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TRAZOS - AÑO IX – VOL.II – DICIEMBRE 2025 - e-ISSN 2591-3050
teórica alternativa y crea un campo de signicaciones que desnaturaliza el mundo
conocido sometiéndolo a otras lógicas” (2020, p. 51). Resulta sugerente advertir
cómo la lógica dominante produce, en última instancia, la alteridad que refuta su
propio sistema de coherencia.
El monstruo insurrecto de Santillán propone, en el fondo, la posibilidad de una
fuga del paradigma humanista que plantea al ser humano como centro y medida
de todas las cosas, fundamentado en el modelo extractivista, colonizador y
patriarcal.
De la mano de la losofía mecanicista de Descartes y Hobbes, como explica
Federici (2010), la naturaleza y el cuerpo humano comienzan a ser pensados
como máquinas; se los reduce a “leyes naturales” regidas por fuerzas mecánicas.
El cuerpo se concibe como materia pura que actúa por inercia, sin razón y sin
capacidad de sentir, “una colección de miembros”, según Descartes; y que según
Hobbes, operan por causalidades externas como autómatas, tal como recupera
Federici en su libro (2010, pp.190-191). Así, el cuerpo se convierte en una “cosa”,
divorciado de la persona. De esta manera, convertido en cosa, se vuelve un útil.
En este modelo, el ser humano se convierte en objeto de estudio para la ciencia.
Su cuerpo, despojado de la dignidad del alma, deja de formar parte de un todo
divino como en el modelo medieval, para transformarse en un objeto más de la
naturaleza, susceptible, al igual que ella, de ser dominado y poseído. En palabras
de Boeaventura Santos, citando a Bacon, “la ciencia hará de la persona humana
el señor y poseedor de la naturaleza” (2009, p. 23).
Coherente con el proyecto industrial y nacionalista bélico, la concepción del
ser humano que promueve este paradigma enajena al individuo de su experiencia
afectiva y coloca la razón (del hombre blanco) como facultad primera. No obstante,
a partir de los siglos XIX, XX y XXI, esta matriz ha sido interpelada por diversas
corrientes críticas que expusieron la “cara oculta” de la modernidad, revelando
las violencias y exclusiones que subyacen a dicho modelo de humanidad.
Esta estructura de poder impone regímenes disciplinarios que someten al
cuerpo para sostener un ideal de orden. Esta alienación es la que el posthumanismo
busca impugnar a través de guras como el monstruo de Gálligo Wetzel.
El posthumanismo, según Gálligo Wetzel, se inscribe a través de la categoría
de lo monstruoso, en el paradigma
1
de lo posthumano. Esta autora dene el
1 Aunque Gálligo Wetzel en su texto, habla de “perspectiva”, para este análisis propongo hablar de para-
digma. La RAE, dene paradigma como un “modelo o ejemplo”. También, alude al conjunto de prácticas
y teorías que denen una disciplina cientíca en una época histórica dada. Se entiende como patrón en un
momento dado.