Dossier  
¿Lo Bello Y Lo Sublime Hoy?  
Diálogos Entre La  
Estética De Kant Y El Arte  
Contemporáneo  
The Beautiful And The Sublime Today?  
Dialogues Between Kant’s Aesthetics And  
Contemporary Art  
Dora Eva Urdanegui Valdivia  
Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, Perú.  
Recibido: 14 de Abril de 2025  
Aceptado: 28 de Junio de 2025  
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO IX - VOL. I. - JUNIO 2025  
páginas 28-39 - E-ISSN 2591-3050  
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN  
Resumen: El texto se estructura como un recorrido por una exposición  
ficticia basada en las categorías kantianas de lo bello y lo sublime. En la primera  
sala, herman de vries presenta una instalación que recrea un diario visual de  
invierno mediante piezas naturales y cromáticas. Su obra encarna lo bello:  
orden, armonía y conexión con el cosmos a través de microcosmos naturales,  
siguiendo la analogía kantiana entre arte y naturaleza. La segunda sala alberga  
una recreación de un monumento envuelto por Christo y Jeanne-Claude, donde  
un velo blanco transforma la belleza en sublime al alterar la cotidianidad y generar  
un placer negativo. En la última sala, Robert Smithson despliega una espiral de  
tierra y sal que desafía la percepción humana: su escala fluctuante y su conexión  
cósmica representan lo sublime matemático y dinámico, violentando los sentidos  
y trascendiendo lo terrenal. La exposición concluye reafirmando la vigencia de  
estas categorías para reinterpretar el arte y la existencia humana.  
Palabras clave: ESTÉTICA KANTIANA - BELLO - SUBLIME  
Abstract: The text is structured as a tour through a fictional exhibition based on  
Kantian categories of the beautiful and the sublime. In the first room, herman de  
vries presents a mixed-media installation, recreating a winter visual diary through  
natural fragments and chromatic arrangements. His work clearly embodies the  
beautiful—order, harmony, and cosmic connection via natural microcosms,  
aligning with Kant’s analogy between art and nature. The second room features  
a Christo and Jeanne-Claude’s wrapped monument, where a white shroud  
transforms the beauty into the sublime by disrupting daily life and evoking “negative  
pleasure.” The final room showcases Robert Smithson’s spiral of earth and salt  
that challenges human perception: its fluctuating scale and cosmic symbolism  
represent the mathematical and dynamic sublime, overwhelming the senses and  
transcending earthly limits. The exhibition concludes by reaffirming the relevance  
of these categories to reinterpret art and human existence.  
Keywords: KANTIAN AESTHETICS - BEAUTIFUL - SUBLIME  
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“La belleza, la ciencia y el arte triunfarán siempre” (Christo, 1958).  
¿De cuántas maneras somos capaces de experimentar el mundo? Si  
cerramos los ojos y abrimos nuestra percepción hacia el interior, quizás nos  
encontremos más aptos para contemplar y experimentar dimensiones más  
allá de nuestros propios sentidos. Hacia allí también nos conduce el arte, que  
se distingue de otras esferas humanas por su capacidad simbólica inagotable:  
parte de lo sensible y se dirige hacia otras búsquedas que lo trasciendan. El  
arte es también un fértil campo para la expresión que bebe de distintas fuentes  
(entendidas como medios técnicos y conceptuales). Una de estas es, sin duda,  
la filosofía. A continuación, destacaremos las categorías kantianas de lo bello  
y lo sublime, pues ellas traen a nuestro encuentro los planteamientos de Kant  
sobre el arte y la experiencia estética, y nos invitan a reflexionar sobre el arte  
contemporáneo desde el libre juego de la imaginación ―a través de metáforas y  
símbolos― y también desde la conmoción de nuestras fuerzas vitales.  
