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TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Ensayos
Filosócos
Fortaleza Y Debilidad En La
Narración
Strength and Weakness in Narrative
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO X - VOL. I. - JUNIO 2026
páginas 83-92 - E-ISSN 2591-3050
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Recibido: 28 de marzo de 2026
Aceptado: 13 de junio de 2026
Nicolás Francisco Martin
Universidad Nacional de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.
nf.martin@outlook.com
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
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Resumen: Este ensayo analiza los criterios de valoración que organizan la
literatura contemporánea a partir de un cruce entre Friedrich Nietzsche y Terry
Eagleton. Se sostiene que toda narración de lo real está mediada por estructuras
a priori que condicionan forma y contenido. En este marco, la gura del “listeo”
permite caracterizar un criterio burgués que, bajo apariencia de fortaleza, encubre
una debilidad creativa y tiende a consolidar formas estandarizadas que limitan la
irrupción artística. El diálogo con Eagleton muestra cómo la deshistorización de
la experiencia deriva en el naturalismo —como falsa objetividad— y el formalismo
—como subjetividad escindida—, ambos incapaces de captar la complejidad
histórico-social. Finalmente, se plantea que una literatura vital depende de una
relación crítica con la historia que evite tanto la repetición como la ruptura vacía,
habilitando la producción de formas capaces de tensionar los criterios dominantes.
Palabras Claves: Nietzsche- Eagleton- Criterio de valoración.
Abstract: This essay examines the evaluative criteria shaping contemporary
literature through a dialogue between Friedrich Nietzsche and Terry Eagleton. It
argues that any attempt to narrate reality is mediated by a priori structures that
condition both form and content. Nietzsche’s notion of the “philistine” is used
to describe a bourgeois criterion that, under the guise of strength, conceals a
structural creative weakness and promotes standardized forms that limit artistic
disruption. Drawing on Eagleton, the essay shows how the dehistoricization
of experience leads to naturalism—as false objectivity—and formalism—as
fragmented subjectivity—both unable to grasp historical and social complexity. It
concludes that a vital literature depends on a critical engagement with history that
avoids both repetition and empty rupture, enabling forms capable of challenging
dominant evaluative frameworks.
Keywords: Nietzsche- Eagleton- Evaluative criteria.
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¿Qué elementos operan a priori cuando se pretende narrar la realidad
como un objeto oculto y separado? Bajo esta pregunta se ve tendida una gran
trampa. La ilusión de una captura objetiva, de un qué anterior a la espera de
ser documentado. Donde la noción de narración implica un trabajo abúlico de
registro y quien narra escribe desde una distancia calculada. De esta manera, la
interpretación de lo real nos pide retroceder a un punto anterior: ¿la realidad no es
nalmente creada mediante la narración? Y siguiendo el espíritu de esta pregunta,
¿no es la propia potencia narrativa la que aloja el poder de crear disposiciones de
mundo en favor a la vida? La narración organiza la inteligibilidad de los hechos
materiales en tiempo presente. Siguiendo esta línea podría argumentarse que
es la narración la que construye la realidad histórica. ¿Qué se registra, que se
omite, cómo se ordenan los hechos? Existe una tensión de estructura a priori que
opera en silencio y que, la mayoría de las veces, resulta imperceptible. El martillo
nietzscheano golpea en ese punto ciego, hace temblar esa estructura y la vuelve
visible. A partir de un cruce entre la crítica literaria de Terry Eagleton y la losofía
de Friedrich Nietzsche, este trabajo propone interrogar el criterio de valoración
que organiza la literatura contemporánea: ¿qué tipo de creación promueve y cuál
obtura? Pensar la literatura en función de la vida —o en su contra— depende de
cómo se construye ese criterio.
