Artículo de  
Investigación  
El Concepto De Individuo  
Ante Los Usos De Los  
1
Algoritmos  
The Concept Of Individual In Relation To  
The Uses Of Algorithms  
Jesús Cuellar Ayala  
Universidad Nacional Autónoma de México. Ciudad de México, México.  
Recibido: 26 de Febrero de 2025  
Aceptado: 27 de Junio de 2025  
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO IX - VOL. I. - JUNIO 2025  
páginas 133-149 - E-ISSN 2591-3050  
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN  
1 El trabajo se realizó dentro del marco del proyecto PAIDI/007/24 La dignidad humana antes los retos de los  
usos de la inteligencia artificial  
Resumen: En el presente artículo se propone una concepción ontológica del  
individuo a partir de la noción de algoritmo, desde la implementación y uso de  
éstos en la vida cotidiana. Con esto, se busca señalar las implicaciones éticas y  
políticas que surgen al considerar la relación entre el individuo y los algoritmos, la  
cual se invierte, según se propone, partiendo del análisis de un marco político y  
económico occidental capitalista. De esta manera, se origina una nueva ontología  
del individuo, que lo categoriza como un individuo-como-producto, implicando  
una transformación en la valoración ética que incide directamente en el sentido  
político del desarrollo del individuo en su cotidianidad.  
Palabras  
clave:  
ALGORITMO-INDIVIDUO-RELACIÓN-ONTOLOGÍA-  
POLÍTICA  
Abstract: This paper proposes an ontological conception of the individual  
based on the notion of algorithm, their implementation and their uses in daily life.  
The aim is showing the ethical and political implications derived from the relation  
between the individual and the algorithms. Considering the political and economic  
framework of capitalism, it is proposed that the relationship between the individual  
and the algorithm is reversed, causing a new ontology of the individual which  
conceives this as an individual-as-a-product, with ethical implications which  
directly affect the political aspects of the individual’s everyday life.  
Keywords: ALGORITHM-INDIVIDUAL-RELATION-ONTOLOGY-POLITICS  
134  
Este artículo fue escrito con el apoyo de una  
beca de investigación recibida como miembro  
del proyecto PAIDI 007/42 “La dignidad humana  
ante los usos de la inteligencia artificial”  
Los algoritmos se han establecido como una tecnología con aplicaciones  
en la vida cotidiana, de fácil acceso para el individuo conectado al espacio digital  
e indispensable para la realización de diversas actividades y uso de servicios.  
Dado el incremento en el uso de esta tecnología, surge la necesidad de pensar  
la relación que se establece entre ella y los individuos que la utilizan, pues los  
algoritmos dejan de serexclusivamente una herramienta empleada en las ciencias  
matemáticas y computacionales, para pasar a adquirir una dimensión política.  
El presente artículo tiene como objetivo mostrar la dimensión política que  
se establece alrededor de los algoritmos a partir de su relación con el individuo.  
En esto, se busca plantear un sentido ontológico que pueda adquirir el individuo  
en el espacio digital, desde su relación con los algoritmos, y que permita mostrar  
las implicaciones éticas de esta relación.  
Se partirá de la noción del algoritmo y sus definiciones, con la finalidad  
de entender los elementos que lo integran y que se establecen alrededor de él.  
Posteriormente, se pretende mostrar sus usos y la función que tiene en el espacio  
digital como recurso para la obtención, ordenamiento y análisis de información.  
Finalmente, se busca dar una caracterización del sentido ontológico que adquiere  
el individuo, a partir de su relación con los algoritmos, y que se despliega en el  
espacio digital, al cual accede en el espacio físico que habita. Es preciso aclarar,  
que este último espacio es el objetivo principal.  
Problematizar la relación entre el individuo y los algoritmos, así como la  
dimensión política que resulta de ella, abre el espacio para pensar diferentes  
aspectos en relación a los algoritmos y las tecnologías. ¿Cómo se concibe el  
individuo ante ellas, ante su uso y su aplicabilidad? ¿Qué responsabilidad ética  
surge? ¿A qué responden? ¿Cuáles discursos y qué intereses hay tras de ellos?  
La Noción de Algoritmo  
Para hablar de la relación del individuo con los algoritmos y la aplicabilidad  
de estos en la vida cotidiana, es necesario comenzar por su definición. Los  
algoritmos son procesos computacionales que siguen un número agotable de  
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instrucciones precisas en su ejecución, con el objetivo de obtener un resultado  
específico; se entienden como un proceso computacional determinado, finito,  
aplicable y efectivo. En una definición informal, se pueden comprender como un  
procedimiento que sigue un número finito de instrucciones precisas y dadas, a un  
ejecutor que tiene como finalidad cumplir un objetivo, sabiendo qué hacer y cómo  
hacerlo, realizándolo en un periodo temporal limitado. Son entonces, estructuras  
de control compuestas, reducidas, abstractas y efectivas que tienen la finalidad  
de la realización de un fin resuelto bajo disposiciones determinadas de manera  
imperativa (Nicola, 2013).  