Precisemos, pues, cómo operan las facultades en esta experiencia. En  
el juicio de lo bello, Kant (1992) describe un “libre juego” donde la imaginación  
(Einbildungskraft) y el entendimiento (Verstand) entran en una armonía  
espontánea: la imaginación aprehende la forma del objeto, mientras que  
el entendimiento (Verstand) trae consigo su facultad de los conceptos. La  
imaginación viene a sintetizar lo múltiple de la intuición, y el entendimiento va a  
encontrar en esa síntesis una “conformidad a fin” (Zweckmäßigkeit), sin que ello  
implique reducirla a un concepto determinado. En ese sentido, es un placer que  
surge de la mera contemplación de la forma, donde nuestras facultades cognitivas  
se vivifican mutuamente. Siguiendo a Paul Guyer (1997, p. 85), este placer no  
proviene del objeto en sí, sino de “la promoción de la vida que sentimos en el  
juego libre y armonioso de las dos facultades”. Y es así como el gusto vendría a  
ser una cualidad universal: no es un mero agrado sensible, sino un placer reflexivo  
que vincula la sensibilidad con el entendimiento.  
Para ello, es necesario que intentemos despojarnos primero de ciertas  
nociones preconcebidas y prejuicios (aunque no necesariamente injustificados)  
respecto de lo que el arte contemporáneo puede (o no) suscitar en nosotros.  
Inmersos como estamos en un contexto y una época en la que pareciera que  
toda idea y toda esencia desdibuja sus fronteras en aras de una apertura que  
todo relativiza, y que ya nada es capaz de sorprendernos pues, aparentemente,  
se ha dicho y hecho ya todo, ¿qué rol juega el arte en nuestras vidas? A partir  
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de nuestro ingreso como humanidad en el siglo XXI, así como del vertiginoso  
desarrollo, ascenso y declive de las vanguardias artísticas, la impresión que nos  
queda es quizás una suerte de sinsabor, o incluso cierta desesperanza respecto  
del devenir del arte. Si se ha roto ya toda máscara y abandonado todo canon,  
¿qué nos queda? A nuestro rescate, y como un salvavidas en medio de un mar  
de incertidumbre, la imaginación se nos presenta como herramienta clave para  
desarrollar un ejercicio mental que pondrá a prueba las capacidades y cualidades  
del arte hoy en día.  
Imaginemos, entonces, un recorrido por una hipotética exposición artística  
articuladaalrededordelosconceptoskantianosdelobelloylosublime, entendidos  
ambos como dos experiencias humanas en relación con nuestro vínculo con la  
naturaleza y nuestro lugar en el cosmos. Lo bello place por su forma, es límite,  
promoción de la vida, gusto, forma armoniosa y proporcionada, adecuación (Kant,  
1992, pp. 21-22); mientras que lo sublime conmociona (place negativamente),  
es ilimitado, cohíbe las fuerzas vitales, emociona inspirando respeto, no puede  
ser contenido, irrumpe y desacomoda (1992, pp. 23-29). Para comprender el  
efecto que cada una de estas experiencias tiene sobre nuestra cotidianidad, los  
espacios del museo o galería ficticia que visitamos se han dispuesto de tal modo  
que nos confrontan con las obras de tres singulares artistas seleccionados: de  
manera asombrosa ―casi mágica― sus creaciones logran coincidir en tiempo y  
espacio solo para nosotros. Empecemos, pues, nuestro viaje.  
Primera sala: El arte bello debe dar aspectos de naturaleza  
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Imagen 1. herman de vries. (2013). im winter auf dem grossen knetzberg. ein  
journal. Instalación y técnica mixta, 35 x 25 cm. Colección herman y susanne de  
vries.  
