
TRAZOS - AÑO IX – VOL.II – DICIEMBRE 2025 - e-ISSN 2591-3050
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Georges Perec: espacio, cuerpo, límite
Georges Perec, en Especies de espacios, introduce su reexión espacial a
partir de la imagen de un mapa en blanco, tomado de La caza del Snark de Lewis
Carroll, al que denomina “Mapa del Océano”. Este mapa no ofrece trazos ni
coordenadas, y carece de puntos cardinales, presentando así un espacio abierto,
libre e incluso interpretable como vacío. La única delimitación perceptible son los
bordes de la hoja, que contienen esa extensión innita: sin ellos, el espacio sería
un continuo inabarcable. La elección de Perec evidencia una primera operación
conceptual: situar los límites como condición necesaria para percibir y pensar el
espacio, estableciendo una noción de frontera que no depende de referencias
absolutas, sino del marco desde el que el sujeto observa.
El autor enfatiza que su interés no se centra en el vacío, sino en aquello que lo
rodea o se encuentra dentro de estos límites: “Al principio, no hay gran cosa: la
nada, lo impalpable, lo prácticamente inmaterial: la extensión, lo exterior, lo que
es exterior a nosotros, aquello en medio de lo cual nos desplazamos, el medio
ambiente, el espacio del entorno” (Perec, 1974, p. 23). Perec nos da un punto de
partida respecto a su obra. En primera instancia, negando la percepción clásica del
vacío, nos hace pensar el espacio como esa demarcación matemática inmaterial,
pensada como los límites que lo bordean. Luego agrega otro aspecto, lo interior
de esos límites, en tanto extensión y exterioridad de la percepción individual,
supercie de relieves y cuerpos heterogéneos que se relacionan, donde también
nos ponemos en movimiento y nos desplazamos. Es importante agregar desde
que terminología dene este espacio, utilizando una terminología relacionada con
la física, y se reere al entorno o medio ambiente, también conocido como mileu.
Esta cita sugiere que el espacio se construye desde la experiencia situada: no
como una abstracción innita, sino como una supercie tangible donde cuerpos
y objetos interactúan. En otras palabras, el espacio no se percibe de manera
uniforme o absoluta, sino que se maniesta a través de los límites que conguran
la percepción individual y la interacción con el entorno físico.
Perec extiende esta idea al enfatizar la proximidad de los espacios de
experiencia cotidiana:
El espacio. No tanto los espacios innitos, aquéllos cuyo mutismo,
a fuerza de prolongarse, acaban provocando algo que parece miedo,
ni siquiera los ya casi domesticados espacios interplanetarios,
intersiderales o intergalácticos, sino espacios mucho más próximos,
al menos en principio: las ciudades por ejemplo, o los campos, o los
pasillos del metropolitano, o un jardín púbico. (Perec, 1974, p. 23)