1
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
2
CUESTIONES DE ARCHIVO:
REFLEXIONES METODOLÓGICAS EN EL CONTEXTO DE PRODUCCIÓN
ACADÉMICA EN EL CAMPO DE LAS HUMANIDADES
3
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
DIRECCIÓN Y EDICIÓN
Lic. Jesica A. Ortiz
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
COMITÉ EDITORIAL
Prof. Santiago Palacio
(Trabajador independiente, Argentina).
Prof. Valentina Ruiz Bailón
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Lic. Facundo Massa López
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Prof. Pilar Rüger Alonso
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Mario Tejada
(Estudiante, Universidad Nacional de San Juan,
Argentina).
Gonzalo Andrade
(Estudiante, Universidad Nacional de San Juan,
Argentina).
Agustín Ezequiel Díaz Roco
(Estudiante, Universidad Nacional de San Juan,
Argentina).
Mariana Valentina Fernández Ortiz
(Estudiante, Universidad Nacional de San Juan,
Argentina).
COMITÉ DE REDACCIÓN
Lic. Camila Montaño
(Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina).
Lic. y Prof. Carli Prado
(Universidad Nacional de Rosario, Argentina).
Lic. Guadalupe García Pichardo
(Universidad Autónoma del Estado de México, México).
Lic. María Gorjón
(Universidad Nacional de Córdoba, Argentina).
Janeth Reyes Capcha
(Estudiante, Universidad Nacional Mayor de San Marcos,
Perú).
Rocío María de los Milagros Alamo Díaz
(Estudiante, Universidad Nacional de San Juan,
Argentina).
Zoe Palmira Herrera Chaves
(Estudiante, Universidad Nacional de San Juan,
Argentina).
EQUIPO TÉCNICO DE PRODUCCIÓN
EDITORIAL
DISEÑO, MAQUETACIÓN
Y ARTE DE TAPA
Prof. Leandro Exequiel Quiroga
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
EQUIPO DE DIFUSIÓN
Prof. Santiago Palacio
(Trabajador independiente, Argentina).
Agustín Ezequiel Díaz Roco
(Estudiante, Universidad Nacional de San Juan,
Argentina).
INDEXACIONES
Lic. Santiago Pereyra Nouvelier
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina)
ASESORÍA GENERAL
Dr. Eduardo Peñafort
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina)
Dr. Julio Paez
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina)
EQUIPO EDITORIAL
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
4
Dr. Adán Salinas Araya
(Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile).
Dra. Adela Rolón
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Dra. Alcira Bonilla
(Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y
Técnicas, Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Dra. Ana Marcela Mungaray Lagarda
(Universidad Autónoma de Baja California, México).
Dra. Anahí Gabriela González
(Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y
Técnicas, Universidad Nacional de San Juan).
Dra. Analía Ponce
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Dra. Beatriz Podestá
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Dra. Cecilia Macón
(Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Dra. Claudia Mársico
(Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y
Técnicas, Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Dr. Claudio Alessio
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Dra. Dinora Hernández López
(Universidad de Guadalajara, México).
Dr. Eduardo Mattio
(Universidad Nacional de Córdoba, Argentina).
Dr. Felipe de Jesús Lee Vera
(Universidad Autónoma de Baja California, México).
Dr. Fernando Botton
(Universidade Federal do Paraná, Faculdade Espírita,
Brasil).
Dra. Gabriela Simón
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Dr. Heriberto Yépez
(Universidad Autónoma de Baja California, México).
Dr. Hernán Bula
(Universidad Nacional de Córdoba, Argentina).
Dra. Idoia Quintana
(Centro de Ética Aplicada, Universidad de Deusto,
España).
Dra. Karla Villapudua
(Universidad Autónoma de Baja California, México).
Dr. Leonardo Gonzalez Torres
(Universidad Autónoma de Aguascalientes, Universidad
del Valle de México, México).
Dr. Lorenzo Rustighi
(Universidad de Buenos Aires, Argentina; Università
degli Studi di Padova, Italia).
Dr. Lucas Diel
(Universidad Nacional del Nordeste, Argentina).
Dr. Luis Garcés
(Universidad Nacional de San Juan, Argentina).
Dra. Margarita Sayak Valencia Triana
(Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, El Colegio
de la Frontera Norte, México).
Dra. Mónica Cragnolini
(Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y
Técnicas, Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Dr. Omar el Hammoud
(Universidad Pompeu Fabra Barcelona, España).
Dr. Omar Murad
(Universidad Nacional de Mar del Plata, Universidad
Argentina de la Empresa, Argentina).
Dr. Pablo Pérez Navarro
(Centro de Estudios Sociales, Universidad de Coimbra,
Portugal).
Dra. Paula Fleisner
(Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas y
Técnicas, Universidad de Buenos Aires, Argentina).
Dra. Sandra Baquedano Jer
(Universidad de Chile, Chile).
Dr. Walter Mignolo
(Universidad Duke, Estados Unidos).
COMITÉ ACADÉMICO
5
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
AUTORIDADES
UNIVERSIDAD NACIONAL
DE SAN JUAN
RECTOR
Mag. Ing. Tadeo Berenguer
VICERRECTORA
Esp. Andrea Leceta
FACULTAD DE FILOSOFÍA
HUMANIDADES
Y ARTES
DECANA
Mg. Myriam Arrabal
VICEDECANO
Prof. Marcelo Javier Vásquez
SECRETARIA DE EXTENSIÓN
UNIVERSITARIA
Prof. Juan Carlos Caballero
DEPARTAMENTO DE
PUBLICACIONES
JEFA DEPARTAMENTO DE
PUBLICACIONES
DG. Ana Videla.
EDITORIAL
eha
INSTITUTO DE FILOSOFÍA
DIRECTOR
Dr. Julio Paez
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
6
DATOS Y CONTACTO
DIRECCIÓN POSTAL
INSTITUTO DE FILOSOFÍA • FACULTAD
DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES •
UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN.
Mitre 317 (O). Capital, San Juan (5400) .
TELÉFONO
(0264)- 422-2643. Interno: 142 .
DIRECCIÓN ELECTRÓNICA • MAIL:
revistatrazos@ha.unsj.edu.ar
trazosrevistadelosoa@gmail.com
WEB
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
IMPORTANTE
Las opiniones expuestas en los artículos rmados son responsabilidad de las/os autoras/es y por lo tanto no expresan
necesariamente el pensamiento de las/os editoras/es o de las autoridades del Instituto de Filosofía; Facultad de Filosofía,
Humanidades y Artes; ni de la Universidad Nacional de San Juan. Todos los artículos recibidos a través de convocatoria
abierta han sido sometidos a un proceso de evaluación de pares a través del sistema de doble referato ciego.
LICENCIA
Esta obra está bajo licencia international Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 4.0.
ÍNDICES Y BASES DE DATOS
TRAZOS – REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA HA SIDO EVALUADA E INDEXADA EN
LAS SIGUIENTES BASES DE DATOS:
DIALNET:
https://dialnet.unirioja.es/servlet/revista?codigo=29854
BASE:
https://www.base-search.net/Search/Results?type=all&lookfor=TRAZOS+%E2%80%93+Revista+de+Estudiantes+de+Filosof%C3%ADa&ling=1&oaboost=1&name=&thes=&red=dcresen&new-
search=1
DOAJ:
https://doaj.org/toc/2591-3050
AmeliCA:
https://portal.amelica.org/revista.oa?id=968
ERIHPLUS:
https://erihplus.hkdir.no/journal?id=508580
Redib:
https://www.redib.org/Record/oai_revista6672-trazos
EuroPub:
https://europub.co.uk/journals/trazos-revista-de-estudiantes-de-losoa-J-30411
LatinRev:
https://latinrev.acso.org.ar/revistas/trazos-revista-estudiantes-losoacom/
Latinoamericana:
https://latinoamericanarevistas.org/trazos-revista-de-estudiantes-de-losoa/
Latindex Directorio:
https://www.latindex.org/latindex/cha/28172
ROAD:
https://portal.issn.org/resource/ISSN/2591-3050
Esji:
http://esjindex.org/search.php?id=7948
CiteFactor:
https://www.citefactor.org/journal/index/28891/trazos-journal-of-philosophy-students#.YsnKZHbMLIW
I2OR:
http://www.i2or.com/9.html
7
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
ÍNDICE
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA
INSTITUTO DE FILOSOFÍA • FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES • UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Edición semestral
e-ISSN 2591-3050
Editorial
CUESTIONES DE ARCHIVO: REFLEXIONES METODOLÓGICAS EN EL CONTEXTO DE
PRODUCCIÓN ACADÉMICA EN EL CAMPO DE LAS HUMANIDADES
Alejandro De Oto y Juan Martin Martín Masciardi Recabarren pág. 8-15
Dossier
ENSEÑAR A LEER EL SILENCIO: ARCHIVO, MÉTODO Y FORMACIÓN CRÍTICA EN
HUMANIDADES
Eduardo López Feoli pág. 16-30
IMAGINARIOS (DE)GENERADOS: APUNTES XENOFEMINISTAS SOBRE EL ARCHIVO
INEXISTENTE DE FELIPE RIVAS SAN MARTÍN
Ana Mar Oliva y Víctor Lanatti pág. 31-41
SARMIENTO, ENTRE CASEROS Y PAVÓN: PROBLEMAS Y DECISIONES EN EL ABORDAJE
DEL ARCHIVO EPISTOLAR DE ANA MARÍA BARRENECHEA
María Gracia Nebro y Silvana Frau pág. 42-49
Artículos de Investigación
JUSTICIA, MEMORIA Y SILUETAZO: UNA CRÍTICA COMUNITARISTA A LA CONCEPCIÓN
RAWLSIANA DEL YO DESVINCULADO
Lucía Maria Sbardella pág. 50-71
CARTOGRAFÍAS DE UNA CORPORALIDAD: HABITAR EL CUERPO IMPROPIO EN
CONTEXTOS EXCEPCIONALES
Ricardo Gastón Sosa pág.72-82
Ensayos Filosócos
FORTALEZA Y DEBILIDAD EN LA NARRACIÓN
Nicolás Francisco Martin pág. 83-92
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
8
Editorial
Cuestiones De Archivo:
Reflexiones Metodológicas En El
Contexto De Producción Académica
En El Campo De Las Humanidades
Archive Questions: Methodological Reflections
In e Context Of Academic Production In e
Humanities
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO X - VOL. I. - JUNIO 2026
páginas 8-15 - E-ISSN 2591-3050
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Juan Martin Masciardi Recabarren
Universidad Nacional de San Juan / Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas
y Técnicas. San Juan, Argentina.
