
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
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que logran transponer al arte, de manera unicada y transparente (aunque no
necesariamente consciente), la visión del mundo de la clase o del grupo al que
pertenecen” (Eagleton, 1976, pp. 83-84).
Por último, en el capítulo 3, “El escritor y el compromiso”, Eagleton
introduce el debate que se da entre la responsabilidad social que debe ser exigida
al artista y la libertad creativa libre de voluntades panetarias: “Hasta los menos
familiarizados con la crítica marxista saben que esta le exige al escritor que
comprometa su obra con la causa del proletariado” (Eagleton, 1976, p. 91). En
su análisis sobre la exigencia de Lenin en limitar y legislar las formas en las que
se debe hacer literatura, Eagleton reconoce el período fuertemente infértil que
atravesó la literatura. La revolución quedó en el pasado, se transformó en ley y
vuelve a marginar todo lo que no resulta funcional para el criterio hegemónico. En
este sentido el pasado se narra sin posibilidad de atender el presente, congela el
procedimiento y estandariza la creación. Lo artesanal vuelve a transformarse en
un imposible debido a la disposición con la que se opera. En este punto se deja
en evidencia un aspecto del artista, una condición intrínseca al procedimiento
artístico que lo atraviesa: no depende por completo de él.
El procedimiento de la creación artística reúne la homilía entre un aspecto
que él mismo desconoce. Siempre existe un velo, un producto lejano, un
inconsciente con el que el artista trabaja. Sin este velo, la técnica toma la delantera
y arroja una creación muerta. En rigor, no es importante lo que el artista piense,
sino lo que crea. La creación del artista es aquello vital que es interrumpido cuando
el pensamiento se impone. “La losofía puede contradecir la verdad artística que
el artista pretende comunicar, pero lo que importa es lo que el artista crea, no lo
que piensa” (Eagleton, 1976, p. 99). La técnica reducida a la producción estética
de una idea partidista sólo crea más de aquél residuo ruidoso que pretende
sostenerse. La literatura no tiene temáticas correctas e incorrectas, pero su modo
de abordarla dispone la orientación, a qué puerto se podrá llegar. El aspecto de la
historia que según Nietzsche preserva y venera por demás momica la creación.
Ya no hay nada que crear, no hay nada más que escribir. Pero esta disposición
nace de una debilidad en el presente, encubierta de un respeto miedoso y
adulador a personalidades del pasado. A aquellos que justamente fueron quienes
evitaron estas disposiciones con sus antecesores. Una impotencia creativa que
se resiste y mantiene a la creación en la copia. Que en sí misma es evidente que
requiere de mucha dedicación, estudio y perseverancia: copiar no es fácil. Pero si
el criterio que dirige es el de preservar y venerar el pasado porque nada mejor es