Los algoritmos se encuentran presentes en la vida diaria y tienen una  
aplicación directa, ya sea a través del uso que hace el usuario de servicios y  
plataformas, o desde dispositivos de uso cotidiano. Estos, se han constituido  
como una parte íntegra del individuo en la contemporaneidad, lo cual manifiesta  
la necesidad de cuestionarlos, así como de cuestionar su uso y aplicabilidad.  
La primera pregunta relevante, es el cómo se entiende el concepto de  
algoritmo. Una noción que responda al uso y a sus aplicaciones en el contexto  
político y social de la época contemporánea, se aleja de la definición clásica que  
se plantea desde las matemáticas y las ciencias de la computación. Esta noción  
clásica,sepuedecomplementardesdetresaspectosqueinfluyenenlosalgoritmos  
y que permiten entender su relación con el individuo ante su aplicabilidad en un  
aspecto social: los metadatos, la inteligencia artificial y la arquitectura.  
Los metadatos son entendidos como la suma de toda la información que  
se tiene sobre algo determinado. Se entiende que; “metadato es toda aquella  
información descriptiva sobre el contexto, calidad, condición o características  
de un recurso, dato u objeto que tiene la finalidad de facilitar su recuperación,  
identificación, evaluación, preservación o interoperatividad” (Senso, 2003, p.  
99). Considerándolos desde la inferencia estadística es que se comprende cómo  
estos forman parte del algoritmo, pues estos, por medio del uso de funciones de  
búsqueda, obtienen datos sobre los datos con el objetivo de describir, identificar y  
definir recursos para filtrar e informar sobre sus condiciones de uso (Senso, 2003,  
pp. 97-98).  
Desde la obtención de metadatos se comprende otro de los elementos que  
inciden en la aplicación de los algoritmos: la inteligencia artificial. Las tecnologías  
de dicha inteligencia cobran relevancia ante la proliferación del uso de los  
algoritmos. Esto se debe a que una de sus principales aplicaciones consiste en  
almacenar bases de datos para su posterior análisis y procesamiento mediante  
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técnicas de machine learning, deep learning, toma de decisiones, representación  
del conocimiento, administración y optimización de redes, solución de problemas,  
entre otros. Así “la inteligencia artificial es un conjunto de mecanismos,  
herramientas y procesos computacionales que tienen como fin el aprendizaje  
automático, el reconocimiento sensorial, identificación de patrones, entre otras  
cosas” (Lemus, 2023, p. 2), facilitando el análisis de los datos recabados gracias  
al uso de los algoritmos. Su aplicabilidad, en relación con los algoritmos, introduce  
uno de los principales problemas que surgen al considerar el uso de estos en la  
cotidianidad, en su relación con el individuo entendido como usuario, pues los  
algoritmos;  
<<dependen de gestionar, comprender y responder a la cantidad  
masiva de datos generados por los usuarios en tiempo real>>.  
No sólo a través del teclado, donde la contribución del usuario es  
deliberada, sino a través de sensores, donde la transacción de datos  
es invisible. (Peirano, 2019, p. 229)  
Los algoritmos adquieren una nueva dimensión, pues su sentido ya no se  
encuentra únicamente en función de su utilidad tecnológica, sino que adquieren  
una nueva relevancia política, social y ética. De esta forma, los algoritmos dejan  
de ser exclusivamente una construcción lógica-matemática, y comienzan a ser  
usados para describir condiciones legales y sociales en gran escala (Roio, 2018,  
p. 17), puesto que los datos recabados de los usuarios son de importancia en  
marcos políticos, económicos y sociales. Desde esto, se comprende el tercer  
elemento que constituye esta idea: la arquitectura de las redes.  
La topografía de los algoritmos surge como un concepto que permite  
comprender la conjunción de estos en una dimensión digital que es abstracta, en  
la que se presentan condiciones para todo lo que existe en ella (Roio, 2018, p. 17).  