En el cerebro del listeo culto debe haberse producido una
desafortunada tergiversación: él tiene precisamente por cultura
lo que niega la cultura, y puesto que es consecuente en su modo
de proceder, acaba por desarrollar de tales negaciones un grupo
coherente, un sistema de la no-cultura a la que se podría incluso
conceder cierta ‘unidad de estilo’, en caso de que tenga sentido
hablar de barbarie estilizada. (Nietzsche, 2016, p. 656)
Friedrich Nietzsche, en Consideraciones Intempestivas, hace un análisis
crítico sobre cómo el ascenso de la burguesía conguró un criterio de valoración
hegemónico. Un criterio que se disputa en la consolidación del empoderamiento
de una clase frente a la aristocracia y, que a lo largo de los años, se extendió hasta
nuestros días como la metáfora mejor contada. Repetida y desgastada hasta
convertir su gramática en canon. Nietzsche incorpora el término listeo para
sintetizar aquél burgués hambriento de poder que edica una carrera erudita en
reemplazo del verdadero camino del artista creador. Una contraposición a algunos
poetas como Goethe que saltan de esta lógica hegemónica. Para poder pensar el
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criterio mercantilista del listeo, el pensador propone tres aspectos con el que el
ser humano es capaz de relacionarse con la historia y así emitir juicios de valor y
rumbos creativos:
La historia forma parte del ser vivo en tres aspectos: en tanto que
éste es activo y aspira, en tanto preserva y venera, y en tanto sufre
y necesita de liberación. A esta trinidad de relaciones corresponde
una trinidad de formas de historia: cabe distinguir una forma
monumental, una forma anticuaria y una forma crítica de historia.
(Nietzsche, 2016, p. 713).
La debilidad burguesa se disfraza de fortaleza y se organiza. Estipula
cánones de creación y ltra mediante su propio criterio de valoración, armado en
función a su debilidad creativa. La problemática que se deriva de este punto es
la de la imposibilidad del surgimiento del verdadero artista que crea en función
de la vida. Aquél que logra no estar supeditado a regímenes de poder y trae
con su singularidad lo necesario en términos de pulso vital. En este sentido, la
singularidad es entendida como combate y resistencia contra los universales
hegemónicos como la caracterizó Frederic Jameson: “La singularidad, con otras
palabras, propone algo único que se resiste a lo general y universalizante (por
no hablar de lo totalizante)” (Jameson, 2015, p. 135). En concordancia con esta
noción, Nietzsche criticó fuertemente las creaciones exitosas del mercado. El
éxito, el pensador, no deja de ser la validación de aquella creación que mejor
se acomodó al criterio vulgar que no logra irrumpir o transformar. Mantiene
todo como está. El éxito o popularidad de una obra sólo deja en evidencia la
validación de aquél criterio. En contraposición a este, la creación de las obras
que desbordan son de la de los artistas cuyas búsquedas se alineaban a otra
cosa, a otro camino. El aspecto artesanal y singular deja orecer a la obra en una
literatura vital. Como prisma que logra, mediante su intervención en el presente,
desestabilizar la vulgar imposición de las clases dominantes. De aquello que se
instala como obvio y natural y cristaliza formas. Las reexiones propuestas por
Eagleton sobre la relevancia de la historia y el contexto de donde surgen tanto la
forma y el contenido son, en este sentido, dos caras de una misma moneda, así
como también el rol del escritor como agente social. Con la perspectiva de una
literatura que no niega su pasado, pero que al mismo tiempo permite imaginar un
futuro, olvidando aquello de la historia que no está en función de la vida.
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En estos tres aspectos desarrollados en Consideraciones Intempestivas
II, Nietzsche reexiona sobre cómo la historia es tanto un instrumento para la
construcción de identidad y motivación para la acción vital, como también una
obstrucción para la creatividad del presente (Nietzsche, 2016, p. 709). En este
sentido, en el Capítulo 2 de “Marxismo y Literatura” de Terry Eagleton, podemos
encontrar aspectos similares en la reexión sobre la forma y el contenido. El autor
nos señala que el triunfo de la burguesía congela la ebullición progresista y deriva
su atención a la consolidación del capitalismo (Eagleton, 1976, pp. 63-90). “La
ideología burguesa olvida sus ideales revolucionarios previos, deshistoriza la
realidad y acepta la sociedad como un hecho natural” (Eagleton, 1976, p. 80).