masciardimartin@gmail.com
Alejandro De Oto
Universidad Nacional de San Juan / Consejo Nacional de Investigaciones Cientícas
y Técnicas. San Juan, Argentina.
adeoto@gmail.com
9
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Resumen: Este dossier propone una reexión metodológica y epistemológica
sobre el archivo en el campo de las humanidades. Surgido de una constatación
persistente en el ámbito de la enseñanza de la metodología de la investigación,
asume el archivo no como un mero repositorio de fuentes sino como una
categoría operatoria que condensa tensiones entre tradición y creación, canon
y heterogeneidad, autoridad epistémica y dimensión crítica. Los tres trabajos
reunidos exploran, desde perspectivas diferentes, los modos en que el archivo
congura los contornos de lo pensable: la pedagogía del silencio y las operaciones
que vuelven legibles los vacíos del corpus; la producción de archivos inexistentes
mediante inteligencia articial generativa como gesto político xenofeminista;
y los problemas y decisiones metodológicas que plantea un archivo epistolar
fragmentario e inédito. En conjunto, los trabajos aquí reunidos sostienen que
interrogar el archivo signica problematizar las condiciones de producción del
saber, y que toda metodología es, en ese sentido, una posición política.
Palabras clave: Archivo, Metodología, Humanidades, Tradición, Creación.
Abstract: This dossier proposes a methodological and epistemological
reection on the archive in the humanities. Born from a persistent observation in
the teaching of research methodology, it approaches the archive not as a mere
repository of sources but as an operative category that condenses tensions between
tradition and creation, canon and heterogeneity, epistemic authority and critical
dimension. The three articles gathered here explore, from dierent perspectives,
the ways in which the archive congures the contours of the thinkable: the
pedagogy of silence and the operations that render legible the gaps of the corpus;
the production of inexistent archives through generative articial intelligence as
a xenofeminist political gesture; and the methodological problems and decisions
raised by a fragmentary and unpublished epistolary archive. Together, the works
collected here maintain that interrogating the archive means problematizing the
conditions of knowledge production, and that every methodology is, in this sense,
a political position.
Keywords: Archive, Methodology, Humanities, Tradition, Creation.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
10
Sin querer caer en armaciones generales, hemos constatado, sin embargo, que
en el ámbito de la enseñanza de la metodología de la investigación en humanidades
persiste un “décit reexivo” en torno a los gestos fundamentales que organizan
la práctica académica. Frente a la pregunta aparentemente técnica: ¿cómo
conformamos nuestros archivos de trabajo? Se nos ha revelado una problemática
de alcance mayor y que atañe a la propia constitución de los saberes disciplinares
y a las políticas de producción de evidencia que los sostienen. ¿Es posible
hablar de evidencia en losofía? ¿Cuáles son los supuestos epistemológicos
que fundamentan las prácticas intelectuales losócas? No queremos ser
confundidos con ideólogos del método, ni pensamos que lo fundamental de la
losofía se juega allí; de lo que se trata de es otra cosa: es de ejercer un pliegue
reexivo sobre nuestra propia práctica intelectual. No somos ajenos a que estás
inquietudes conguran un modo de leer, modo que hemos ejercido sobre los
materiales que se han convocado a esta propuesta especulativa. En este sentido,
este dossier propone abordar el archivo no como un mero repositorio de fuentes,
sino como una categoría operatoria que condensa tensiones entre tradición y
creación, entre canon y heterogeneidad, entre autoridad epistémica y dimensión
crítica. En consecuencia, se propone interrogar los modos en que el archivo, en
tanto dispositivo de selección, clasicación y legitimación, congura los contornos
de lo pensable en nuestras disciplinas y en tal sentido: el modo en que trabajamos
con nuestros materiales, como si se tratara de hacer consciente lo que muchas
veces hacemos de manera mecánica.
La necesidad de esta reexión emerge al considerar lo que podríamos
denominar, inspirados en la provocación de Hayden White respecto a sus colegas
historiadores, la ausencia de una “losoografía”. Concepto monstruo que
emerge como una sombra que nos conduce a repensar nuestra propia práctica
investigativa. Si la historiografía opera como instancia de pliegue metacognitivo
de la historia, sea interrogando los modos en que se construyen sus narrativas
o cómo se legitiman sus fuentes, la losofía y, en extensión, muchas de las
humanidades, carecen de un espacio formalizado de reexión análogo. Por
supuesto que no ignoramos los esfuerzas de la losofía analítica pero, ¿no se
queda aquella en un planteo formalista, en una instancia macro del trabajo que
se agota en formulas lógicas e instancias lingüísticas? Sin ánimo de polemizar,
nuestra propuesta es menor: es micro y apunta al trabajo situado. También hay
ejemplos aislados, Foucault (2008), (2025), Derrida (1997), Ruer (2016) son
ejemplos de lósofos, aunque desde tradiciones distintas, que se han ocupado de
11
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
problematizar el archivo. Estas reexiones sueltas generan una carencia parcial
que tienen su correlato operativo: permite que se naturalicen ciertos protocolos
de lectura, ciertas delimitaciones del corpus válido y ciertas operaciones de
homologación que rara vez son puestas en crisis.
Hay dos coordenadas teóricas que organizan el núcleo problemático de los
trabajos reunidos en este dossier. La primera es el gesto deleuziano de apertura y
creación conceptual: la capacidad de articular materiales heterogéneos mediante
lo que puede conceptualizarse como conformación de “relaciones abstractas”
(2018), produciendo nuevos regímenes especulativos sin reducirlos a una
jerarquía previa entre los materiales conjugados. Allí, el archivo se revela no como
el punto de partida estático de la indagación, sino como el campo dinámico de
una elaboración donde lo metodológico consiste precisamente en establecer
conexiones operativas entre elementos dispares, conexiones que “hacen pensar”
antes que reproducir un saber establecido. La segunda coordenada es la crítica
poscolonial del archivo, tal como Mario Rufer (2016) la articula al desmontar
la metáfora extractiva: el archivo no es cantera ni reserva natural de datos
preexistentes, sino una tecnología de poder que produce autoridad al mismo
tiempo que produce ausencia. Su operación consiste en seleccionar, clasicar,
degradar y silenciar; emerge así la gura del arconte, también tratada por Derrida
(1997), el guardián del archivo que decide qué es digno de permanecer y qué
debe condenarse al olvido, qué experiencia es archivable y qué queda relegada al
ámbito de lo informal, del rumor, del cuerpo no inscrito. La tensión entre estos dos
registros, entre apertura creativa y crítica disolutiva, no se resuelve en ninguno
de los artículos aquí presentados, y ahí se aloja su riqueza reexiva: los textos
piensan desde ella, no a pesar de ella. En ese contexto, la pregunta metodológica
ya no es solamente ¿qué dicen mis materiales?, sino ¿bajo qué condiciones
estos materiales llegan a ser legibles?, ¿qué silencios organiza su enunciación?,
¿desde qué lugar el investigador es capaz de interpelarlos? Asumir estas
preguntas supone reconocer que toda metodología es un tema político en tanto
lleva adelante, sabiéndolo o no, una operación de selección y exclusión, ejerce un
corte sobre el campo sensible del saber.
Veamos ahora, de manera general, los artículos que componen este número.
El primer artículo, “Enseñar a leer el silencio: archivo, método y formación
crítica en humanidades” de Eduardo López Feoli, traduce esa tensión al plano
pedagógico y metodológico. A partir de una escena de enseñanza recurrente, la
del estudiante que busca llenar un vacío en su corpus, el texto sostiene que la
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
12
crítica contemporánea del archivo solo se vuelve fecunda para la investigación
cuando el silencio deja de entenderse como mera falta de información y pasa
a ser leído como efecto de operaciones de legibilidad. Para ello, propone cinco
operaciones metodológicas: delimitación, jerarquización, conmutación, lectura
del silencio y escritura del archivo, y una tipología de los silencios del corpus: de
inscripción, de clasicación y de lectura. El aporte central de este trabajo reside
en volver enseñables los gestos que operan mediando entre la crítica teórica
del archivo y la práctica reexiva de la investigación. Enseñar metodología en
humanidades equivale, en esta clave, a enseñar a percibir operaciones que se
presentan naturalizadas.
El segundo es un trabajo conjunto: “Imaginarios (de) generados: apuntes
xenofeministas sobre el archivo inexistente de Felipe Rivas San Martín” de Ana
Mar Oliva y Víctor Lanatti, ambos llevan la noción de archivo al límite de su sentido
tradicional. El análisis de “Un Archivo Inexistente” (obra co-creada por Rivas San
Martín y Stable Diusion que produce cuasifotografías de parejas sexo-disidentes
de clase trabajadora latinoamericana), permite pensar la inexistencia no como
carencia sino como efecto de una operación histórica y material especíca: la
negación tecnológica, esto es, la exclusión sistemática de las disidencias de los
dispositivos e infraestructuras que habilitan la producción misma de lo archivable.