El artista holandés herman de vries (1931) abre el camino en la primera  
sala. “El arte bello debe dar aspectos de naturaleza, aunque, por cierto, se esté  
consciente de que es arte”, nos recuerda Kant (1992, p. 216), y de vries parece  
seguirle a pie juntillas, tomando el enunciado casi como una instrucción. La obra  
seleccionada es una instalación realizada en técnica mixta denominada im winter  
auf dem grossen knetzberg. ein journal (2013), una suerte de diario visual de  
impresiones cromáticas y delicadas piezas representantes del invierno en una  
región de Alemania central, país donde reside de vries. La instalación se nos  
presenta a manera de epítome creativo de su autor, en donde cada pieza que la  
compone es independiente, a la vez que forma parte de un todo: un todo que,  
expresado a través de los límites de la forma, el orden y la disposición armónica de  
las texturas y la narrativa cromática, despierta en nosotros un vínculo y sentimiento  
de adecuación con nuestra realidad, en concreto con la naturaleza que nos rodea y  
de la que formamos parte. El artista se acomoda en sus procedimientos plásticos  
a los principios generadores de la creación: por medio de la belleza establece  
por analogía un nexo con la potencia creadora de la naturaleza. A través de esta  
experiencia de lo bello, nuestra sensibilidad recibe una suerte de mensaje en  
código, cuya lectura nos da destellos de pertenencia al cosmos.  
Kant hacía referencia a “expresar lo innominable en el estado del ánimo a  
propósito de una cierta representación y hacerlo universalmente comunicable”  
(1992, p. 225); es decir, al desarrollo de ideas estéticas que vivifican nuestro  
ánimo en relación con nuestro lugar en el universo. Y es de manera analógica  
que experimentamos ese vínculo: cada hoja, cada rama, cada tierra de color es  
un microcosmos, y nos representa en tanto engranajes únicos de una totalidad  
macrocósmica. Es gracias al genio de herman de vries, adecuado a los principios  
y reglas de la creación, que su obra fluye naturalmente y es comunicable a todos  
los que vivimos bajo esta esfera celeste (y estamos bajo esta sala). Si el arte tiene  
que ver con devenir conscientes, dice de vries, el suyo busca una transformación  
cultural que nos haga asombrarnos y venerar a la naturaleza en los márgenes de  
los caminos forestales y rurales, porque la naturaleza es arte, “natur ist kunst” (de  
vries, 1995, pp. 178-179).  
Resulta más que curioso cómo herman de vries le da un lugar predominante  
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a la belleza en su proceso de creación artística, más aun teniendo en cuenta  
que la contemporaneidad pareciera haberla hecho a un lado. Aunque injuriada,  
expulsada y re-significada, la belleza regresa una y otra vez, y se posiciona como  
una suerte de filtro entre la recepción de estímulos a través de nuestros sentidos  
y la configuración de representaciones simbólicas. Sobre este punto, el filósofo  
Arthur Danto menciona que, “aunque la belleza hubiera demostrado ser mucho  
menos esencial para las artes visuales de lo que la tradición filosófica había  
imaginado, eso no quería decir que no fuera esencial para la vida humana” (2005,  
p. 51). No es que la belleza, al serubicada muy a los márgenes de la representación  
artística contemporánea, se hubiera dejado de lado como algo secundario,  
complementario o accesorio; sucedió tal vez simplemente que siempre se  
mantuvo en estado latente, a la espera del momento preciso para emerger y  
cubrir con su manto todos y cada uno de los gestos humanos, incluyendo el arte;  
en este caso, de la mano de la maestría, lucidez e ingenio del artista holandés.  
Segunda sala: Un cierto carácter de sublimidad  
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Imagen 2. Christo y Jeanne-Claude. (1970). Monumento a Vittorio Emanuele  
II envuelto. Piazza del Duomo, Milán (Italia). Fotografía: Shunk-Kender. © 1970  
Christo and Jeanne-Claude Foundation y J. Paul Getty Trust.  