Este proceso de deshistorización congela la creación vital de una época y reeja
un estancamiento artístico en el devenir formalismo y naturalismo.
Para Flaubert, que viene después de Balzac, la historia es
un objeto inerte, una serie de hechos dados exteriormente que
no pueden seguir pensando como producto de la acción de los
hombres. Privado de las condiciones históricas que le dieron
nacimiento, el realismo se fragmenta y se descompone por un lado
en un naturalismo y por otro, en formalismo. (Eagleton, 1976, pp.
79-80)
Aquí se podría establecer un primer vínculo con la proposición del aspecto
crítico de la historia de Nietzsche. Someter el vínculo con la historia a una evaluación
se vuelve crucial para encaminar la literatura a un realismo que se encargue de
aquello histórico-universal que repercute en una transformación social. El olvido
de los rasgos típicos de una cultura, aquello que conecta a los personajes con
el colectivo y el contexto, provoca una fragmentación. Este vínculo propio del
naturalismo con la historia, este olvido sobre los motivos revolucionarios del
realismo, genera una desconexión y reduce a la obra literaria a una mera cáscara
(forma). Donde el contenido es el no-contenido al igual que Nietzsche caracterizó
la cultura de la no-cultura (Nietzsche, 2016, p. 656). En este sentido se evidencia
la reducción del escritor a un observador, como dice Eagleton. Un escritor limitado,
que se encarga de detalles como si eso representara algo de lo que el contexto
histórico social estuviese atravesando. Esto deriva en una noción reduccionista
y apresurada de lo que es natural y cómo aquella idea estanca el pulso vital del
arte. Con personajes haciendo culto al promedio en la cita de Eagleton a Lukács.
Un personaje de singularidad ausente en un contexto hiper-comprendido.
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Incorporando una visión con la aspiración de captura absoluta de la existencia.
La falsa creencia de captar fotográcamente lo real alude al intento miope de la
aspiración burguesa al conocimiento positivista. Una literatura que es el espejo
de un deseo demasiado grande y demasiado bruto a la vez. Donde reproducir y
repetir las formas conocidas adopta el rol de la realidad.
Pero esa torpeza no es gratuita. Es justamente la acción creativa que
construye lo real mediante la repetición de lo conocido. En la perpetuación de
la forma validada se implica indefectiblemente un gesto creativo, un esfuerzo,
que hace del presente un movimiento centrífugo. Es precisamente esa creación
narrativa la que construye la realidad social donde todo trópico es la copia del
anterior. La narración se constituye desde una enajenación de lo igual. Aquí se
vislumbra la trampa en la que cae la hiper reproducción de las formas. La que da
lugar a la ilusión de una captura de realidad, que no es más que mero gesto. Lo
capturable no es la realidad como objeto sino el criterio que le dio fundamento
previamente y adopta la posición de lo real. “Así, un texto es siempre incompleto,
porque lleva inscriptos estos vacíos y silencios” (Eagleton, 1976, p. 88).