En diálogo con Laboria Cuboniks, los autores proponen comprender este archivo
ccional como una tecnología xenofeminista, denida como alienante, situada,
relacional y escalable, capaz de abrir posibilidades de imaginación para existencias
históricamente borradas. El cruce entre inteligencia articial generativa, archivo
y política de la visibilidad constituye una de las apuestas más novedosas del
presente dossier, y una respuesta inusual a la pregunta por la apertura disciplinar
que la convocatoria dejaba abierta.
El tercer texto también es un trabajo conjunto: “Sarmiento, entre Caseros y
Pavón: problemas y decisiones en el abordaje del archivo epistolar de Ana María
Barrenechea” de María Gracia Nebro y Silvana Frau, ofrece la dimensión del caso
empírico y situado. A partir del trabajo con el Archivo Barrenechea (donado en
2024 al INILFI de la Facultad de Filosofía, Humanidades y Artes de la UNSJ), y del
análisis del epistolario sarmientino entre 1852 y 1861, las autoras comparten las
decisiones metodológicas adoptadas ante un corpus fragmentario, heterogéneo
y parcialmente inédito. El artículo muestra cómo las ausencias del archivo
epistolar, esto es, de actores, de temas, de materialidad, no son obstáculos a
sortear sino condiciones de trabajo que deben integrarse explícitamente en el
13
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
análisis: interrogar qué tipo de contexto permite que ciertas cosas queden sin
decir es ya un gesto metodológico de primer orden. La reexión se completa con
una propuesta de transposición didáctica para niveles medio y universitario, que
rearma el vínculo entre práctica investigativa y formación docente, conformando
investigadores críticos.
En síntesis, reunidos, estos tres trabajos conforman una muestra de las
múltiples formas en que el archivo puede pensarse como problema: desde la
operación metodológica hasta la cción especulativa, desde el documento
histórico hasta la imagen generada por inteligencia articial, desde el aula de
posgrado hasta la escuela de nivel secundario. Lo que tienen en común, no es
un método compartido, ni una tradición teórica única, como vimos, son registros
totalmente distintos uno de otros, pero hay un gesto que los atraviesa a los tres por
igual y es una pregunta de fondo: ¿qué condiciones hacen que algo llegue a contar
como evidencia, como memoria, como pasado legible? Este dossier no pretende
ofrecer respuesta ni a esta ni a ninguna de las preguntas planteadas a lo largo
de este texto; propone, otra cosa, habitarla colectivamente, en el convencimiento
de que asumir el archivo como problema y como herramienta, es decir, como
herencia que nos constituye y como campo que podemos transformar, es, en este
momento de profundas redeniciones institucionales, en un contexto complejo
para las universidades y las agencias cientícas de la Argentina, no solo un
problema de epistemológicas y metodologías, sino un gesto político necesario: el
de mantener vigente la capacidad de pensar problemas.
Alejandro De Oto y Juan Martin Martín Masciardi Recabarren
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
14
Agradecimientos
Desde Trazos. Revista de Filosofía queremos agradecer a Alejandro De Oto y Juan
Martin Martín Masciardi Recabarren por la coordinación del Dossier, así como a Eduardo
López Feoli, Ana Mar Oliva, Víctor Lanatti, María Gracia Nebro y Silvana Frau, cuyos
trabajos integran esta sección. En este número publicamos también los Artículos de
Lucía Maria Sbardella y Ricardo Gastón Sosa y el Ensayo de Nicolás Francisco Martin. A
cada uno de ellos agradecemos la conanza depositada en la revista y la posibilidad de
poner sus textos en circulación.
Nuestro reconocimiento se extiende también a Santiago Pereyra, Carlos Aguirre
Aguirre, Marcelo Antonelli, Florencia Funes, Walter Carrizo, Juan Martin Martín Masciardi
Recabarren, Omar Murad y Juan Manuel Cid, quienes participaron en las tareas de
evaluación.
Damos también la bienvenida a Rocío María de los Milagros Alamo Díaz y Zoe Palmira
Herrera Chaves, quienes se suman al Comité de Redacción. Su llegada amplía un equipo
cuyo trabajo cotidiano, en buena medida, permanece fuera de lo que nalmente llega
a las páginas de la revista. En el año en que Trazos cumple diez años, esa continuidad
adquiere para nosotrxs un signicado especial. Cada número supone un proceso de
lectura, revisión y discusión que acompaña los textos en su recorrido editorial. A quienes
participan de ese trabajo, desde distintos lugares, dirigimos nuestro agradecimiento.
Hacer una revista de losofía sigue siendo, para nosotrxs, una forma de poner textos en
circulación, propiciar discusiones y contribuir, desde nuestro lugar, a la vida losóca de
la universidad.
Dirección y Comité Editorial
15
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Referencias Bibliográcas
Deleuze, G. (2018). Cine 2: Los signos del movimiento y el tiempo. Cactus.
Derrida, Jacques (1997). Mal de archivo. Una impresión freudiana. Trotta.
Foucault, M. (2008). La arqueología del saber. Siglo XXI.
Foucault, M. (2025). El discurso losóco. Siglo XXI
Rufer, M. (2016). El archivo: de la metáfora extractiva a la ruptura poscolonial. En M.
Rufer & F. Gorbach (Coords.), (In) disciplinar la investigación: archivo, trabajo de
campo y escritura (pp. 159-186). Siglo XXI.
Cómo citar este artículo:
De Oto, A. y
Masciardi Recabarren, J. M. (2026).Cuestiones de archivo:
reexiones metodológicas en el contexto de producción académica en el campo
de las humanidades. Trazos-Revista de estudiantes de Filosofía, 1(10), 8-15.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
16
Dossierl
Enseñar A Leer El Silencio:
Archivo, Método Y Formación
Crítica En Humanidades
Teaching How To Read Silence: Archive, Method,
And Critical Formation In e Humanities
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO X - VOL. I. - JUNIO 2026
páginas 16-30 - E-ISSN 2591-3050
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Recibido: 7 de marzo de 2026
Aceptado: 2 de junio de 2026
Eduardo López Feoli
Universidad de la República. Montevideo, Uruguay.
eduardolopezf@msn.com
17
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Resumen: En una clase de Metodología en Humanidades aparece una
pregunta conocida: qué hacer con aquello que no aparece en el archivo, con
eso que rápidamente se nombra como ausencia y se imagina como algo a
completar. Ese silencio, sin embargo, no siempre puede leerse como falta de
información. Remite, más bien, a una cadena de decisiones previas: registrar,
clasicar, acercar ciertos materiales, apartar otros, admitir algunas huellas como
evidencia y dejar otras en una zona menos legible. En ese nivel, la crítica del
archivo toca decisiones de investigación que suelen parecer menores: dónde
empieza un corpus, qué resto recibe peso probatorio, cuándo una conmutación
modica el problema, de qué modo un silencio puede leerse sin convertirlo en
evidencia plena. Delimitar, jerarquizar, conmutar, leer silencios y escribir el archivo
quedan, así, menos como una secuencia que como operaciones cuya fuerza se
pierde cuando empiezan a confundirse con el orden natural del argumento. En el
horizonte universitario latinoamericano, esas elecciones se vuelven todavía más
visibles: fondos armados en tiempos desiguales, soportes frágiles o dispersos,
catálogos incompletos, mediaciones digitales que prometen acceso mientras
reorganizan lo disponible. El silencio de archivo no queda, entonces, del lado de
una falta simple. Tampoco se resuelve como presencia recuperada. La escritura
queda ante una exigencia más precisa: mostrar cómo se produjo esa falta sin
hacerla hablar como si ya hubiera encontrado su documento.
Palabras clave: archivo-silencio-metodología.
Abstract: A methodology class in the humanities makes visible a question that
archival theory can sometimes leave too settled: what to do with what does not
appear in the archive, or with what appears only as a weak, lateral, or insuciently
legitimized trace. Such absence does not simply indicate an incomplete record. It
may carry the trace of earlier decisions: what was registered, preserved, described,
digitized, or even recognized as something worth seeking. Archival traces reach
the researcher through institutions, catalogues, damaged supports, inherited
classications, and search interfaces that have already shaped what can count
as evidence. At that level, archival critique reaches the practical terrain where
research decisions are made. A corpus is delimited, materials are hierarchized,
heterogeneous traces are brought into relation, silences are read, and the archive
makes its way into writing without becoming smoother than the materials allow.
The diculty of these operations lies in how easily they stop looking like decisions
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
18
and begin to feel like the argument’s natural order. In Latin American university
contexts, that diculty is shaped by uneven histories of collection, fragile or
dispersed supports, incomplete catalogues, and digital mediation. Digital
mediation can open materials, but it also rearranges what appears searchable,
proximate, or relevant. Archival absence is not treated here as something to repair.
The issue is how that absence was produced, what it makes readable, and where
writing should stop before turning silence into completed evidence.
Keywords: archive-silence-methodology.
Cuando el archivo falla
“¿Cómo lleno ese vacío?”. La pregunta aparece, con variantes, en consultas
de metodología de la investigación en humanidades. Un estudiante quiere seguir
la circulación de un problema losóco por fuera del canon bibliográco más
estabilizado y se encuentra con materiales que no terminan de acomodarse
en las formas habituales de legitimación: entrevistas, programas de cátedra,
traducciones de circulación restringida, reseñas breves, clases grabadas,
referencias orales, notas al margen en publicaciones poco difundidas. Hay
materiales; lo que no hay es una vía evidente para hacerlos contar como corpus.
