),1741-1762.https://doi.org/10.1177/0886260510372939Bailey, B., Eisikovits, Z. y Buchbinder, E. (2012). Bat-tering men and their male therapists: The differ-ent and the similar.Journal of Family Violence,27(5),465-476. https://doi.org/10.1007/s10896-012-9433-5Billand, J. y Paiva, V. (2017). Desconstruindo expec-tativas de gênero a partir de uma posição mino-ritária: como dialogar com homens autores deviolência contra mulheres?Ciência & Saúde Coleti-va,22(9), 2979-2988. https://doi.org/10.1590/1413-81232017229.13742016Bourdieu, P. (2005).La dominación masculina. Anagrama.Brown, B. (2016).El poder de ser vulnerable. Urano.Butler, J. (2020).La fuerza de la no violencia. Paidós.Carrasco, L. (2022).Violencia misógina. Diseño integral deprogramas y sistemas de evaluación. Tercero en Dis-cordia.Connell, R. y Pearse, R. (2018).Género. Desde una pers-pectiva global. PUV.Cuadro, S. (2025). Profesionales: alojar al que aloja enel trabajo con violencias. Diferencias entre trau-ma vicario y burnout. En D. Baños Suffia, M. CaoGené y C. Goggi (Dirs.),Tratado de las violencias(pp.751-774). Raíces.Cuello, N. y Morgan, L. (Comps.). (2018).Críticas sexua-les a la razón punitiva. Ediciones Precarias.Daich, D. y Varela, C. (2020).Los feminismos en la encru-cijada del punitivismo. Biblos.De Stéfano Barbero, M. (2026). “El elefante en la habi-tación”: Desgaste, poder y violencia como riesgospsicosociales en los programas para hombres queejercieron violencia contra las mujeres en Argenti-na.Revista Latinoamericana de Antropología del Tra-bajo, 22.De Stéfano Barbero, M. (2023). “Estás humanizandoa los violentos”. Ref lexiones sobre las tensiones yresistencias en el trabajo y la investigación con va-rones que ejercen violencia.Pasado Abierto, 17.De Stéfano Barbero, M. (2022). Por qué la vulnerabi-lidad importa. La relación entre masculinidad,emociones y vulnerabilidad en el ejercicio de vio-lencia contra las mujeres en la pareja.Anthropolo-gica, 40(49), 167-189. https://doi.org/10.18800/an-thropologica.202202.008De Stéfano Barbero, M. (2021).Masculinidades (im)posi-bles. Violencia y género, entre el poder y la vulnerabili-dad. Galerna.De Stéfano Barbero, M. (2021a). Ser o no ser: la cues-tión del reconocimiento de la violencia y el estigmaen los espacios de atención para hombres que ejer-cieron violencia contra las mujeres en la pareja.Re-vista Latinoamericana de Antropología del Trabajo, 12.De Stéfano Barbero, M. y Rodríguez, I. (2021).Expe-riencias, percepciones, desafíos y necesidades de losespacios de atención para varones que ejercieron violen-cia de género. Ministerio de las Mujeres, Políticasde Género y Diversidad Sexual de la Provincia deBuenos Aires, Iniciativa Spotlight.Dejours, C., Dessors, D. y Molinier, P. (1994). Compren-dre la résistance au changement.Documents pour leMédecin du Travail, (58), 112-117.Dutton, D. y Corvo, K. (2006). Transforming a f lawedpolicy: A call to revive psychology and science indomestic violence research and practice.Aggres-sion and Violent Behavior,11(5), 457-483. https://doi.org/10.1016/j.avb.2006.01.007Ezzy,D.(2010).Qualitativeinterviewingasanembodiedemotional performance.Qualitative Inquiry,16(3),163-170. https://doi.org/10.1177/1077800409351970Fabbri, L. y Rodríguez, I. (2020). “¿Qué hacer con losvarones que agreden?”. Revista Anfibia. https://www.revistaanfibia.com/los-varones-agreden/Fridman, I. (Comp.). (2023).Trabajando en violencia degénero. Obstáculos y desafíos. Lugar Editorial.Garriga Zucal, J. y Noel, G. (2010). Notas para una de-finición antropológica de la violencia: un debate encurso.Publicar en Antropología y Ciencias Sociales,(9), 97-121.| 22 - 36
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