En Trópicos del discurso, Hayden White reconoce una muy deseada pero
falsa distinción entre la cción y el escrito histórico. Incorporando el análisis
que Nietzsche propone en la segunda intempestiva, White argumenta que la
producción histórica utiliza los mismos procedimientos narrativos que la cción:
“Nietzsche, por el contrario, insistió en que la interpretación era necesaria en la
historiografía debido a la naturaleza de la ‘objetividad’ que perseguía el historiador”
(White, 2018, p. 101). En este sentido, los relatos narrativos construyen la realidad
mediante procedimientos interpretativos que operaban en el escritor al momento
de su creación. “Esta objetividad no era la del cientíco o el juez de un tribunal,
sino más bien la del artista, más especícamente la del dramaturgo.” (White,
2018, p.101). No hay algo así como un lenguaje neutro que no esté atravesado por
un contenido previo. Los trópicos que hacen al lenguaje contienen en sí mismos
las inclinaciones que harán del mundo un entramado de sentido. La utilización de
la historia, arrojará indefectiblemente diferentes disposiciones ante la producción
literaria considerando estos criterios éticos y estéticos funcionales. “El propio
uso del lenguaje implica o supone una postura especíca ante el mundo que es
ética, ideológica o más generalmente política: no sólo toda interpretación,sino
también todo lenguaje está contaminado políticamente” (Withe, 2018, p. 199). De
esta manera, la realidad será organizada indefectiblemente con valores previos y
siempre mediante la narración. La crítica de Nietzsche apunta a desenmascarar
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aquellos esquemas valorativos que se presentan como neutros y naturales. Y
siguiendo esta línea, la interpretación de la historia, y sus posibles usos, serán la
piedra de toque que sintetice la narración. Dando como resultado aquella literatura
vacía y repetitiva de la que dió cuenta Eagleton.
Todo gran arte es socialmente progresista en el sentido de que
cualquier sea la conciencia política del autor (y en el caso de Scott
y Balzac, es abiertamente reaccionaria), logra plasmar las fuerzas
vivas histórico-universales de una época que producen el cambio y
el crecimiento de la sociedad, revelando su potencial desarrollo en
toda su complejidad. (Eagleton, 1976, p. 78)
En el sentido opuesto del naturalismo como emergencia, y en simultánea
aparición de las críticas de Nietzsche, surge el formalismo como el reejo de un
hombre fragmentado del mundo. Un mundo subjetivo escindido de un colectivo
donde el nihilismo es la única respuesta ante la desconexión sideral entre el mundo
interior y el exterior. En este sentido los personajes se transforman en ahistóricos
y carecen del aspecto de la historia que Nietzsche propone venerar y preservar.
Aquello que concierne a la identidad de un pueblo que arma el tejido del sentido
intersubjetivo. “Si el naturalismo es una especie de objetividad abstracta; ambos
dieren de la forma artística genuinamente dialéctica (el realismo)” (Eagleton,
1976, p. 82). Desde esta óptica la historia se degrada, tanto como expone Eagleton
y como critica Nietzsche, a un período temporal muerto. Pierde todo sentido y
desconecta al individuo presente con la memoria que él mismo porta como parte
del entramado de un pueblo.
La Historia pertenece, pues, en segundo lugar, al que preserva y
venera, a aquél que con lealtad y amor mira allí de donde proviene y
en donde se ha formado; con esta piedad expresa, en cierto modo,
su gratitud por su existencia. (Nietzsche, 2016, p. 717)
La deriva del tiempo se transforma en un laberinto neurótico sin salida del
que el formalismo no logra escapar: “los individuos son presa de la desesperación
y la angustia, carecen de relaciones sociales y, por consiguiente, de una auténtica
identidad; la historia pierde su sentido o se vuelve cíclica, reducida a mera duración”
(Eagleton, 1976, p. 82). La tinta narrativa está librada al azar del garabato en una
constante negación de sí mismo. Incapaces de ver la materialidad en la que su
narrativa construyó la identidad. “Los grandes escritores son aquellos individuos
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que logran transponer al arte, de manera unicada y transparente (aunque no
necesariamente consciente), la visión del mundo de la clase o del grupo al que
pertenecen” (Eagleton, 1976, pp. 83-84).