Es decir, se brinda un espacio posibilitado por el propio conjunto de los algoritmos,  
los cuales establecen las condiciones de existencia dentro de este. Los esquemas  
algorítmicos, establecen las condiciones que determinan una ontología dentro del  
espacio virtual, en una arquitectura de la zona digital definida por “el anonimato  
relativo, la distribución descentralizada, múltiples puntos de acceso, ausencia  
de necesidad de ataduras geográficas, inexistencia de un sistema simple para  
identificar contenidos y herramientas criptográficas” (Peirano, 2019, p. 186). La  
dimensión digital, se constituye como un territorio que permea en la cotidianidad  
del individuo, siendo este un usuario que vive en esta nueva arquitectura definida  
desde el algoritmo; una arquitectura que permite la interconexión entre usuarios  
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en un entorno específicamente definido. Los algoritmos empiezan a darle forma a  
los espacios, tanto físicos como virtuales, que habitamos, por lo que la necesidad  
de establecer un marco teórico sobre la dimensión social y política de estas  
tecnologías, así como de sus implicaciones éticas, se hace evidente.  
Los distintos aspectos que influyen en la constitución de estos esquemas,  
muestran su complejidad. La dimensión política de sus usos y aplicaciones se  
entiende no sólo desde los propios algoritmos y los datos obtenidos a través de  
ellos, sino también desde la aplicación de tecnologías de inteligencia artificial que  
tienen la finalidad de recopilar y analizar esta información. Todo esto, posibilita  
la creación de un espacio virtual dotada de una arquitectura y de condiciones  
específicas dentro de las cuales interactúa el individuo.  
El Uso de los Algoritmos  
La noción del algoritmo lleva a pensaral espacio digital no como un servicio,  
sino como una infraestructura. Es un “conjunto de servidores, conmutadores,  
satélites, antenas, routers y cables de fibra óptica controlados por un número  
cada vez más pequeño de empresas” (Peirano, 2019, p. 2) desde el cual se crea  
una arquitectura que determina el uso de los algoritmos.  
Pensar al espacio digital en su relación con el espacio físico, permite  
comprender la finalidad de la implementación del uso de los algoritmos en la  
cotidianidad, a partir de la visión del sistema político y económico predominante  
en la época contemporánea: el capitalismo. “Bajo el esquema comercial el  
principal uso de la inteligencia artificial [así como de los algoritmos en general]  
es para el manejo, extracción e interpretación de datos” (Lemus, 2023, p. 2), de  
acuerdo a los intereses particulares de las instituciones que los desarrollan. Los  
datos adquieren, entonces, una dimensión económica, pues estos son obtenidos  
y valorados en tanto responden a una necesidad y una utilidad que les son dadas  
por las instituciones.  
Dichos datos, que darán forma al espacio digital, son obtenidos desde  
el espacio físico, por lo que lo digital se constituye como una transformación  
del espacio terrenal. Sin embargo, dado que esta zona digital cuenta con  
una arquitectura propia y con condiciones particulares en la existencia de los  
elementos que coexisten en ella, es necesario establecer el sentido del usuario  
dentro de este espacio que, cada vez más, se constituye como una parte de la  
vida cotidiana.  
¿Cuál es el estatus del individuo en esta infraestructura definida por los  
138  
algoritmos? En primera instancia, ingresa al espacio digital en calidad de usuario.  
Y accede a este espacio precisamente desde los algoritmos, ofreciendo sus  
datos, los cuales son obtenidos y analizados, y desde los cuales se da forma a  
la arquitectura digital. Los algoritmos se establecen como el mediador entre el  
individuo y el espacio digital, pues estos permiten que el usuario ingrese a ella,  
definiendo tanto al individuo como a la arquitectura del espacio digital a partir de  
su uso.  
La topología del espacio digital se encuentra definida por el uso de dichos  
algoritmos, los cuales no sólo permiten la obtención y procesamiento de datos,  
sinoquetambiénenellosseencuentrandiferentesaspectossociales, económicos  
y políticos que se introducen y que van a definir este espacio:  
(...) los algoritmos de búsqueda recogen una gran cantidad de  
información y la organizan de acuerdo a lo que el anunciante ha  
pagado a los programadores para encontrar. Así, a través de los  
datos se constituye una infraestructura hipercompleja de solicitudes  
de búsqueda diarias. (Roio, 2018, p. 5)  
El uso de los algoritmos se establece en cuanto estos se constituyen como  
una herramienta cuya función es recabar información. Sin embargo, dado que  
esta tecnología es desarrollada por instituciones, que pueden cumplir funciones  
tanto económicas como políticas, la obtención, organización y análisis de esta  
información estará determinada por intereses específicos. Los algoritmos no son,  
entonces, estructurasindependientessinoque, másbien, sonestructurascreadas  
a partir de propósitos específicos. Los aspectos que van a definir la topología del  
espacio digital se extraen desde el espacio físico, ya que las tecnologías que lo  
constituyen se establecen como una extensión digital de las instituciones que las  
desarrollan.  
