Dossier  
El Paradigma Clásico De Lo  
Bello Y Lo Sublime En 2001:  
Odisea Del Espacio  
The Classical Paradigm Of The Beautiful And  
Sublime In 2001: A Space Odyssey  
Gabriela Carrillo Garcia  
Pontificia Universidad Católica del Perú. Lima, Perú.  
Recibido: 17 de Abril de 2025  
Aceptado: 30 de Junio de 2025  
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO IX - VOL. I. - JUNIO 2025  
páginas 69-78 - E-ISSN 2591-3050  
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN  
Resumen: El ensayo aborda los conceptos filosóficos de lo bello y lo sublime  
en su sentido clásico, con el fin de analizar estética y filosóficamente la película  
2001: Odisea del espacio (1968), dirigida por Stanley Kubrick. Se parte de  
Erwin Panofsky para destacar a la belleza como armonía entre arte y naturaleza,  
contrastando entre los dos modelos que él identifica en la antigua teoría del  
arte: la imitación realista de la naturaleza (imitatio) y su perfeccionamiento  
ideal (electio). La obra de Kubrick refleja esto mediante composiciones visuales  
simétricas, rigor técnico y verosimilitud científica, superando convenciones del  
género. Por otro lado, la definición de lo sublime según Pseudo-Longino sirve  
para dar cuenta de cómo Kubrick manifiesta grandeza emocional y conceptual:  
con silencios elocuentes, elipsis narrativas y uso de música. Se sostiene que la  
película equilibra ambos enfoques: la belleza en su precisión visual y lo sublime  
en su trascendencia simbólica sobre la evolución humana.  
Palabras clave: BELLEZA - SUBLIMIDAD - IMITATIO/ELECTIO  
Abstract: The essay explores the philosophical concepts of the beautiful and  
the sublime in the classical sense to philosophically and aesthetically analyze  
the film 2001: A Space Odyssey (1968), directed by Stanley Kubrick. Drawing  
from Erwin Panofsky, it highlights beauty as harmony between art and nature,  
contrasting the two models he identifies in the ancient theory of art: the realistic  
imitation of nature (imitatio) and its ideal refinement (electio). Kubrick’s work  
reflectsthisthroughsymmetricalvisualcompositions, technicalrigor, andscientific  
verisimilitude, transcending genre conventions. Meanwhile, Pseudo-Longino’  
definition of the sublime explains how Kubrick conveys emotional and conceptual  
grandeur through eloquent silences, narrative ellipses, and musical choices. The  
film is argued to balance both approaches: beauty in its visual precision and the  
sublime in its symbolic transcendence about human evolution.  
Keywords: BEAUTY - SUBLIMITY - IMITATIO/ELECTIO  
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Pocas películas de ciencia ficción se han aventurado tan lejos en lo desconocido  
como 2001: Odisea del espacio (1968). La película, dirigida por Stanley Kubrick,  
marcó un hito en la historia del cine debido al carácter filosófico de su tratamiento,  
el cual no solo partía del viaje que planteaba en torno a la evolución humana, sino  
también de la construcción formal y semántica con la que abordaba su discurso  
visual. Kubrick crea, de esta manera, una obra fascinante e inolvidable que rompe  
con la tradición narrativa de la época y que entreteje múltiples interpretaciones  
y apreciaciones hasta el día de hoy. El presente ensayo tiene el objetivo de  
evidenciar, justamente, cómo dicha película se ha convertido en un clásico de  
todos los tiempos debido al tratamiento filosófico de su imagen. Para ello, se  
vincula su narrativa visual con las ideas de lo bello y lo sublime desarrolladas por  
Erwin Panofsky y Pseudo-Longino, respectivamente. Así, este trabajo desarrolla  
un análisis filosófico y estético de la película 2001: Odisea del espacio (en  
adelante: 2001), para mostrar su caracterización desde el paradigma clásico de  
lo bello y lo sublime en tanto que obra de arte visual.  
Para explicar este planteamiento, en primer lugar, hay que definir con nitidez  
el núcleo de las ideas en torno a lo bello de Panofsky y lo sublime de Pseudo-  
Longino para, posteriormente, sintetizarlas y ponerlas en relación respecto de la  
película en cuestión.  