Como instancia intermedia, la siguiente sala nos da la bienvenida con la  
obra de los eternos Christo (1935-2020) y Jeanne-Claude (1935-2009), en una  
ambiciosa recreación de su Monumento a Víctor Manuel II envuelto (1970). Puede  
decirse que la grandiosidad del colosal monumento estaba oculta para la mirada  
cotidiana, habituada a verlo en el conjunto de la plaza. Al hacerlo misterioso bajo el  
albo y suave velo que lo recubre, los artistas le devuelven al monumento un cierto  
carácterdesublimidad. Elresultado, ciertamente, dialogademaneraarmónicacon  
suentorno,cualsimbiosisvisualatravésdelastexturasdelmaterial,losvolúmenes  
y un clásico esquema compositivo triangular. Sin embargo, esa experiencia inicial  
de lo bello da pie a otra de conmoción y momentáneo desacomodo al irrumpir  
en la cotidianeidad de la turística y emblemática Piazza del Duomo en Milán.  
Es momentáneo no sólo por lo efímero de la acción artística, sino también por  
su adaptación al conjunto del entorno. A pesar de ello, la envoltura genera una  
atracción y un placer de carácter negativo que, según Kant, corresponde a un  
sentimiento opuesto al de lo bello.  
A diferencia de la armonía de lo bello, la experiencia de lo sublime se funda  
en un “conflicto” entre las facultades. Kant (1992) explica que, ante lo informe  
o lo desmesurado (lo sublime matemático) o ante lo caóticamente poderoso  
(lo sublime dinámico), la imaginación fracasa: no puede abarcar la totalidad  
en una sola intuición (sensibilidad) ni encontrar una forma adecuada para el  
entendimiento. Este fracaso inicial produce un displacer, una “inhibición de las  
fuerzas vitales”. Sin embargo, este colapso de la imaginación permite que una  
facultad superior haga su entrada en escena: la Razón (Vernunft). La Razón posee  
ideas de lo absoluto (la totalidad, el infinito, la ley moral) que, aunque no pueden  
ser representadas sensiblemente, demuestran la superioridad de nuestro destino  
suprasensible sobre la naturaleza. Es así como el displacer inicial se transforma en  
un “placer negativo”: nuestra propia Razón se eleva por encima de la impotencia  
de la imaginación.  
Y ese desacomodo que nos saca de los límites conocidos se asocia a  
la categoría de lo sublime. Al respecto, siguiendo a Kant, Danto señala que “la  
sublimidad de las cosas no depende de ningún conocimiento especial” (2005, p.  
214). Más pesa la generación de asombro como tal, así como la confrontación con  
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nuestros propios límites, excediendo “toda medida de los sentidos”. Partimos de  
lossentidos,alavezquesalimosdeellosennuestraconfrontacióncontemporánea  
con el arte de nuestro tiempo. Al mismo tiempo, la superación de límites formales  
y técnicos ha permitido que nuevas representaciones nos acerquen a una esfera  
de sublimidad (más que necesaria en tiempos convulsos como estos) que nos  
vuelve a situar en relación con nuestra condición finita y que, en conjunción con  
lo bello, nos devuelva a una dimensión terrenal que mira (o busca) su reflejo en  
la trascendencia. Es así como el contenido sublime puede ir mucho más allá.  
Justamente, lo veremos en la última sala de nuestra visita.  
Tercera sala: Lo sublime nos saca del orden de la naturaleza  
Cerrando el recorrido, pero a la vez regresando a nuestro punto de partida,  
la icónica obra Spiral Jetty (1970) de un atemporal Robert Smithson (1938-  
1973) nos saluda y envuelve a través de una secuencia fotográfica y proyección  
de video de producción del propio autor. Esta gigantesca obra de Land Art está  
hecha de barro, cristales de sal y cinco mil toneladas de bloques de basalto negro,  
los cuales forman un espiral en sentido contrario a las agujas del reloj de unos 460  
metros de largo y 4.6 metros de ancho.  
Imagen 3. Robert Smithson. (1970). Spiral Jetty. Rocas de basalto negro,  
cristales de sal, barro, agua roja (algas y bacterias), 457.2 x 4.57 m. Gran Lago  
Salado, Utah (EEUU).  