En este sentido, en tanto tecnología creada y servicio ofrecido, los  
algoritmos responden a los intereses bajo los cuales fueron desarrollados. Así,  
permiten la expansión de los aspectos económicos y políticos en el espacio digital  
a partir de la obtención y el análisis de información12.  
A partirde esto, se puede pensaral individuo como usuario en dos sentidos:  
1
2 Esto es resultado de los diferentes usos que pueden tener los algoritmos. Estos pueden responder a  
preocupaciones económicas y políticas, posibilitando, por ejemplo, el desarrollo de campañas de merca-  
dotecnia adecuadas a cierto público o facilitando la implementación de mecanismos de vigilancia y de  
control a partir de las bases de datos de los usuarios que recaban distinta información sobre estos, como lo  
puede ser su ubicación, sus hábitos y sus intereses.  
139  
de un espacio digital y de una empresa. Desde el individuo como usuario ante una  
empresa, se configura una relación económica en la que el primero, inicialmente  
en calidad de cliente, se constituye como consumidor de un producto, pues el  
individuo hace uso de un servicio de una infraestructura, ofrecido poruna empresa.  
No obstante, en una consideración más general, cabe preguntar ¿quiénes son los  
verdaderos clientes de las empresas que ponen su infraestructura al servicio del  
individuo? Desde el marco teórico capitalista, se puede advertir que el negocio  
de las empresas es “investigar, evaluar, clasificar y empaquetar a los usuarios  
en categorías cada vez más específicas para vendérselas a sus verdaderos  
clientes, que incluyen dictadores, empresas de marketing político y agencias  
de desinformación” (Peirano, 2019, p. 19). La configuración del individuo como  
consumidor se transforma porque este ya no se constituye como el cliente directo  
de las empresas. Y también cambia la relación del individuo ante el algoritmo.  
Esta transformación de la relación, establece el sentido del individuo  
ante el espacio digital y configura tanto la relación con los algoritmos como sus  
usos, reduciendo el valor de él a un aspecto económico. En esto, el uso de los  
algoritmos se establecerá en función de incrementar el valor del individuo en el  
mercado, por medio de la obtención de datos y metadatos sobre él que puedan  
ser capitalizados.  
De esta manera, en esta relación, el usuario ofrece datos tales como sus  
hábitos de consumo, estadísticas de las páginas a las que se accede, uso de  
diversas plataformas y servicios, así como horarios, lugar y medio de acceso. Sin  
embargo, el intercambio de información no se da siempre de manera consciente.  
Los algoritmos adquieren también información personal del usuario, como lo  
puede sersu dirección IP, el equipo informático que se usa, el navegadorpormedio  
del cual se accede al espacio digital y, gracias al uso cotidiano de dispositivos y  
registros por medio de aplicaciones de identificación biométrica, pueden obtener  
también información sobre el rostro, la huella dactilar o la voz, por ejemplo.  
La necesidad de problematizar el consumo de estos esquemas, su  
implementación en la vida cotidiana, su regulación y la condición del individuo  
como usuario de ellos, a partirde consideraciones éticas y jurídicas, se incrementa  
al considerar que la obtención de la información del individuo no se mantiene  
exclusivamente en un marco económico, sino que tiene también implicaciones  
políticas. Es decir que, la obtención de información del individuo, así como los  
algoritmos en general, pueden ser usados como un medio de vigilancia.  
En relación a esto, si la vigilancia y el control eran ejercidos por las  
140  
instituciones en el espacio físico, el uso de los algoritmos y su implementación en  
la cotidianidad de la época contemporánea ha permitido que esta se expanda por  
el espacio digital. Más aún, la interacción del usuario dentro de este espacio digital  
ha permitido que él mismo se constituya no sólo como el sujeto de vigilancia,  
sino que también es él el sujeto que vigila. Las dinámicas de control, se acentúan  
gracias al uso de los algoritmos, ya que se facilita vigilar al sujeto, en tanto que  
este brinda datos que permiten ejercer un mayor control sobre él. A la vez, tanto él  
como diferentes instituciones comienzan a cumplir la función de vigilante a través  
de la obtención y visualización de datos de los demás; si el ideal de la vigilancia  
y el control institucional encontró su formulación en el panóptico foucaultiano,  
los algoritmos han permitido cumplir este ideal, posibilitando la vigilancia en el  
espacio físico a través de su continuidad con el espacio digital.  