En torno a la belleza, en su obra titulada Idea, Panofsky desarrolla cómo la idea  
de lo bello pasó del tratamiento metafísico de Platón, que en última instancia era  
negativorespectodelasbellezassensibles, aunaconcepciónmásbieninmanente  
al sujeto. Así, para Cicerón, lo bello está en el propio artista como imagen mental,  
como ideal a partir del cual crea sus obras y que proviene de la contemplación  
de la naturaleza y de la facultad de la representación artística. Al rastrear los  
efectos de ese giro conceptual en la “antigua teoría del arte” bajo el influjo de  
Séneca y Plotino, Panofsky llega a la identificación renacentista de lo bello con  
la armonía entre las partes y el todo, tal como exigía la concinnitas. Asumida  
como ley suprema y absoluta de la naturaleza, la concinnitas podía seguir tanto el  
modelo de la imitatio, la imitación inmediata de la realidad natural, como el de la  
electio, la corrección y superación de la naturaleza a partir de un ideal de belleza  
que es imposible hallar instanciado como tal en el mundo (Panofsky, 1998, p. 24).  
Se trata de una concepción mucho más funcional de lo bello, la cual plantea el  
perfeccionamiento de lo natural a través del arte, pero siempre en la sintonía entre  
sujeto y objeto, entre espíritu y naturaleza, tal cual sostiene Vasari. De esta forma,  
la belleza se concibe como el equilibrio ideal entre una representación ineludible  
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de la naturaleza, expresada de manera proporcionada, ordenada y armoniosa, y  
una representación perfeccionada o corregida de esta, que desarrolla una nueva  
concreción del objeto o sujeto artístico que la supera. No obstante, lo que ha de  
permanecer en ambos casos, ya sea como imitadores o como correctores, es la  
capacidad de situarnos ante la realidad (1998, p. 48).  
En el caso de 2001, dicho ideal de belleza estaría en la perfección, armonía y  
verosimilitud natural que Kubrick buscó alcanzar en cada una de las imágenes  
que componen su obra. En primer lugar, en relación con el ars simia natura (el  
arte imita a la naturaleza) del modelo de la imitatio, donde el artista desarrolla la  
capacidad para copiar al mundo debido a sus conocimientos de la disposición  
natural y a su dominio técnico, el filme desarrolla una representación bastante  
convincente y símil de la realidad espacial (fotogramas 1 y 2). Kubrick realizó  
un trabajo meticuloso durante los cinco años de escritura del guion, rodaje y  
producción, para convertir cada imagen que compone el filme en algo creíble  
y verosímil. Cuidó minuciosamente cada detalle para que el resultado fuera  
riguroso (y casi perfecto) desde un punto de vista técnico y científico. El ineludible  
estudio de la naturaleza y la serie de entrevistas que el director tuvo con expertos  
en la materia, fueron una pieza fundamental para el éxito e impacto que generó  
la película en su tiempo. Y es que, hasta entonces, si bien varias cintas previas  
de ciencia ficción ya habían explorado recursos visuales y futuristas con distintos  
grados de verosimilitud —como Destination Moon (Irving Pichel, 1950), The  
Silent Star (Kurt Maetzig, 1960) o Ikarie XB-1 (Jindřich Polák, 1963)—, Kubrick  
radicalizó el rigor técnico y la precisión científica en 2001, marcando un punto de  
inflexión en el género.  
En segundo lugar, 2001 expresa dicha mímesis en su aspecto más armónico  
y proporcionado posible, conforme a la justa medida de las partes con el todo,  
tal cual demanda la concinnitas. El orden y la geometría son constantes en el  
trabajo de Kubrick, y no son ajenos a la película en cuestión. La composición, el  
encuadre, la distancia, el manejo del color y de la luz, entre otros elementos, están  
orientados a una cierta armonía y, en algunos casos, a formaciones simétricas  
que ayudan al director a profundizar en su constante visual y al perfeccionamiento  
de lo contemplado en la realidad natural. En ese sentido, el director elabora  
planos bien proporcionados, simétricos y armoniosos, que ofrecen al espectador  
una experiencia visual llamativa y estilizada, más cercana a un diseño formal  
deliberado que a un reflejo realista de la naturaleza (fotogramas 3 y 4).  