La dicultad no está solo en la dispersión de esos materiales. Mientras el problema
se formule como falta, la respuesta parece técnica: buscar más, completar series,
ordenar documentos dispersos. Pero la escena obliga a detenerse antes. Para
que esos restos disponibles aparezcan ante la investigación como carencia, algo
tuvo que haberlos colocado ya en una zona lateral: una clasicación, una jerarquía
disciplinar, una forma de archivo, un hábito de lectura. La metodología queda
rozada por una pregunta más áspera: cómo se distribuyen centralidad y periferia,
pertenencia disciplinar y rótulo menor, evidencia losócamente reconocible y
documento apenas auxiliar.
Nombrar ese conjunto como archivo no alcanza; a veces, incluso, adelanta una
unidad que todavía no existe. Si la palabra sirve aquí, es porque permite mirar el
pasaje —nada obvio— por el cual un resto disperso adquiere estatuto de fuente.
Una grabación de clase, una traducción de circulación restringida, un programa
de cátedra o una reseña mínima no forman por sí mismos un corpus. Quedan
sometidos a reglas de aparición, consignación y legibilidad que rara vez se
presentan como reglas, aunque decidan bastante: qué se vuelve consultable, qué
19
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
puede citarse sin demasiadas defensas, qué entra en la investigación cargado
de justicaciones y qué queda en una zona menor del saber disciplinar (Derrida,
1997; Foucault, 2002; Rufer, 2016).
El silencio entra por esa misma vía. Puede haber pérdida, censura, destrucción;
no hace falta descartar esas guras. Pero reducirlo a una ausencia material
deja intacto otro problema. También hay silencio cuando ciertos materiales
son degradados, desplazados hacia zonas auxiliares o vueltos ilegibles por los
criterios que organizan una disciplina. A veces el documento está, pero llega sin
fuerza probatoria; a veces circuló, pero no bajo el nombre que después permitiría
encontrarlo; a veces fue leído, aunque no en el registro que una tradición reconoce
como antecedente. En esos puntos, el silencio deja de nombrar simplemente lo
que falta y empieza a mostrar una historia de operaciones, permisos y cortes de
lectura (Trouillot, 1995; Stoler, 2009; Mbembe, 2002).
Formar investigadores en humanidades implica trabajar sobre una percepción:
aprender a ver que la evidencia no está simplemente allí, esperando ser recogida,
y que un vacío no siempre pide ser completado. Hay ocasiones en que exige
otra cosa: reconstruir las condiciones que lo hicieron aparecer como vacío. La
consulta del estudiante marca ese umbral. Lo que empezó como una búsqueda
de fuentes dispersas se convierte en una interrogación sobre los criterios que
hacen reconocible un corpus y sobre las decisiones que, al ordenar materiales,
también producen zonas de sombra.
Ese “nosotros” pedagógico tampoco queda fuera del problema. Hablar desde
una práctica de enseñanza universitaria latinoamericana supone reconocer
tradiciones disciplinares, desigualdades institucionales y formas desiguales
de autorización intelectual que intervienen en aquello que después llamamos
archivo. Esa práctica no reclama una posición exterior desde la cual corregir las
mediaciones; más bien las explicita mientras enseña a leerlas.
La incomodidad queda formulada así: qué hacemos, al investigar, cuando
convertimos ciertos restos en corpus y dejamos otros en el borde de la prueba. La
crítica del archivo permite sostener esa pregunta sin resolverla demasiado pronto.
Inscripción, aparición, silencio y repertorio no entran aquí como vocabulario de
un marco teórico ya armado, sino como nombres para operaciones que pueden
enseñarse, discutirse y justicarse en la práctica de investigación (Derrida, 1997;
Foucault, 2002; Trouillot, 1995; Taylor, 2003). El silencio no se vuelve dato pleno
ni promesa de una totalidad perdida. Queda como problema metodológico: algo
que conviene mantener abierto el tiempo suciente para leer qué lo produjo.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
20
Archivo y legibilidad
La escena anterior vuelve sospechosa una imagen todavía frecuente: el
archivo como lugar al que la investigación llega después, cuando la pregunta ya
está formulada y solo resta buscar los materiales. En esa imagen, el archivo es un
depósito previo que reúne, conserva y pone a disposición; el investigador llega,
selecciona, interpreta y escribe. Pero algo de esa secuencia llega tarde. Antes de
que un documento pueda ser elegido, citado o convertido en evidencia, tuvo que
ingresar en un régimen que lo volviera reconocible como material legítimo.
La gura derridiana del arconte permite ubicar ahí una primera torsión. No hay
archivo sin autoridad de custodia, sin domicilio, sin principio de consignación, sin
una ley que reúna y ordene las huellas (Derrida, 1997, p. 10). Esa ley no conserva
de manera inocente: vuelve algunas huellas preservables, otras consultables,
otras apenas toleradas como resto. Cuando Foucault dene el archivo como
“la ley de lo que puede ser dicho” (Foucault, 2002, p. 170), el problema se corre
del depósito hacia las condiciones de enunciación. Ya no alcanza con saber qué
documentos existen; hace falta preguntar qué reglas hicieron posible que ciertos
enunciados aparecieran como documentos, antecedentes, saber disponible.
Esa ley tampoco permanece quieta. Un archivo cambia cuando cambia su
índice, su soporte o su régimen de búsqueda. Una digitalización puede volver
visible lo que antes permanecía latente; un nuevo ordenamiento puede hacer
opaco lo que parecía disponible; una categoría de clasicación puede rescatar un
material o dejarlo hundido. La inscripción no clausura el sentido de una vez: lo deja
expuesto a temporalidades desiguales, a la aparición, la espera, la obsolescencia,
la reactivación.
Conviene desconar, entonces, de otra ilusión persistente: la del investigador
que desciende al pasado para extraer datos ya constituidos. Rufer discute esa
conanza al mostrar que el archivo no funciona como cantera ni como reserva
natural. Produce autoridad mientras produce ausencia; reúne, pero también
separa, ordena, degrada y silencia (Rufer, 2016). Allí donde la investigación
cree encontrar un objeto listo para ser trabajado, encuentra muchas veces —
sin advertirlo del todo— una sedimentación previa de criterios institucionales,
estatales, disciplinares o coloniales.
En el trabajo latinoamericano sobre archivos esa crítica adquiere otra presión.
Los materiales pueden aparecer en registros menos dóciles: lo poético, lo
corporal, lo representacional, lo fragmentario, lo que no entra sin conicto en la
categoría de documento. De Oto trabaja esa ampliación en su lectura de Césaire
21
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
y Fanon, y esa operación importa para la historia de las ideas porque impide
reducir el archivo a lo que ya fue reconocido como fuente legítima (De Oto, 2011).
La pregunta cambia: no se trata de localizar documentos, sino de entender qué
vuelve archivístico a un material lateral, intermitente, difícil de clasicar.
Esa misma inquietud reaparece, con otra textura, en su lectura del archivo
de Arturo A. Roig. Un archivo losóco no se agota en papeles, libros o marcas
manuscritas. También importan la disposición de esos restos, su morfología,
las condiciones de acceso y el modo en que un taller intelectual, preservado y
montado, pasa a funcionar como escena pública de memoria (De Oto, 2025).
Lo conservado no es solamente una actividad losóca pasada; es también una
relación entre rma, institución, temporalidad y proyecto intelectual.
De allí se desprende una cautela metodológica que conviene no apurar. La
investigación trabaja sobre archivos, pero también trabaja desde condiciones
archivísticas de legibilidad —y esa segunda dimensión suele quedar en penumbra.
Antes de preguntar qué dicen los materiales, hace falta demorarse en el trabajo
histórico, institucional, técnico y geopolítico que permitió que llegaran a contar
como materiales. La cuestión metodológica no empieza cuando el corpus ya está
listo. Empieza un poco antes, en ese punto menos visible donde algo ingresa —o
no logra ingresar— en el horizonte de lo legible.
Es desde ahí que el problema del archivo conduce, casi sin desvío, al problema
del silencio.
El silencio como producción metodológica
El archivo no se comporta como un depósito neutral de materiales; por
eso tampoco el silencio puede tratarse como una zona simplemente vacía
del conocimiento. En la investigación en humanidades suele aparecer bajo
nombres conocidos —falta de fuentes, laguna documental, vacío del corpus—,
y esas palabras no son falsas. Llegan tarde. En Trouillot, el silencio no espera al
investigador al nal del recorrido: se produce en la constitución misma de ciertos
hechos, en la desigual fabricación de fuentes, en lo que se preservó y en lo que
quedó fuera, en los ordenamientos que dieron forma a los fondos, en las narrativas
que fueron decidiendo qué merecía memoria (Trouillot, 1995, pp. 26–27). Para
cuando una investigación lo encuentra, el silencio ya trae una historia.
Conviene, entonces, una cautela metodológica elemental: una ausencia no
siempre pertenece al mismo régimen. Un material puede no haber sido registrado
en soportes reconocibles; puede haber sido conservado bajo una categoría
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
22
que lo debilita como evidencia; puede estar disponible y, aun así, no encontrar
todavía una pregunta capaz de volverlo signicativo. Una pérdida irreparable, una
clasicación subordinada y una disponibilidad muda no piden la misma operación
crítica. Confundirlas obliga a responder del mismo modo ante situaciones que
fueron producidas de manera distinta.
En losofía, esta diferencia se vuelve visible cuando la obra publicada se
canoniza como soporte privilegiado de inteligibilidad y otros materiales —
cursos, programas de cátedra, versiones de trabajo, reseñas menores, usos
pedagógicos— quedan en un estatuto débil. Hay un umbral anterior al archivo en
sentido estricto: un punto en el que ya se decide qué merece dejar huella, bajo
qué forma y con qué expectativa de lectura futura. Cuando ciertas prácticas no
atraviesan ese umbral, el silencio no deriva del archivo constituido; lo precede.