El uso de los algoritmos no es, entonces, exclusivamente económico  
sino que adquiere también un sentido político, puesto que “los algoritmos son la  
expresióndecondicionessociopolíticasquepuedenobservarsecomoconcebidas  
e implementadas para permitir diferentes niveles de seguridad, fiabilidad y  
confianza, así como para influir en la constitución social del individuo, en sus  
valores y aspiraciones” (Roio, 2018, p. 13). Esto, manifiesta el sentido político  
que adquiere el uso de los algoritmos y la dimensión política de la dimensión  
digital debido a que responden a intereses sociales específicos por lo que ejercen  
funciones que pueden ser económicas o políticas por ejemplo.  
Desde aquí se puede cuestionar la relación mutuamente determinante  
entre las compañías y el gobierno, entre lo económico y lo político, así como la  
influencia de estas instituciones en la cultura, concretamente en la sociedad  
occidental. De igual forma, la dimensión política que adquiere el espacio digital,  
permite interrogar los discursos que fundamentan el diseño de los algoritmos  
y cómo estos ayudan a sostenerlo. Esto, porque el diseño y la implementación  
de estas tecnologías responde a intereses de diferentes tipos: “el diseño y la  
implementación de los algoritmos tienen una estrecha relación con el diseño  
e implementación de sistemas de gobierno” (Roio, 2018, p. 62). Por lo que se  
entiende que los algoritmos no son entidades independientes.  
En este sentido, se plantean preguntas éticas respecto a los algoritmos y  
su relación con el individuo. Si los algoritmos se constituyen como tecnologías  
de vigilancia, ¿estas tecnologías son capaces de ejercer la censura, coartar las  
libertades civiles o traicionar la confianza de los usuarios? Más aún, la relación  
con los algoritmos cuestiona el propio sentido y la forma de concebir al individuo,  
141  
especialmente al considerar la coexistencia de este en un espacio digital.  
El Individuo Ante los Algoritmos  
El estatus del individuo, en su relación con los algoritmos, se despliega  
en dos espacios: el físico y el digital. Además, cuenta con la implicación de que  
aquellos aspectos que influyen en el espacio físico del individuo se vean reflejados  
también en el espació digital, al cual éste accede.  
Si se busca establecer el sentido del individuo ante los algoritmos, es  
necesario entender esta relación. Para esto, hay que comprender, primero, el  
sentido de la relación en el espacio más inmediato del individuo: su espacio físico.  
La cultura occidental se encuentra enmarcada en un sistema político y económico  
concreto. El despliegue del capitalismo es una condición necesaria para que el  
mundo en el cual habitamos sea tal y como es y, por ende, para que el individuo  
adquiera su sentido particular en la cultura, pues este sistema;  
(...)es una forma de organizar las cosas en una sociedad; un  
modo de relacionarnos, de mirarnos, de decirnos. Es una manera de  
estructurar el mundo que instaura una forma de vida, una manera de  
habitar el mundo; que instituye un conjunto de prácticas y que estas  
configuran nuestras relaciones sociales y estructuran un modo de  
ser del mundo. (Eraña, 2021, pp. 59-60)  
Desde este marco, se configura el estatus del individuo en donde se  
establecen los ámbitos políticos y económicos en los cuales éste se desenvuelve  
y en los cuales es. El estatus que adquiere, desde el capitalismo, no se mantiene  
exclusivamente en el espacio físico, sino que influye también en el espacio digital.  
Pensando la relación entre el individuo y los algoritmos, desde el marco teórico  
del capitalismo y desde una economía del consumismo, se comprende el por qué  
su valor se reduce a su valor en el mercado.  
Esta reducción, se incrementa en la dimensión digital, puesto que en esta  
topología, configurada desde el algoritmo, el individuo se define a partir de sus  
datos: “lo que tenemos que ofrecer, que puede ser extraído de nuestro cuerpo  
comovalorsonnuestrosdatos(Lemus, 2023, p. 6). Enelespaciodigital, elestatus  
del individuo se determina desde el perfil psicométrico del usuario, el cual infiere  
en sus rasgos de personalidad a través de los datos y acciones que registran las  
plataformas de las cuales este hace uso. Y, si los algoritmos determinan el estatus  
delindividuo, tambiénempiezanadarleformaalosespaciosfísicosyvirtualesque  
habitamos” (Lemus, 2023, p. 8). Entonces, el sentido de la topología del espacio  
142  
digital como la ontología del individuo se encuentran mutuamente determinados:  
el espacio virtual, posibilitado por el acceso del usuario a él, determina el propio  
sentido del individuo con base en la transferencia de información que se realiza  
dentro de un espacio. Además, en dicho espacio: “pensamos que nosotros  
somos los que elegimos, pero ‘no nos damos cuenta de que, una vez que hemos  
apretado los botones adecuados, estamos dando toda la información al sistema  
para que nos manipule’” (Peirano, 2020).  