Por último, en el capítulo 3, “El escritor y el compromiso”, Eagleton
introduce el debate que se da entre la responsabilidad social que debe ser exigida
al artista y la libertad creativa libre de voluntades panetarias: “Hasta los menos
familiarizados con la crítica marxista saben que esta le exige al escritor que
comprometa su obra con la causa del proletariado” (Eagleton, 1976, p. 91). En
su análisis sobre la exigencia de Lenin en limitar y legislar las formas en las que
se debe hacer literatura, Eagleton reconoce el período fuertemente infértil que
atravesó la literatura. La revolución quedó en el pasado, se transformó en ley y
vuelve a marginar todo lo que no resulta funcional para el criterio hegemónico. En
este sentido el pasado se narra sin posibilidad de atender el presente, congela el
procedimiento y estandariza la creación. Lo artesanal vuelve a transformarse en
un imposible debido a la disposición con la que se opera. En este punto se deja
en evidencia un aspecto del artista, una condición intrínseca al procedimiento
artístico que lo atraviesa: no depende por completo de él.
El procedimiento de la creación artística reúne la homilía entre un aspecto
que él mismo desconoce. Siempre existe un velo, un producto lejano, un
inconsciente con el que el artista trabaja. Sin este velo, la técnica toma la delantera
y arroja una creación muerta. En rigor, no es importante lo que el artista piense,
sino lo que crea. La creación del artista es aquello vital que es interrumpido cuando
el pensamiento se impone. “La losofía puede contradecir la verdad artística que
el artista pretende comunicar, pero lo que importa es lo que el artista crea, no lo
que piensa” (Eagleton, 1976, p. 99). La técnica reducida a la producción estética
de una idea partidista sólo crea más de aquél residuo ruidoso que pretende
sostenerse. La literatura no tiene temáticas correctas e incorrectas, pero su modo
de abordarla dispone la orientación, a qué puerto se podrá llegar. El aspecto de la
historia que según Nietzsche preserva y venera por demás momica la creación.
Ya no hay nada que crear, no hay nada más que escribir. Pero esta disposición
nace de una debilidad en el presente, encubierta de un respeto miedoso y
adulador a personalidades del pasado. A aquellos que justamente fueron quienes
evitaron estas disposiciones con sus antecesores. Una impotencia creativa que
se resiste y mantiene a la creación en la copia. Que en sí misma es evidente que
requiere de mucha dedicación, estudio y perseverancia: copiar no es fácil. Pero si
el criterio que dirige es el de preservar y venerar el pasado porque nada mejor es
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posible en el presente y ya está todo hecho: ¿cómo es posible la emergencia de
una literatura vital, la necesaria?
Los grandes artistas son aquellos que pueden captar y recrear
la totalidad armónica de la vida humana. En una sociedad donde
lo general y lo particular, lo conceptual y lo sensible, lo social y lo
individual están cada vez más separados por la “alienación” del
capitalismo, el gran escritor los reúne dialécticamente en una
totalidad compleja. (Eagleton, 1976, p. 76)
En la lucha contra la banalización de la cultura es posible encontrar un
refugio en la lectura de Friedrich Nietzsche y Terry Eagleton. Una perspectiva
que logre desarticular criterios operantes y que ponga en marcha un proceso
creativo incluso más allá de la literatura y el arte. Sin la mirada crítica de nuestras
propias debilidades camuadas de fortalezas y, tristemente avaladas por un
criterio hiper-democrático, la obra vital no aparece. La narración perpetúa una
realidad miserable y débil. La oración de una realidad mejor dependerá del norte
dónde apuntemos esos criterios de valoración narrativos. Con una politización
del presente y siempre guardando en la memoria la historia de la que venimos.
Aquella que nos permite empoderarnos de nuestro tiempo y nos otorga la fortaleza
de agarrar nuestro deseo con las manos y la plasticidad para permitir que cambie
en caso de ser necesario.
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Referencias Bibliográcas
Eagleton, T. (1976). Marxismo y crítica literaria. Paidós.
Jameson, F. (2015). La estética de la singularidad. New Left Review.
Nietzsche, F. (2016). Consideraciones intempestivas II: De la utilidad y los inconvenientes
de la historia para la vida. Tecnos.
White, H. (2018). Trópicos del discurso. Prometeo
Cómo citar este artículo:
Martin, N.F. (2026). Fortaleza y debilidad en la narración. Trazos-Revista de
estudiantes de Filosofía, 1(10), 83-92