Puede llamarse silencio de inscripción, aunque el nombre importa menos que la
pregunta que abre: qué formas de actividad intelectual nunca llegaron a volverse
consultables.
Otra situación aparece cuando el material existe, fue preservado e incluso puede
encontrarse, pero quedó alojado en un lugar menor. Stoler ayuda a precisar ese
desplazamiento: un archivo no organiza conocimiento solo por lo que guarda, sino
por la sedimentación de clasicaciones, ansiedades administrativas y gramáticas
de catalogación que orientan qué podrá ser leído como documento (Stoler, 2009).
En estudios losócos e intelectuales, un curso reducido a material preparatorio,
una traducción archivada como instrumento auxiliar o una reseña que circuló sin
contar como antecedente no desaparecen. Están ahí, pero su lugar en la serie los
amortigua antes de que la lectura empiece.
Hay todavía una forma más esquiva de silencio. Un texto puede estar editado,
citado, circular con relativa estabilidad y, aun así, no entrar en el horizonte de lo
metodológicamente signicativo. La fuente no falta, ni está necesariamente mal
clasicada. Falta una disposición aprendida para ver ahí un problema. Los hábitos
de formación, las jerarquías disciplinares y los protocolos de validación delimitan
de antemano un campo de relevancia, casi siempre sin presentarse como
decisiones. A veces el archivo no calla porque oculte, sino porque las preguntas
que llegan hasta él son demasiado estrechas.
No conviene convertir estas distinciones en taxonomía. Sirven, más bien,
para impedir que “ausencia” funcione como comodín. Un mismo material puede
combinar inscripción débil, clasicación subordinada e ilegibilidad disciplinar;
puede haber permanecido opaco por razones coyunturales y mostrar después,
23
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
desde otra pregunta, que esa opacidad cubría algo más persistente. Antes de leer
un silencio conviene precisar qué clase de producción lo volvió legible como falta.
También importa distinguir qué silencios pueden modicarse y cuáles
no. Algunos remiten a pérdidas, exclusiones o violencias de inscripción: la
investigación puede describir sus condiciones, pero lo que no fue registrado o
fue destruido no se restituye con una lectura más cuidadosa. Otros dependen
de condiciones históricas de acceso o clasicación: una digitalización, una
nueva descripción, un desplazamiento en las preguntas disponibles pueden
alterar su estatuto. Puede llamarse estructurales a los primeros y coyunturales
a los segundos, siempre que la distinción no se entienda como una frontera ja,
sino como una herramienta para medir grados de reversibilidad. Tratarlos como
equivalentes conduce a dos errores opuestos: prometer una restitución imposible
o resignar una búsqueda que todavía podía abrirse.
Mbembe pone allí un límite necesario: no todo silencio puede ser reabsorbido por
una investigación más exhaustiva (Mbembe, 2002). Volver metodológicamente
legible un vacío no consiste en completarlo, sino en reconstruir qué lo produjo,
medir hasta dónde puede avanzar la lectura y reconocer el punto en que la escritura
debe detenerse antes de convertir una pérdida en dato.
De la crítica a la operación: cinco gestos metodológicos
La consecuencia metodológica sigue siendo incómoda. Si el archivo
distribuye legibilidad y el silencio no nombra una falta indiferenciada, la sospecha
general sobre las fuentes queda corta. También queda corta la consigna de abrir
el corpus. En el trabajo concreto hay que mostrar cómo se arma un archivo de
investigación, cómo se distribuyen pesos entre materiales, por qué ciertos
registros heterogéneos pueden aproximarse y qué zonas de opacidad conviene
mantener como tales. El carácter construido del corpus se juega ahí: en el recorte
que se declara, en las jerarquías que se aceptan o se desplazan, en las relaciones
que se prueban y en los silencios que la escritura no debería convertir demasiado
rápido en evidencia.
Ese desplazamiento puede seguirse en cinco gestos. No forman un
protocolo; marcan lugares donde la investigación decide, aunque después la
escritura tienda a presentar esas decisiones como si el corpus hubiera estado
disponible desde el comienzo.
El primero es delimitar, palabra útil y engañosa a la vez. No se trata únicamente
de trazar un borde para volver manejable una masa documental. En ese recorte
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
24
empieza a jugarse el argumento: se propone una serie, se imaginan relaciones,
se aceptan pérdidas. Qué problema vuelve pertinente ese conjunto y qué queda
fuera no por descuido, sino porque el diseño de lectura no puede absorberlo todo,
son preguntas que pertenecen al trabajo mismo.
En la delimitación vuelve una cuestión foucaultiana: bajo qué reglas ciertos
enunciados pueden formarse, circular y reconocerse como tales. Rufer empuja
esa cautela hacia el archivo cuando impide tratarlo como una cantera de datos
disponibles (Foucault, 2002; Rufer, 2016). El recorte, entonces, no se sostiene
por la mera disponibilidad de los materiales, sino por la relación que una pregunta
logra trazar entre ellos. También ahí acecha un riesgo: repetir como decisión
metodológica una jerarquía que el archivo ya había producido antes de que la
investigación llegara.
Una vez trazado, ese borde no reparte los materiales de manera pareja.
Algunos sostienen el argumento central; otros funcionan como indicios, desvíos
o restos que no conviene absorber del todo. En losofía, esa distribución suele
apoyarse en oposiciones aparentemente obvias: obra principal y material
preparatorio, libro y curso, texto autoral y traducción. Hay ocasiones en que esas
diferencias ordenan el análisis; en otras, apenas prolongan una estructura de
relevancias heredada.
Jerarquizar desplaza el problema hacia la autoridad interpretativa. Las
gramáticas de clasicación que Stoler lee en los archivos coloniales operan,
con otra escala, en cualquier fondo disciplinar: una jerarquía documental nunca
es solo un orden práctico; organiza modos de leer, de creer, de autorizar (Stoler,
2009). Ninguna investigación se mueve por fuera de ese reparto. El punto es si lo
deja actuar como evidencia natural o si lo vuelve parte del problema.
Cuando entran materiales de distinto régimen, el criterio se vuelve menos
cómodo. No pesan igual un libro publicado y una clase, una entrevista y una
traducción, una película y una nota marginal. Cada uno llega con una inscripción
material, una autoridad institucional y una historia de circulación distintas.
Reunirlos puede ser necesario; volverlos equivalentes, en cambio, borra justo
aquello que permite leerlos. El criterio se construye en ese trayecto: qué permite
aproximarlos, qué diferencia debe mantenerse, qué usos y condiciones de
producción no pueden desaparecer sin empobrecer el problema.
Conmutación nombra ese gesto. En una investigación sobre Deleuze y cine,
la película, el curso, la entrevista y el libro no ocupan posiciones intercambiables.
Pueden, sin embargo, intervenir de manera desigual en la elaboración de un mismo
25
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
problema. La distinción entre archivo y repertorio que propone Taylor ayuda a
sostener esa desigualdad sin reducir todos los registros a una lógica documental
(Taylor, 2003). De Oto desplaza la discusión hacia otra escena cuando muestra
que un poema, un cuerpo racializado, una etiqueta comercial o una representación
adquieren valor archivístico si una pregunta los vuelve pertinentes para pensar
la crítica colonial (De Oto, 2011). Bajo qué problema, con qué estatuto y hasta
dónde: ninguna de esas preguntas se responde de una vez.
Con el silencio, la cautela cambia de forma. No se habla por la ausencia ni se
completa imaginariamente lo que el archivo no conserva. La investigación puede
reconstruir las condiciones que volvieron algo no legible: una ausencia, una
lateralidad, una ilegibilidad incorporada al saber disponible sin decisión explícita.
Una pérdida producida en el momento de la inscripción no pide lo mismo que una
opacidad generada por una clasicación degradante o por una tradición que no
supo formular ciertas preguntas.
En Trouillot, los silencios se producen en momentos distintos de la
fabricación histórica; en Stoler, las categorías no solo ordenan documentos,
también desplazan o amortiguan la evidencia; con Mbembe aparece el límite de
toda promesa de restitución total (Trouillot, 1995; Stoler, 2009; Mbembe, 2002).
Ya no se trata solo de constatar una falta. Hay que precisar qué la produjo, qué
puede reconstruirse sin ocupar el lugar de lo ausente y qué debe permanecer
como límite: no como fracaso de la investigación, sino como parte de lo que puede
decir honestamente.
El último gesto aparece cuando el análisis parece haber terminado: escribir
el archivo. Lo que se entrega como corpus no preexistía intacto. Fue tomando
forma a través de recortes, jerarquías aceptadas o discutidas, conmutaciones
y modos de leer el silencio. La escritura le da una estabilidad retrospectiva que
puede confundirse con origen.
Esa estabilidad deja fuera una zona menos visible: vínculos que se probaron
y no quedaron, opacidades que no encontraron lugar cómodo en la exposición,
materiales que permanecieron en el borde sin una justicación del todo clara. En
el archivo de Roig, tal como lo lee De Oto, esa dimensión material y pública de la
conservación aparece en la disposición de papeles, libros y marcas manuscritas,
en su morfología, en las condiciones de acceso y en el modo en que un taller
intelectual preservado llega a funcionar como escena de memoria losóca (De
Oto, 2025). La escritura académica produce una escena análoga en otro plano:
compone legibilidad, distribuye centralidades, enlaza fragmentos y deja restos.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
26
Conviene no pedirles a estas operaciones más de lo que pueden dar. No son
las únicas herramientas posibles, ni ordenan de una vez el trabajo con archivos
inestables. Sirven para evitar que la investigación borre las condiciones de su
propio archivo de trabajo: las decisiones que lo organizaron, las opacidades que
persistieron, los límites que una exposición demasiado limpia podría absorber sin
advertirlo. Enseñar a investigar también supone enseñar a escribir desde esas
condiciones, en el punto donde algo llega —o no llega— a contar como evidencia.