Desde un sistema económico que considera a los miembros de la sociedad  
como meros consumidores, en una estructura y economía de la atención, y en  
un modelo de negocios basado en la extracción de datos, el valor de la sociedad  
“se mide tan sólo en la cantidad y la velocidad del intercambio de información”  
(Han, 2013, p. 23). En el espacio digital, definido por el uso de los algoritmos, la  
ontología del individuo es reformulada, puesto a que, no solo es que el valor de  
este sea reducido a su valor económico, sino que el sentido mismo de él queda  
reducido a la base de sus datos se obtienen y estructuran. Así, se convierte a cada  
persona viva en una celda de su base de datos, surgiendo una nueva ontología  
del individuo como mera información.  
Esta ontología, trae consigo nuevas formas de pensar al individuo. En  
la topología del espacio digital, gobernada por los algoritmos, se producen  
dinámicas de desubjetivación en las cuales el sentido del individuo se transforma,  
cambiando las consideraciones éticas y políticas. Desde la ética, se advierte que la  
dignidad del individuo es vulnerada, pues el valor de este ya no se fundamenta en  
su carácter ontológico como persona, sino que surge desde aspectos diferentes  
y externos a él.  
Desde los algoritmos, se define la ontología del individuo en el espacio  
digital y, por ende, su valoración ética y su concepción política. De esta manera,  
pueden ser usados para crear un espacio topológico con nuevas relaciones que  
son constituidas y calculadas en formas independientes de otros aspectos de la  
vida de los participantes (Roio, 2018, p. 8).  
En relación a esto, la dimensión política y económica que manifiesta el uso  
de los algoritmos reformula la relación con el usuario. Si en un inicio el individuo  
se establecía ante los algoritmos como un usuario que consumía los servicios y  
la infraestructura, en la nueva ontología definida por los algoritmos, éste pasa a  
establecerse como el producto de estas tecnologías, pues “existe una interacción  
mutua entre el algoritmo y la persona, este nos da la información que buscamos,  
pero a la par toma nuestra información y la usa para reinsertarla en el proceso”  
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(Lemus, 2023, p. 8). Entonces, esta nueva ontología hace que el individuo pierda  
su personeidad para constituirse únicamente como un individuo-como-producto,  
determinado desde una base de datos que los algoritmos elaboran de él en su  
condición de usuario.  
La concepción ontológica del usuario reducido a una base de datos,  
posibilita el surgimiento de este individuo-como-producto, pues desde esta  
ontología el ser de éste se fundamenta en su valor como mercancía. Es entonces,  
que se pierde todo su valor como individuo y, más aún, como ser humano, debido  
a que las dinámicas del espacio digital que surgen desde su relación con los  
algoritmos lo despersonalizan. De este modo, el individuo ya no se constituye  
como persona y su personalidad ya no se fundamenta en su valor humano, sino  
que el valor de su identidad, que es creada desde los algoritmos, es su capacidad  
de cotizar en la bolsa. En esta concepción ontológica donde el usuario es definido  
desde la base de datos obtenidos de él “el yo se transforma en ‘un producto  
envasado que compite con otros en un mercado abierto regulado por la ley de la  
oferta y la demanda’” (Eraña, 2021, p. 79).  
En esto, el sujeto es individuo y producto a la vez, lo que se puede  
comprender a partir del sentido metafísico que acompaña a esta concepción  
ontológica. La naturaleza del individuo se establece como una naturaleza dividida  
que, además, se experimenta como separada de la realidad a la que pertenece, ya  
que su despliegue en el espacio digital lo separa de su espacio físico. El individuo-  
como-producto, identificado con la base de datos que se ha elaborado en torno a  
él, superando la escisión entre ser solamente sujeto o solamente objeto, termina  
por ser un sujeto alienado a través de la cosificación de su identidad digital.  