Finalmente, aunque en menor medida, la película desarrolla también cierta  
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correcciónysuperacióndelanaturalezamisma,laelectio,asimilandoidealmente  
dos objetos que, a pesar de ser naturales, no sería posible encontrar unidos  
en la naturaleza. Si bien este puede ser el caso de la inquietante aparición del  
misterioso monolito de piedra, uno de los mejores ejemplos para esta concepción  
se encuentra en la escena final de la historia, en la cual se observa a un feto que  
flota por el universo, generando así una ruptura con la cotidianidad y naturalidad  
de los acontecimientos (fotograma 5). Conviene subrayar, sin embargo, que la  
simetría en Kubrick no constituye un recurso de realismo naturalista, sino una  
estrategia de estilización formal. En la naturaleza no encontramos regularmente  
esa armonía geométrica que la película presenta en sus encuadres. Del mismo  
modo, las actuaciones en 2001 se caracterizan por una deliberada mecanicidad:  
los personajes se expresan con un tono casi robótico, carente de emoción, lo cual  
potencia la frialdad tecnológica del universo diegético.  
Este efecto fue tan radical en su época que generó rechazo en parte de la crítica,  
y llevó a Jacques Rivette a señalar, con ironía, que la grandeza de la película  
residía en que “lo mejor que puede filmar una máquina es a otras máquinas”.  
De este modo, tanto en la composición visual como en la dirección de actores,  
Kubrick se distancia del realismo entendido como mímesis, para crear un mundo  
cinematográfico regido por una lógica estética propia. Este recurso se justifica por  
la carga significativa en la película de la narrativa en torno a la evolución humana.  
La necesidad de comunicar visualmente una idea tan compleja y abstracta  
requiere superar lo cotidiano e intuitivo.  
En términos panofskianos, estamos pues ante una obra cinematográfica que  
articula el ars simia natura y el perfeccionamiento o corrección de la naturaleza  
de manera proporcionada, aunque siempre bajo un prisma de estilización formal  
que distancia la obra del simple realismo. De tal modo que Kubrick crea una  
obra de arte visualmente bella, acorde con el ideal de la concinnitas, aunque  
atravesada por una estilización consciente que también afecta las actuaciones y  
el tono general del filme. Se trata, además, de una de las obras más genuinas del  
director, en la cual se muestra con mucha precisión y detalle el prurito realista que  
establece un ajuste entre arte y naturaleza, relacionado con la perfección creativa  
que ofrece el séptimo arte.  
En lo que respecta a lo sublime, Pseudo-Longino lo presenta como un estilo  
que refiere a una belleza eminente, una belleza superlativa basada en el pathos, la  
emoción. Diversos estudios recientes sobre De lo sublime han subrayado que la  
obra de Pseudo-Longino no se limita a una estética del exceso, sino que propone  
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unareflexiónsobrelacapacidaddellenguajeylasimágenesparagenerarunefecto  
transformador en el espectador o lector. En este sentido, lo sublime no depende  
únicamente de la grandiosidad formal, sino de la fuerza con que el discurso, verbal  
o visual, logra conmover y elevar el espíritu. Esta lectura coincide de manera  
fértil con la propuesta de Kubrick, cuya puesta en escena no solo impresiona por  
sus formas, sino que sacude la percepción del espectador al situarlo frente a lo  
insondable. Lo sublime es aquello que engrandece y eleva el alma, que da mucho  
que pensar y cuyo recuerdo es vigoroso e imborrable, tanto así que es capaz de  
complacer a todos en todo tiempo (Pseudo-Longino, 2007, p. 31). Es el eco de  
la grandeza del pensamiento (2007, p. 35), la belleza de la expresión que, como  
un rayo, despedaza lo ordinario y exhibe la potencia del orador (2007, p. 21). Lo  
sublime es, en efecto, el impacto del arte en el alma humana que permite alcanzar,  
por medio del éxtasis de lo prodigioso, la primicia y la inmortalidad de la grandeza  
misma.  