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El impacto que supuso para el propio Smithson la revelación de la forma que  
adoptaríasuobraimplicaunaexperienciadedeslumbramientoeinadecuación:La  
orilla del lago se convirtió en el borde del sol, una curva vertiginosa, una explosión  
que se elevaba hacia una prominencia ardiente. Materia colapsando en el lago  
reflejada en forma de espiral. No tiene sentido preguntarse sobre clasificaciones  
y categorías, no había ninguna” (Smithson, 1996, p. 145). La espiral emerge de  
entre las aguas rojizas y primordiales, conecta los elementos desde el interior  
de la tierra hacia la proyección del centro más alto del mismo cosmos, y se nos  
aparece cual retina de una ancestral criatura que nos observa y nos expulsa. Lo  
sublime nos saca del orden de la naturaleza y nos desacomoda: lo sublime no  
haya lugar en este mundo y violenta nuestra imaginación. El arte sublime, como  
el de Smithson, no representa lo infinito, sino que “hace sensible” este fracaso de  
la imaginación y la subsecuente activación de la Razón.  
Se trata, por un lado, de la potencia y fuerza de la categoría kantiana de lo  
sublime dinámico. Por otro lado, hallamos también aquello que caracteriza a lo  
sublimematemático:Laescaladependedelacapacidaddeunodeserconsciente  
de las realidades de la percepción” (Smithson, 1996, p. 147). Pues bien, la  
peculiaridad de esta obra también recae en que su escala fluctúa de acuerdo al  
punto de vista del espectador y tiene la capacidad de darnos la sensación de que  
sobrepasa toda medida y desajusta nuestros sentidos respecto a lo que solemos  
entender por obra de arte. Es tarea nuestra, ahora, encontrarle un nuevo sentido.  
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Imagen 4. Robert Smithson. (1970). Spiral Jetty. Rocas de basalto negro,  
cristales de sal, barro, agua roja (algas y bacterias), 457.2 x 4.57 m. Gran Lago  
Salado, Utah (EEUU).  
A modo de colofón  
Regresamos así al punto donde todo empezó, donde belleza y sublimidad  
dialogan y confluyen cual contrapunto musical. Los artistas convocados  
han logrado ampliar nuestro ánimo, y nos han ofrecido “de entre la ilimitada  
multiplicidad de formas posibles (…) aquella que alcanza la presentación de ese  
concepto con una abundancia de pensamientos a la que ninguna expresión del  
lenguaje es plenamente adecuada” (Kant, 1992, p. 234). Al mismo tiempo, han  
sido capaces de introducir lo infinito e ilimitado en la propia finitud de la obra a  
través de lo simbólico del lenguaje plástico. Todo eso y más, está aquí.  
Si bien las categorías kantianas iluminan gran parte de nuestra experiencia  
estética, ciertos enfoques actuales han señalado límites en su alcance. Por  
ejemplo, Caroline Korsmeyer subraya que la estética de Kant privilegia la  
distancia contemplativa y descuida modos de apreciación vinculados al cuerpo,  
la materialidad o incluso al disgusto (Korsmeyer, 2011, pp. 48-50). Asimismo,  
Hal Foster observa que muchas prácticas contemporáneas “no buscan elevar  
al espectador hacia la razón”, sino que más bien buscan confrontarlo con  
dimensiones sociales, políticas o traumáticas del presente (Foster, 2015, p.  
102). Sería mezquino de nuestra parte considerar que estas objeciones invalidan  
la potencia del marco kantiano; sin embargo, sí nos obligan a repensar su  
aplicabilidad. Quizás la vigencia de lo bello y de lo sublime recaiga en su capacidad  
de ser tensionados, expandidos, e incluso hasta negados: más que categorías  
cerradas, operan como preguntas que el arte continúa respondiendo de modos  
siempre nuevos.  