La ontología del individuo en el espacio digital transforma también su  
valoración. Si anteriormente la fundamentación del valor ético del individuo era su  
estatus de ser humano, el sistema político y económico de la sociedad occidental  
pasó a fundamentar este valor en su estatus como consumidor y usuario. El  
concepto de individuo, que surge a partir de la relación con los algoritmos, el  
individuo como una base de datos y el individuo-como-producto, ha provocado  
que el valor del individuo se fundamente en el valor de sus datos. Desde esta  
ontología, el ser humano deja de ser humano, pues la persona pierde toda  
personalidad y el individuo pierde su particularidad. Pasa a ser el ser de sus datos,  
por lo que la ética del individuo se establece en función de la utilidad y la economía  
de estos:  
144  
Las personas dejamos de serfines: somos medios o instrumentos  
útiles para alcanzarlos fines de las otras que, la mayoría de las veces,  
están determinados por los intereses privados de unas cuantas, de  
aquellas que se enriquecen a costa de las otras. Si dejamos de ser  
fines, dejamos de ser vistas y tratadas como personas. Es decir,  
dejamos de ser tratadas como sujetos de relaciones, como seres  
capaces de tomar decisiones, de ocupar un lugar en el tiempo. Se  
nos deja de considerar alguien; se nos considera algo. (Eraña, 2021,  
pp. 82-83)  
La eliminación de la distinción entre el sólo sujeto y el sólo objeto que  
caracteriza al individuo-como-producto, conlleva una transformación de la  
fundamentación metafísica del valor del individuo. Es decir, si el individuo deja  
de ser solamente sujeto entonces se pierde la fundamentación metafísica de  
la ética del sujeto como un fin en sí mismo, dando lugar a una fundamentación  
ética del sujeto como objeto. El uso de los algoritmos no solo despersonaliza al  
individuo en el espacio digital a través de la alienación de este en su despliegue  
como conciencia dividida, sino que, al transformar la concepción ontológica,  
incide también en el espacio físico en el cual habita, lo que implica nuevas  
consideraciones políticas.  
Desde un colonialismo de datos en el cual los algoritmos les permiten a  
las instituciones una explotación de los datos de los individuos, estos algoritmos  
ya no sólo interpretan sino que construyen también las relaciones humanas. “Los  
algoritmos gobiernan a los seres vivos no solamente interviniendo y educando  
sus cuerpos y mentes, sino haciendo inferencias de datos obtenidos por ellos y  
actuando sobre éstas” (Roio, 2018, p. 8). Por ende, el despliegue de los algoritmos  
incide en el espacio físico, actuando sobre el individuo también en este territorio.  
Si la concepción ontológica del individuo-como-producto reduce al individuo a  
una base de datos, esto no solamente determina su valor, sino que también define  
este dentro de la sociedad. El espacio digital, tiene una topología continua con  
el espacio físico; a cada base de datos dentro de la primera le corresponde un  
individuo que habita en la segunda. Ya no es únicamente que el espacio digital  
que cohabita el individuo sea una esfera privada y cerrada que elimina el afuera,  
un espacio creado por y para él, desde la obtención y el análisis de sus datos, sino  
que su estatus adquirido en el espacio digital se continúa en el espacio físico.  
La reducción ontológica del individuo a una base de datos que se expande  
145  
en el espacio físico conlleva la necesidad de plantear nuevas preguntas. En el  
marco político y económico occidental cobra relevancia cuestionar a quién se  
le otorgan nuestros datos; ¿quién tiene acceso al ser del individuo? Pues todo  
flujo asimétrico de la información produce una relación de poder y dominio  
que fundamentan la estructura política contemporánea. El individuo-como-  
producto establece una nueva dinámica en las relaciones entre los sujetos con  
las instituciones, principalmente ante las económicas y políticas. El sujeto es  
ahora producto de estas instituciones o, en otro sentido, el sujeto es propiedad  
de las instituciones pues, dentro de esta ontología, las instituciones políticas y  
económicas, al poseer la base de datos del individuo, poseen también el ser del  
individuo.  
Sin embargo, “los consumidores se entregan voluntariamente a las  
observaciones panópticas, que dirigen y satisfacen sus necesidades. Aquí, los  
medios sociales ya no se distinguen de las máquinas panópticas. Coinciden  
comunicación y comercio, libertad y control” (Han, 2013, p. 94). El sujeto es, al  
mismo tiempo, el responsable y la víctima de su condición de individuo-como-  
producto en un proceso de autoalienación, una alienación del sujeto con respecto  
a sí mismo por medio de sí mismo. Aquí, sus datos lo definen al mismo tiempo que  
establece sus necesidades, subordinándolo a un régimen de control en el cuál él  
ya no es dueño de sí mismo, pero al cual se entrega voluntariamente.  
Conclusiones  
El concepto del algoritmo surge en un contexto científico, originando una  
forma de entenderlos que responde a las necesidades de las ciencias y a su uso  
en un sentido formal. Sin embargo, estos han dejado de responder a necesidades  
exclusivamente científicas, constituyéndose ahora como una parte íntegra de la  
vida cotidiana debido a la implementación de estos en servicios y dispositivos de  
uso cotidiano.  