Enseñar a percibir operaciones: hacia una pedagogía del juicio
metodológico
En metodología de la investigación, buscar, clasicar y citar son aprendizajes
indispensables, pero no agotan el problema. En una clase también se entrena otra
forma de atención: mirar con qué autoridad llega un material, bajo qué condiciones
se vuelve legible, qué permisos lo sostienen y qué opacidades arrastra. La crítica
del archivo mostró que la evidencia no aparece en estado neutro; la lectura del
silencio agregó que incluso una ausencia puede haber sido producida antes de
que el investigador la nombre. Llevada al aula, esa doble advertencia exige formar
un juicio capaz de reconocer las jerarquías que sostienen aquello que después
llamamos corpus.
Una clase de metodología puede trabajar justamente sobre esa zona. No
se trata solo de transmitir respuestas ni de formar usuarios más ecaces de
repositorios. Tampoco alcanza con volver a los estudiantes lectores más
suspicaces de documentos. El aprendizaje empieza cuando un material deja
de parecer simplemente disponible y obliga a preguntar bajo qué condiciones
puede entrar en relación con otros, qué autoridad se le atribuye y qué silencios se
reproducen cuando ese ingreso se naturaliza.
El archivo, en el aula, funciona como laboratorio metodológico porque
permite observar en una escala menor decisiones que después organizan una
investigación completa: recortar, ordenar, aproximar materiales, leer opacidades,
escribir los límites del recorrido. La formación crítica no se juega únicamente en
elegir objetos marginales o temas políticamente sensibles. Se juega también
cuando un estudiante advierte que sus materiales llegan con fuerzas desiguales:
algunos se presentan como fuente; otros apenas como indicio, resto o apoyo
contextual.
Esa asimetría puede ser el punto de partida. Un libro publicado, una clase
grabada, una entrevista, una imagen, un programa de curso o un documento
27
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
producido por una comunidad no habilitan la misma forma de presencia histórica
ni la misma autoridad documental. La noción de archivos comunitarios trabajada
por Michelle Caswell permite pensar esa disputa por la visibilidad sin suponer
que todo ingreso al archivo ocurre bajo las mismas condiciones (Caswell, 2014).
La distinción entre archivo y repertorio propuesta por Taylor vuelve todavía más
delicado el problema: ciertos registros no se dejan traducir sin resto a una lógica
documental estable, y por eso leerlos juntos exige algo más que ampliar la lista de
fuentes posibles (Taylor, 2003, pp. 19–20). La dicultad aparece al formular una
pregunta capaz de poner esos registros en relación sin reducirlos a una sola forma
de prueba.
En la discusión latinoamericana que abre De Oto, un archivo crítico puede
componerse con materiales divergentes y, aun así, construir una inteligibilidad
rigurosa (De Oto, 2011). La observación importa especialmente para la losofía
latinoamericana, donde el trabajo conceptual muchas veces no queda alojado
únicamente en la obra publicada. En el archivo de Arturo A. Roig, por ejemplo,
papeles, marcas, disposiciones materiales y condiciones de acceso arman
algo más que el resto secundario de una producción ya cerrada: componen una
escena en la que memoria, institución, rma, temporalidad y proyecto intelectual
se vuelven inseparables (De Oto, 2025). Para la enseñanza metodológica, el
punto no es sumar materiales laterales por amplitud, sino aprender a justicar qué
relación los vuelve legibles en una misma investigación.
Freire puede funcionar aquí como apoyo, siempre que se lo use sin
generalidades edicantes. No ofrece una teoría del archivo; permite recordar, más
bien, que toda enseñanza crítica modica la relación con el saber (Freire, 2005).
En metodología, esa modicación aparece cuando el estudiante deja de recibir el
protocolo como una secuencia cerrada y empieza a reconocer las mediaciones
que ordenan su acceso a los materiales. La tarea docente pasa entonces por
crear condiciones para que las decisiones de búsqueda, recorte y lectura puedan
explicitarse y defenderse sin presentarse como simple obediencia técnica (Freire,
2005).
Esa orientación puede tomar formas concretas sin convertirse en una grilla.
Una memoria breve de delimitación del corpus obliga a decir por qué ciertos
materiales ingresan y otros quedan fuera; su valor no está en cumplir un requisito
formal, sino en hacer visible la primera frontera del archivo de trabajo. Distinguir
materiales centrales, auxiliares, indicios y restos no ja jerarquías denitivas:
precisa qué función cumple cada pieza en el argumento. La conmutación
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
28
aparece cuando registros de distinto estatuto —un texto publicado, una clase,
una entrevista, una imagen, un programa de curso— son puestos en relación
sin volverlos equivalentes. La lectura del silencio, por su parte, exige describir
una zona opaca del corpus antes de decidir si allí opera una no inscripción, una
clasicación subordinada, una ilegibilidad disciplinar, un silencio estructural o uno
coyuntural.
Ampliar el archivo por acumulación no alcanza. El trabajo metodológico
empieza cuando esa política deja de operar como evidencia muda: cuando se
vuelve posible ver dónde hubo delimitación, dónde hubo jerarquización, dónde
hubo conmutación, dónde el silencio no es mero vacío y dónde la escritura termina
de jar lo que el archivo parecía haber dado desde siempre. Las técnicas no
quedan fuera de esa discusión. Participan de la forma en que un corpus aparece,
se ordena y llega a sostener una interpretación.
Cierre: volver al vacío, pero de otro modo
Conviene volver a la escena inicial, aunque ya no exactamente al mismo lugar.
El estudiante que llegaba a la consulta preocupado por cómo llenar un vacío
formulaba un problema comprensible, pero insuciente. Frente a materiales
dispersos, laterales o débilmente legitimados, la primera respuesta suele ser
buscar más: ampliar el corpus, completar series, sumar documentos capaces
de compensar lo que parece faltar. Esa respuesta no desaparece; a veces
es necesaria. Se vuelve pobre, sin embargo, cuando supone que la carencia
está simplemente en el archivo y no también en las operaciones que hicieron
reconocible esa carencia.
El desplazamiento seguido aquí va por esa vía. Un vacío puede remitir a una
pérdida efectiva, a una inscripción que nunca ocurrió, a una clasicación que
degradó el material, a una tecnología de acceso que lo volvió opaco, a una
temporalidad de obsolescencia o a una pregunta disciplinar que todavía no
encontró cómo leerlo. Leer el silencio no signica atribuirle un contenido perdido.
Signica describir el régimen que lo produjo y el tipo de trabajo metodológico que
permite hacerlo visible sin borrarlo.
La consecuencia pedagógica aparece ahí, en una zona más práctica que
declarativa. Enseñar metodología en humanidades implica formar algo más que
destrezas de búsqueda, ordenamiento y cita. También exige reconocer cuándo
un corpus se presenta como dado porque ya fueron naturalizadas las decisiones
que lo hicieron posible. Delimitar, jerarquizar, poner en relación, leer opacidades
29
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
y escribir los propios límites no son pasos accesorios de la investigación; son
operaciones mediante las cuales un archivo de trabajo adquiere forma, autoridad
y alcance
La escena inicial cambia entonces de sentido. El vacío ya no pide una
compensación inmediata. Antes reclama ser descrito, situado, discutido. Una
pedagogía crítica del archivo empieza en esa demora: no promete restaurar
una plenitud perdida ni hablar sin mediaciones por lo silenciado, sino formar
investigadores capaces de advertir qué política de legibilidad arrastra todo trabajo
con materiales. Investigar no consiste solo en encontrar lo que falta. También
supone aprender cuándo esa falta debe permanecer visible para que el archivo no
vuelva a cerrarse como si siempre hubiera estado completo.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
30
Referencias bibliográcas
Caswell, M. (2014). Seeing yourself in history: Community archives and the ght against
symbolic annihilation. The Public Historian, 36(4), 26–37.
De Oto, A. (2011). Aimé Césaire y Frantz Fanon. Variaciones sobre el archivo colonial/
descolonial. Tabula Rasa, 15, 149–169.
De Oto, A. (2025). “Razón de archivo” y losofía latinoamericana. Observaciones sobre
el caso del archivo de Arturo A. Roig. Memorias Disidentes. Revista de Estudios Críticos
del Patrimonio, Archivos y Memorias, 2(3), 35–51.
Derrida, J. (1997). Mal de archivo: Una impresión freudiana (P. Vidarte, Trad.). Trotta.
Foucault, M. (2002). La arqueología del saber. Siglo XXI.
Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido. Siglo XXI.
Mbembe, A. (2002). The power of the archive and its limits. En C. Hamilton, V. Harris,
J. Taylor, M. Pickover, G. Reid, & R. Saleh (Eds.), Reguring the archive (pp. 19–27).
Kluwer Academic Publishers.
Rufer, M. (2016). El archivo: De la metáfora extractiva a la ruptura poscolonial. En F.
Gorbach & M. Rufer (Coords.), (In)disciplinar la investigación: Archivo, trabajo de campo
y escritura (pp. 160–186). Siglo XXI Editores; Universidad Autónoma Metropolitana.
Stoler, A. L. (2009). Along the archival grain: Epistemic anxieties and colonial common
sense. Princeton University Press.
Taylor, D. (2003). The archive and the repertoire: Performing cultural memory in the
Americas. Duke University Press.
Trouillot, M.-R. (1995). Silencing the past: Power and the production of history. Beacon
Press.
Cómo citar este artículo:
López Feoli, E. (2026).