Según Pseudo-Longino, llegar a esa belleza eminente es un fin natural, ya que  
en la propia naturaleza radica el principio originario y arquetípico que sostiene  
toda producción. Sin embargo, para el autor, lo sublime no sólo se debe al talento  
natural, sino que también requiere del cultivo del arte para poder alcanzarlo. Es  
el método, pues, el que delimita y proporciona la medida y el momento preciso  
en cada caso (2007, p. 25). Asimismo, entre las fuentes de lo sublime, el autor  
identifica a cinco que se basan en la necesaria potencia expresiva y que son  
las más productivas. La primera de ellas es la capacidad de concebir grandes  
pensamientos; la segunda, la emoción vehemente y entusiástica; la tercera, la  
específica forja de las figuras; la cuarta, la expresión noble de la que forman parte  
la elección de los nombres y la elocución elaborada; y la quinta, la composición  
digna y elevada (2007, pp. 32-33). Las dos primeras fuentes están asociadas  
con la disposición natural, mientras que las otras tres obedecen a la práctica y  
al perfeccionamiento del método. La crítica contemporánea ha insistido en que  
estas fuentes deben leerse no como una lista de recursos técnicos, sino como  
una integración de disposición natural y cultivo artístico, cuyo resultado apunta  
siempre a la trascendencia. De ahí que lo sublime, para Longino, no se reduzca a  
un estilo elevado, sino que constituya una experiencia de comunicación capaz de  
desbordar el artificio y producir en el receptor una impresión de verdad y grandeza.  
En relación con nuestra película, Pseudo-Longino ya colocaba a las imágenes  
en el centro de su reflexión. Al encontrarse en el ámbito de la retórica, se refería  
naturalmente a las imágenes verbales, aquellas con las que el oyente parece ver  
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lo que se dice. No obstante, lo que señala bien puede aplicarse a otros discursos:  
él menciona a la poesía y la pintura; nosotros nos dirigimos a la narrativa visual  
del cine. En ese sentido, el autor afirma que las imágenes “son también muy  
adecuadas para producir majestad, magnificencia y energía” (2007, p. 52), ya  
que lo propio de ellas, en cualquier caso, es que buscan la participación afectiva  
y lo conmovedor. El arte sublime pone ante los ojos de los espectadores lo que  
el artista ha fantasiado; es decir, figuras y artificios rodeados por el esplendor de  
la belleza y la grandeza, las cuales justamente ocultan que se está ante figuras y  
artificios, pareciendo entonces que se representase lo vívido y lo verídico (2007,  
pp. 60-61). En el caso de 2001, esta idea de lo sublime, al igual que lo bello, parece  
verse arraigado dentro de la disposición particular con la que Kubrick emplea los  
elementos y figuras dentro de la narrativa visual de la película.  
En primer lugar, el filme desarrolla grandes pensamientos por medio del  
silencio. Siguiendo la concepción de Pseudo-Longino, la idea sin palabras suscita  
admiración a causa de su grandeza (2007, pp. 35-36). La película de Kubrick  
es, precisamente, una experiencia casi no verbal de imágenes que expresan  
grandeza (fotograma 6). El filme crea una experiencia visual que trasciende las  
limitaciones del lenguaje, con el fin de penetrar directamente en el subconsciente  
del espectador con su carga emotiva y filosófica. Por ello mismo, la expresión  
silenciosa y el gesto predominan sobre la expresión verbal, teniendo el mismo  
efecto que el silencio de Áyax, mencionado por el autor como uno de los ejemplos  
más logrados de lo sublime.  
En segundo lugar, la narrativa de la película se desarrolla en crescendo.  
Según Pseudo-Longino, la amplificación es un recurso que se sirve de “muchas  
intercalaciones de preámbulos y pausas, de modo que se suceden en continuidad  
grandes expresiones en progresión gradual” (2007, p. 46). Este conjunto de  
ideas, de pausas, reinicios e intensidad ascendente es muy utilizado por Kubrick  
en 2001, ya sea por medio de la notación musical para definir el aumento gradual  
de la intensidad o con las elipsis que se dan a lo largo de la película en torno a  
la evolución; siendo la más representativa la del hueso y la nave espacial, que  
representan el paso del pasado al futuro, de lo irracional a lo racional (fotograma  
7).  