Los algoritmos pueden adquirir un nuevo sentido siendo entendidos  
no solamente como un proceso definido de instrucciones para que un ejecutor  
realice un objetivo en un tiempo finito, sino que también, complementando el  
sentido científico que les da origen a partir de una dimensión política en la cual  
se establece una relación entre los individuos y los propios algoritmos. Dicha  
dimensión, surge al considerar al espacio digital como una infraestructura privada  
ofrecida como servicio por parte de empresas e instituciones. El espacio digital,  
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adquiere un sentido económico y una dimensión política que se fundamentan  
en el espacio físico, pues dependen de los intereses de las instituciones y de los  
sistemas de poder predominantes.  
Dado que en la época contemporánea el individuo se desenvuelve en  
gran parte dentro de un espacio digital, es necesario considerar su sentido en  
este espacio. En un primer sentido, el usuario se constituye ante una empresa,  
haciendo uso de un servicio y de una infraestructura específica, no obstante, en el  
espacio digital, se establece una nueva ontología del individuo, fundamentada en  
su calidad de usuario y posibilitada por los algoritmos y sus usos.  
Si los algoritmos se constituyen como el mediador entre el individuo y el  
espacio digital, ellos son los que definen al individuo y su sentido, el cual ya no se  
fundamenta en la concepción ontológica del ser humano, sino que se establece  
en función de los datos que elaboran un perfil sobre él. Entonces, el sentido  
ontológico del individuo en el espacio digital es en función de este como una base  
de datos.  
Este reduccionismo, impuesto por los algoritmos ante una ontología del  
individuo, se sobrepone a formas previas de procedimientos de normalización  
estatal y empresarial. El individuo no se reduce únicamente a una base estadística  
de datos elaborada a partir de parámetros tradicionales, sino que los algoritmos,  
además de poder extraer más información y de analizarla en menor tiempo,  
determinan el sentido de éste en su interacción con él mismo. Esto, causa que  
se lo defina como un producto, y, a la par, provoca que también el individuo ejerza  
una relación activa de usuario ante los algoritmos.  
Esta ontología, se da igualmente por la relación del individuo con el espacio  
físico. Los discursos establecidos en el espacio físico determinan la forma que va a  
adquirir el espacio digital, por lo que este último se establece, no como un espacio  
independiente, sino como un espacio continuo con el espacio físico. La ontología  
del individuo puede ser pensada desde su despliegue en ambos espacios,  
puesto que, si dicha ontología en el espacio digital se define a partir de los datos  
obtenidos de él, esta concepción responde a los intereses, a los discursos y a la  
propia concepción del individuo establecido en el espacio físico. La reducción de  
este último a una base de datos, no es exclusivo del despliegue de él en el espacio  
digital, sino que es resultado de los discursos ya establecidos en el espacio físico,  
los cuales son sostenidos y expandidos por los algoritmos, principalmente en  
el espacio digital. El sentido en el cual se concibe el individuo en el mencionado  
espacio, es resultado del sentido, valga la redundancia, en el cual se concibe el  
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individuo en el espacio físico como sujeto de un medio político y de un sistema  
económico. La reducción ontológica del individuo a sus datos incrementa las  
dinámicas físicas, debido a que esto establece su aptitud en función de su valor  
económico, al mismo tiempo que facilita las dinámicas políticas de control y de  
vigilancia ejercidas sobre él.  
Lo que resulta pensar esto en ambos despliegues, conlleva implicaciones  
éticasypolíticas.Desdelaperspectivaética,seplanteaquelareducciónontológica  
del individuo genera una vulneración a la dignidad del ser humano, pues su valor  
ya no se fundamenta en su carácter como tal, sino que pasa a establecerse acorde  
a un valor mercantil, económico y político que lo concibe como una mercancía. Es  
despersonalizado y deshumanizado dentro de un sistema político y económico.  
De igual forma, la concepción ontológica del individuo que surge, construye  
las relaciones de éste, definiendo su valor social, adquiriendo así implicaciones  
políticas. La concepción ontológica del individuo-como-producto no tiene una  
importancia exclusivamente económica sino que, en una perspectiva política,  
su valor recae en que también permite acentuar las dinámicas de poder, de  
control y d vigilancia que fundamentan la estructura política social, facilitando su  
implementación y ejecución y haciendo coincidir la libertad con el control.  
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Cómo citar este artículo:  
Cuellar Ayala, J. (2025). El concepto de individuo ante los usos de los algoritmos.  
Trazos-Revista de estudiantes de Filosofía, 1(9), 133 - 149  
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