Enseñar a leer el silencio: archivo, método y formación
crítica en humanidades. Trazos-Revista de estudiantes de Filosofía, 1(10), 16-30
31
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Dossier
Imaginarios (De)Generados:
Apuntes Xenofeministas Sobre El
Archivo Inexistente De Felipe Rivas
San Martín
(De)Generated Imaginaries:
Xenofeminist Notes On e Inexistent Archive Of
Felipe Rivas San Martín
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO X - VOL. I. - JUNIO 2026
páginas 31-41 - E-ISSN 2591-3050
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Víctor Lanatti
Universidad Nacional de Río Cuarto. Córdoba, Argentina.
victor.lanatti@yahoo.com.ar
Recibido: 31 de marzo de 2026
Aceptado: 29 de mayo de 2026
Ana Mar Oliva
Universidad Nacional de Río Cuarto. Córdoba, Argentina.
anamoliva18@gmail.com
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
32
Resumen: Este trabajo interroga la noción de archivo más allá de su función
conservadora, pasiva e instrumental, atendiendo a las condiciones históricas,
materiales y tecnológicas que delimitan lo sensible, lo registrable y lo imaginable.
A partir de Un Archivo Inexistente de Felipe Rivas San Martín, obra en co-creación
con Stable Diusion, proponemos comprender el archivo como una tecnología
activa de producción sensible y política. Las imágenes co-generadas, en tanto
cciones de un pasado sexo-disidente latinoamericano, ausente en los registros
dominantes, permiten pensar la inexistencia como efecto de operaciones
históricas de borramiento sistemático. En diálogo con Laboria Cuboniks,
pensamos el archivo inexistente como tecnología xenofeminista en la medida
en que es alienante, crítica, situada, relacional y escalable; y co-participa en el
compromiso por disputar regímenes de visibilidad heredados y así abrir nuevas
posibilidades de imaginación.
Palabras claves: Xenofeminismo, Archivo Inexistente, tecnologías.
Abstract: This work interrogates the notion of the archive beyond its
conservative, passive, and instrumental function, considering the historical,
material, and technological conditions that dene what is perceptible, recordable,
and imaginable. Based on Felipe Rivas San Martín’s Un Archivo Inexistente
(The Inexistent Archive), a work co-created with Stable Diusion, we propose
understanding the archive as an active technology of sensitive and political
production. The co-generated images, as ctions of a Latin American sex-
dissident past, absent from dominant records, allow us to consider nonexistence
as the eect of historical operations of systematic erasure. In dialogue with Laboria
Cuboniks, we conceive of the inexistent archive as a xenofeminist technology
insofar as it is alienating, critical, situated, relational, and scalable; and co-
participates in the commitment to contest inherited regimes of visibility and thus
open new possibilities for imagination.
Keywords: Xenofeminism, Inexistent Archive, technologies.
33
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Sobre las huellas del pasado
La pregunta por los archivos ha dejado de remitir exclusivamente a dispositivos
destinados a conservar y clasicar huellas del pasado para convertirse, cada vez
más, en una interrogación acerca de las condiciones históricas, materiales y
tecnológicas que determinan qué puede ser registrado, qué permanece visible y
qué queda condenado a la inexistencia. En este sentido, pensar el archivo supone
también pensar los regímenes de poder que organizan la memoria, distribuyen la
sensibilidad y delimitan los márgenes de lo imaginable. Allí donde precisamente
ciertos cuerpos, experiencias y vínculos han sido sistemáticamente excluidos
de los dispositivos de inscripción histórica, el archivo aparece como nodo de
conservación y como campo de disputa política, epistemológica y sensible.
Conocimientos encarnados y pasados alienados
“Un Archivo Inexistente” es un proyecto artístico que consiste en una colección
de obras co-creadas con inteligencia articial generativa, en una co-autoría con el
artista visual Felipe Rivas San Martín y Stable Diusion. El artista co-crea, a partir
de su vínculo con este modelo de IA, un registro imposible, un archivo inexistente
como lo indica el propio título de su obra, en la medida en que nos encontramos ante
algo que ‘‘no existe ni ha sido” (al menos ante los ojos de la historia dominante).
Este repertorio de imágenes que se postulan como cuasifotografías antiguas de
parejas sexo-disidentes de clase trabajadora en América Latina se presenta como
una contradicción con la noción misma de archivo.
Nuestros imaginarios han sido poblados con las imágenes del archivo como
meros dispositivos de almacenamiento. Bajo esta concepción, podemos
identicar como se les exige a los mismos que deben contar con una base, una
serie de técnicas de registro y preservación, así como con un despliegue calculado
de clasicación de datos y documentos que operan, tanto al interior del mismo
dispositivo como en nuestras sociedades en las que se encuentran situados, en
tanto que evidencias que nos dejan en claro qué hechos efectivamente ocurrieron
y cuáles no. Esta perspectiva del archivo, la cual ha sido la que mayoritariamente
ha proliferado, se enmarca en lo que denominamos como una concepción
tradicional del mismo en tanto que dispositivo pasivo e instrumentalizado.
Sin embargo, la propuesta de Felipe Rivas San Martín nos interpela a pensar a
los archivos desde otras coordenadas y ensamblajes y que inevitablemente nos
empujan a preguntarnos: ¿Qué quedó silenciado e invisibilizado históricamente
respecto a nuestras vivencias como disidencias en América Latina? ¿Qué fue
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
34
aquello que no pudo ser dicho ni preservado, pero que no por ello signica que
aún no continúa organizando nuestras historias, nuestros cuerpos, así como
nuestro presente y toda posibilidad de futuro?
Con esto en mente, el artista comprende que es menester una alianza
fundamental y —nos atrevemos a considerar— subversiva con las tecnologías,
teniendo como propósito el co-generar un archivo que no busca sustituir o falsicar
el pasado, ni reescribir la historia para la posterior operación de sus anacronismos.
Entendemos que el proyecto apuesta por su potencial como cción, aceptando y
disputando paralelamente su limitación histórica-política —en tanto que archivo
marica— de ser prejado como irreal y ausente, como algo que, recuperando
las palabras de Juan Martín Prada en la contratapa del libro, “debió mantenerse
oculto a la mirada ajena”.
Encontramos en el Archivo Inexistente una suerte de epicentro archivístico
particular y productivo para la reexión losóca, el cual, con todo lo anteriormente
mencionado, puede ser analizado bajo una óptica crítica y edicante con los
desarrollos xenofeministas del grupo de trabajo Laboria Cuboniks. Así, la
concepción misma de tecnología al interior del xenofeminismo adquiere una
densidad crucial para pensar el proyecto de Felipe Rivas San Martín y la noción
misma de archivo. No obstante, en este punto resulta importante subrayar el
hecho de que Laboria Cuboniks no ha desarrollado conceptual y explícitamente
una reformulación de la noción de archivos o la archivística como tal.
De forma concisa, cabría decir que podemos pensar el Archivo Inexistente como
una tecnología xenofeminista en la medida en que es una tecnología alienante,
crítica, situada, relacional y escalable, capaz de desmontar dualismos tales
como natural/articial, humanx/máquina y lo real/lo posible, a vistas de un futuro
edicante y emancipatorio. Es inevitable no reconocer que ante la presencia de
las imágenes que constituyen al Archivo Inexistente, nos encontramos también
experimentando un grado de alienación importante frente a lo desconocido.
Tal sentimiento invoca en nosotrxs la pregunta: ¿Qué condiciones históricas y
epistemológicas hacen que, al pensar el pasado, no emerjan imágenes de obrerxs
maricas en América Latina?
Identicar críticamente esta serie de elementos nos permite poder analizar
cierto régimen de sensibilidad, entendiendo esto último como aquello que implica
no sólo las condiciones que determinan qué se puede y qué no sé puede ver, sino
también las prácticas y normas que sustentan y que regulan las condiciones (de
posibilidad y límite), así como la capacidad misma de ver y ser vistxs. En otras
35
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
palabras: la capacidad de percibir(nos), de existir, de navegar en múltiples pasados
y de bocetar extraños futuros. Por ello, cuando histórica y políticamente se nos
impone una matriz heterocispatriarcal, colonial y capitalista que halla sus bases
socioestructurales en la patologización y criminalización como disciplinamiento,
las vivencias y los cuerpos maricas se construyen a partir de métricas particulares,
sesgadas y hegemónicas (ensanchadas como universales al imponerse como
‘‘objetivas’’ y ‘‘verdaderas’’) de experimentar e imaginar nuestras sociedades,
nuestros cuerpos, así como nuestras posibilidades. Por todo esto, nuestra relación
no-tradicional con los archivos debe poder aperturar nuestro agenciamiento, no
sólo desde el (des)montaje sino también desde su dimensión (per)formadora
sobre lo real, a partir de esta alianza entrañable y crítica con las tecnologías.
En este punto, es que nos preguntamos: si no se muestran cuerpos maricas del
pasado, ¿eso signica que no existen? Si hay un vacío sistemático respecto a las
vivencias maricas pasadas en nuestra latinoamérica, ¿cómo podemos entonces
imaginar cciones futuras que permitan criticar y subvertir el presente? ¿Cuáles
son nuestras condiciones de posibilidad y cuáles son sus derivaciones sensibles
(o no) precisamente con respecto a estos pasados maricas?
Por esto es que consideramos pertinente analizar, de forma crítica, situada
y edicante, a esta propuesta, para motivar a que pensemos el despliegue
de contra-sensibilidades que se postulan como contra-normativas y, por
consiguiente, contra-hegemónicas. Apelamos a estos archivos inexistentes
como un dispositivo, un incentivo para apuntar a la multiplicidad de existencias,
prácticas, tecnologías, temporalidades, imágenes, interpretaciones, afectos y
cuidados. Por ello recuperamos una pregunta muy presente en relación a este
proyecto artístico y que es probablemente uno de los primeros interrogantes que
puede surgir al apreciar estos archivos. Una pregunta que nace a partir de —y no
a pesar de— la alienación: “¿A quién retratan estas imágenes si las personas en
ellas no son reales?” (San Martín, 2024, p. 16).
