artístico que se torna artístico cuando, entre otras condiciones, hay un sujeto
abstracto como elemento del evento, en el cual surge una experiencia estética.
Con estos términos, podemos ahora articular con mayor precisión la
condición relacional: un evento potencial se torna artístico solo si se actualiza
como experiencia estética en relación con un sujeto abstracto. Como ya aclaré,
este sujeto no corresponde a una persona particular, sino al lugar estructural de la
recepción4, histórica y culturalmente configurado. De este modo, lo artístico ya no
podría rastrearse a una propiedad material del evento potencial, sino que requiere
considerar la emergencia que se activa en la interacción entre este evento y la
posibilidad de un sujeto capaz de experimentarlo. Así, esta condición expresa
que las obras artísticas producidas hasta la actualidad han demostrado que su
ser-arte no está en virtud o no depende meramente de su composición material y
su configuración formal, sino del modo en que el sujeto, tanto el que experimenta
la obra, como el que la produce o manifiesta, se aproxima, percibe, interactúa y
confiere significado al evento que es experimentado como artístico.
Esta idea es inspirada, en cierto modo, por el pensamiento de Kant y de
Baumgarten (aunque no completamente basado en estos, como puede ser
evidente cuando se habló de las tres trampas, en particular, la de reducir la
manifestación de lo artístico al modo objetual). En efecto, sabemos que, para Kant,
al momento de pensar sobre la belleza, importa más la relación sujeto-objeto a
través del sentimiento de placer o displacer, en contraste con el conocimiento del
objeto mismo, su valoración moral o, inclusive, la cuestión de la naturaleza de su
existencia (Kant, 1992). Justamente, un juicio de gusto (con relación a una obra
artística) apunta más a que el objeto le es significativo al sujeto en cuanto arte bello
porque apela a la libre disposición de sus facultades subjetivas (imaginación y
entendimiento). Lo relevante para la esencia del arte, pues, no es el objeto mismo
y sus características, sino la experiencia estética que vive el sujeto al involucrarse
con dicho objeto, al igual que la idea de que para que esto ocurra el sujeto debe
poseer cierta disposición especial.
Similarmente,piensoqueenBaumgartendaunareflexiónsobreestecarácter
del arte cuando, al tratar sobre la estética en cuanto conocimiento sensible, se
señala que el sujeto debe poseer una cognición sensible perfeccionada, según la
cual aprehende en el objeto artístico un “consensus phaenomenon”, es decir, una
4 Esta recepción, aunque es teóricamente distinguible, puede tomarse prácticamente como un elemento
constituyente del evento, y en algunos casos hasta intrínseco al evento.
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