Si bien es cierto que el marco kantiano para el arte actual no es unánime,  
sí que es ampliamente reconocido. La filósofa contemporánea Rachel Zuckert,  
por ejemplo, defiende la vigencia de la estética kantiana al subrayar su carácter  
formalista y subjetivo, lo que la hace compatible con la diversidad del arte  
posterior al s. XVIII. La autora argumenta que la teoría de Kant “proporciona  
una manera de entender el valor estético que es independiente de otros valores  
(cognitivo, moral)” y que, por tanto, “puede aplicarse a obras de arte modernas  
y contemporáneas” (2007, p. 2). Este enfoque respalda la operación curatorial  
de nuestra exposición ficticia: al centrarse en la estructura de la experiencia del  
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espectador (el juego de facultades, el sentimiento de placer o conmoción), las  
categorías de lo bello y lo sublime trascienden su contexto histórico y demuestran  
su poder hermenéutico para dialogar con obras que Kant no podría nunca haber  
contemplado ni imaginado, confirmando así su lugar indispensable en la filosofía  
del arte.  
Como conclusión, bien vale la pena reflexionar acerca de la vigencia y el  
sentido del arte en la actualidad. El arte, en tanto actividad humana, siempre  
encontrará nuevas formas de reinventarse, de tal manera que ni los medios  
técnicos, ni la capacidad expresiva, ni mucho menos la teoría, le supongan  
limitaciónalguna;puespartesiempredesdelosensual(lossentidos), ensuvínculo  
con el mundo ―externo o interno―. Como seres humanos, no podemos dejar de  
lado (ni tampoco racionalizar por entero) ese vínculo de naturaleza primordial a  
través de nuestras sensaciones. Lo simbólico, así como también lo trascendente,  
nacen y parten de una comprensión estética del cosmos que somos y del cosmos  
quenosrodea. Nuestratareacomoespectadoresreciéncomienza, eselarteelque  
viene a nosotros y somos cada uno de nosotros quienes le otorgamos un sentido  
particular al reflejarnos en ello. Será que hoy ―más que nunca― necesitamos las  
categorías de lo bello y de lo sublime, tanto en el arte como en nuestra propia vida.  
Y será que el arte (y también la filosofía), cual ave fénix, resurja de sus propias  
cenizas en un eterno continuo. Lo sublime y lo bello son ahora, por los ciclos de  
los siglos. Amén. La invitación está hecha, sírvase usted.  
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Referencias bibliográficas  
Christo. (1958). En Christo’s Office. (31 de mayo de 2020).Statement on Christo. https://  
Danto,Arthur C. (2005). El abuso de la belleza. La estética y el concepto del arte. Paidós.  
Traducción de Carles Roche.  
de vries, herman. (1995). to be: texte - textarbeiten - textbilder. Cantz. Edición de  
Andreas Meier.  
Foster, H. (2015). Bad new days: Art, criticism, emergency. Verso.  
Guyer, P. (1997). Kant and the Claims of Taste. Cambridge University Press.  
Kant, Emmanuel. (1992). Crítica de la facultad de juzgar. Monte Ávila Editores.  
Traducción de Pablo Oyarzún.  
Korsmeyer, C. (2011). Savoring disgust: The foul and the fair in aesthetics. Oxford  
University Press.  
Smithson, Robert. (1996). The Spiral Jetty (1972). En Collected writings (pp. 143-153).  
University of California Press. Edición de Jack Flam.  
Zuckert, R. (2007). Introduction. In Kant on beauty and biology: An interpretation of the  
Critique of Judgment (pp. 1-15). Cambridge University Press.  
Cómo citar este artículo:  
Urdanegui Valdivia, D. E. (2025). ¿Lo bello y lo sublime hoy? Diálogos entre la  
estética de Kant y el arte contemporáneo. Trazos-Revista de estudiantes de  
Filosofía, 1(9), 28 - 39  
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