Finalmente, Kubrick también parece desarrollar la emulación de la excelencia  
y la prolijidad. Según Pseudo-Longino, la imitación y emulación de los grandes  
artistas del pasado es un camino hacia lo sublime, al punto que “incluso los que no  
son fácilmente arrebatados son llevados al entusiasmo por la grandeza de otros”  
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(2007, p. 50). En el filme, esto se presenta con el uso de piezas y fragmentos  
de música clásica, en lugar de una banda sonora original que Kubrick había  
inicialmente encargado al compositor Alex North. El caso más conocido es el uso  
delaprimerasección(Amanecer)deAlsosprachZarathustra, poemasinfónicode  
Richard Strauss, para la escena titulada: “El amanecer del hombre” (fotogramas  
8 y 9). Dicho tema transforma totalmente el tránsito del simio a homínido, dotando  
de un carácter épico al uso del hueso como herramienta evolutiva. Por otro lado,  
al aparecer el mismo tema tanto al inicio como al final de la película, aporta un  
sentido envolvente a la odisea espacial y a la narración en su totalidad. La obra  
de Strauss, además, está también inspirada en el libro homónimo del filósofo  
Friedrich Nietzsche. Otro ejemplo de esta emulación creativa desde la grandeza  
de otros se aprecia con la utilización de El Danubio azul de Johann Strauss II,  
para acompañar la ingravidez del espacio y el movimiento dancístico de las  
naves espaciales. En lo que respecta a la prolijidad, lo sublime hace referencia a  
la medida adecuada y esto se observa, precisamente, por medio de la duración  
de la película. Aunque sus 149 minutos la hacen bastante extraordinaria respecto  
del estándar de Hollywood de ese entonces, se trata de una duración totalmente  
adecuada para su propia narrativa.  
En consecuencia, 2001 se configura como un discurso sublime bien logrado,  
en los términos clásicos de Pseudo-Longino, tanto en materia semántica como  
en mímesis creativa. Es una película icónica que trasciende en el tiempo y cuyo  
mensaje complace e impacta a todos debido a la grandeza y potencia expresiva  
de su realización.  
El presente ensayo ha evidenciado las coincidencias existentes entre los  
conceptos de lo bello de Panofsky y de lo sublime de Pseudo-Longino, y el  
contenido visual y semántico del filme 2001: Odisea del espacio. Por un lado, ha  
quedado claro que la búsqueda de la perfección y verosimilitud con la realidad  
natural que desarrolla la película está bastante ligada a la noción de belleza  
presente en el ideal de la concinnitas; y, por el otro, que lo sublime en la película  
se logró por medio de la disposición adecuada de las figuras y artificios de su  
discurso visual.  
Esteequilibrioocomplementoquehayentreambosmétodosderepresentación  
se puede concebir, en grandes rasgos, por su propia naturaleza cinematográfica  
que no solo le permite representar la realidad lo más similar al mundo real,  
sino que, a través de distintos medios, ya sean retóricos, artísticos o técnicos,  
puede mejorarla o hasta superarla en función de su propia narrativa fílmica y su  
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propuesta filosófica. No obstante, reducir el valor de 2001 a una suma de recursos  
—imágenes simétricas, efectos especiales verosímiles o música clásica— sería  
insuficiente. La maestría de Kubrick no radica en una fórmula replicable, sino en la  
manera en que articula forma y contenido: la simetría dialoga con la idea de orden  
cósmico, la frialdad de las actuaciones refleja la deshumanización tecnológica y la  
elección musical intensifica la dimensión filosófica del relato. Es en esta relación  
orgánica entre los elementos formales y el contenido conceptual donde la puesta  
en escena alcanza su complejidad.  
Así, 2001 se afirma como obra maestra no solo por su virtuosismo estético, sino  
porque cada decisión formal encarna y expande la reflexión sobre la evolución y  
el destino de la humanidad. De esta manera, se concluye que 2001 se configura  
no solo como una obra de gran calidad cinematográfica, sino también, filosófica  
y estéticamente hablando, como una de las obras audiovisuales más bellas y  
sublimes de la historia del cine. Finalmente, cabe señalar que el presente análisis  
constituye un acercamiento inicial desde el paradigma clásico de lo bello y lo  
sublime. Un desarrollo futuro podría enriquecerse con bibliografía especializada  
tanto en el pensamiento de de Panofsky y Pseudo-Longino como en los estudios  
específicos sobre 2001: Odisea del espacio, lo cual permitiría ampliar y matizar  
aún más las interpretaciones aquí planteadas.  
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Referencias bibliográficas  
Panofsky, Erwin. (1998). Idea. Contribución a la historia de la teoría del arte (María  
Teresa Pumarega, Trad.). Cátedra.  
Pseudo-Longino. (2007). De lo sublime (Eduardo Molina C. & Pablo Oyarzun R.,  
Trads.). Metales Pesados.  
Anexo: Fotogramas mencionados  
Cómo citar este artículo:  
Carrillo Garcia, G. (2025). El paradigma de lo clásico y lo sublime en 2001: Odisea  
del espacio. Trazos-Revista de estudiantes de Filosofía, 1(9),69 -78  
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