En diálogo con Laboria Cuboniks resulta menester recuperar la noción de
alienación como fuerza productiva. La alienación no es pensada aquí como
pérdida o enajenación negativa, sino como una capacidad: una mediación que
habilita procesos de abstracción necesarios para conocer aquello que no nos es
inmediatamente accesible (Hester, 2024). En este sentido, la alienación funciona
como condición de posibilidad del conocimiento.
Como sugiere Hester recuperando a Mark Fisher, la totalidad no es dada a la
experiencia; aunque sintamos sus efectos, sólo puede ser captada mediante
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
36
operaciones abstractas (Hester, 2024). Con esto en mente, cabe asumir esta
dimensión: conocer los archivos —y particularmente archivos maricas en
nuestro continente latinoamericano— implica necesariamente un trabajo de
distanciamiento, de mediación, de reconstrucción abstracta de vidas, narrativas
y clasicaciones que no nos son inmediatas. Con ello, la alienación deviene
una política del conocimiento, permite advertir el desajuste entre las narrativas
hegemónicas y las experiencias situadas que esos mismos dispositivos intentaron
capturar. En este punto, el archivo, en tanto que tecnología xenofeminista, articula
experiencia vivida y razón especulativa, conocimiento inmediato y no inmediato,
como condiciones conjuntas para una comprensión crítica de los pasados y del
presente.
Ciertamente, puede que no nos hallemos ante archivos ‘‘reales’’ dentro del
paradigma tradicional, aquel que reduce lo real a su capacidad de ser registrado,
clasicado y conservado a lo largo del tiempo. Sin embargo, consideramos que
es precisamente en ese desajuste donde radica su potencia. Entendemos que
la ‘‘inexistencia’’ no constituye en este proyecto una carencia, sino que, por el
contrario, integra una condición productiva, un umbral desde el cual interrogar los
límites de lo visible, lo decible y lo pensable. Nos encontramos ante una especie
de vórtice a lo desconocido, donde la alianza entre humanxs y tecnologías
desestabiliza toda pretensión de pureza o autenticidad, habilitando la emergencia
de otras conguraciones al “aprovechar la alienación como estímulo, como
puntapié inicial, para generar nuevos mundos” (Laboria Cuboniks, 2017, p. 118).
Sobre la (auto)comprensión posthumana
Ahora bien, alejándonos críticamente de pensar la inexistencia de estos
archivos como un décit o una ausencia, podemos comprenderlos también y
sobre todo como el efecto de una operación histórica y material especíca: una
negación tecnológica. La exclusión sistemática de las disidencias sexo-genéricas
en América Latina no sólo implicó violencia, precarización, patologización y
criminalización, sino también la imposibilidad de acceso a los medios de registro,
preservación y circulación. Esto mismo se convierte en un punto de inexión a
la noción misma de archivo al disputar activamente la concepción tradicional
del mismo en tanto que maniesta que toda memoria es inseparable de las
condiciones tecnológicas que la hacen posible. Como sugiere el propio artista, la
negación tecnológica para nuestras disidencias es la exclusión de los dispositivos,
infraestructuras y prácticas que habilitan la producción misma de lo archivable
37
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
(San Martín, 2024, p. 46).
En este punto, una tecnología xenofeminista no puede reducirse únicamente
a su dimensión alienante, aunque la presuponga como condición de posibilidad
no sólo del conocimiento sino también de múltiples relaciones. Antes bien,
consideramos que también es necesario una autocomprensión posthumana
que desestabilice la oposición entre humanxs y máquinas, para pensar la co-
constitución, la agencia distribuida y la co-generación, en el marco particular de
nuestro análisis, de los archivos. Así, además de reconocer el carácter relacional
de las tecnologías, resulta también pertinente interrogar los límites mismos de lo
humano: ¿quiénes han sido históricamente excluidxs en esa categoría y quiénes
han quedado relegadxs a sus márgenes, tanto en términos de representación
como de existencia material?
Sondear el concepto de lo humano se vuelve equivalente a un
ejercicio de arqueología discursiva, de sondear el terreno de lo dado
para aprehender los conjuntos de suposiciones que operan a la hora
de dar sentido al mundo, nuestro lugar en él, y el conjunto resultante
de órdenes y relaciones. (Laboria Cuboniks, 2022, p. 74)
Esto no supone, cabría aclarar, un análisis y autocomprensión antropocéntrica,
sino más bien siempre en un vínculo crítico, situado, no-reproductivo de violencias
y emancipatorio para con las tecnologías.
En estas mismas coordenadas, y para comprender mejor esta relación co-
constitutiva, regeneradora y extraña, resulta clave atender al propio proceso
de producción del Archivo Inexistente. Las imágenes que lo constituyen se dan
en una interacción situada y crítica entre el artista y un modelo de inteligencia
articial generativa. Este sistema, capaz de producir imágenes fotorrealistas a
partir de descripciones textuales comúnmente conocidos como prompts, opera
sobre una base de datos preexistentes y una conguración algorítmica que no
son neutrales, sino que se encuentran precisamente atravesadas por sesgos
históricos, culturales y políticos.
Ante esto, el artista propone el concepto de prompt minoritario que, en
sus propias palabras, “reere a un tipo de instrucción o solicitud diseñada
especícamente para contrarrestar los sesgos presentes en las bases de datos
utilizadas para entrenar modelos de lenguaje” (San Martín, 2024, pp. 47-48). Éste
permitiría ampliar la comprensión del modelo y exponerlo a un abanico de voces
y perspectivas con las que no contaba previamente.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
38
Así mismo, el funcionamiento técnico de Stable Diusion, particularmente
a través de procesos como la difusión latente, nos permite comprender con
mayor precisión esta dimensión co-generativa y por lo tanto agencial con estos
archivos. Es a partir de la introducción progresiva de ruido sobre las imágenes de
entrenamiento, que el sistema no se limita a reproducir formas preexistentes, sino
que más bien produce imágenes nuevas. Se trata, por lo tanto, de una potencia
generativa que, si bien se apoya en un universo visual dado, no se encuentra
completamente determinada por él (San Martín, 2024, p. 52).
Es precisamente en esta interseccionalidad entre datos y desviación, entre
sesgos y fugas, entre programación y apertura, entre alienación y producción,
donde se congura un acoplamiento agencial entre el artista y la máquina,
reformulando críticamente la noción misma de archivo desde sus cimientos. Las
imágenes que de allí resultan, entendidas por el propio autor como imágenes
minoritarias (San Martín, 2024, p. 52), amplían el campo de lo visible y ensayan
otras formas posibles de inscripción —así como futuridades no-reproductivas
(Hester, 2018, pp. 58-61)— para aquellas existencias que históricamente hemos
sido negadas de la historia universal.
Escalabilidad y libertad sintética
A su vez, esta regeneración apela a una doble acepción puesto que no sólo
es una reparación, única y exclusivamente para aquellas vidas latinoamericanas
(del sur, disidentes y de clase trabajadora), sino también una apuesta política
para que nos replanteemos —en relación a nuestro hacer imaginativo— concebir
las alteridades de estas realidades y su derecho a habitar el archivo. De hecho,
el artista menciona que su obra nace a partir del encuentro con dos obras que
recopilan fotografías de varones homosexuales europeos (San Martín, 2024, p.
20).
En este sentido, nos hallamos ante lo que las xenofeministas proponen como
escalabilidad, ya que se modica la conguración existente del mundo, los marcos
de tiempo y espacio, en la medida en que reconocemos nuestros propios límites de
percepción. Por ello, las xenofeministas plantean: “Nos adaptamos para navegar
y afectar así la indeterminación de la temporalidad, permitiendo que nuestros
compromisos actúen como bandadas que se extienden a través del tiempo”
(Laboria Cuboniks, 2022, p. 65). La escalabilidad actúa sobre los imaginarios
de lo posible en tanto permite que surjan futuros alternativos, extraños, antes
inhabitables; interrelaciona lo situado con la totalidad, lo local con lo universal.
39
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
De ahí que debamos comprometernos con esas temporalidades que escapan a
nuestra percepción inmediata.
El artista, a partir de su encuentro con aquellas obras, se propone modicar dichas
condiciones que no nos habilitan imaginar a obrerxs maricas en latinoamérica,
entramando diferentes temporalidades, espacios, clases sociales y géneros. Es
en este sentido que el Archivo Inexistente como tecnología xenofeminista —en
tanto alienante, escalable, situada— nos otorga la capacidad para actuar a gran
escala. “El XF reconoce que podemos reorientar los complejos sistemas en los
que vivimos hacia una concepción más amplia de justicia, gracias a (y no a pesar
de) la tecnología, la alienación y la capacidad de abstracción” (Laboria Cuboniks,
2022, p. 37).
De este modo, la noción de libertad sintética o positiva es fundamental,
queremos cultivar la libertad-para construir un futuro. La libertad no viene dada,
tenemos que construirla con compromiso para producir nuevos conocimientos,
sensibilidades, fenómenos, con el propósito de revitalizar y registrar las voces
y experiencias de aquellxs antes silenciadxs. La libertad sintética genera así
vínculos adecuados, estratégicos y adaptativos ante el borramiento sistemático
de nuestras maricas.
En las cuasifotografías del Archivo Inexistente las imágenes poseen errores,
fallas negativas y sancionables desde el ideal normativo de la eciencia técnica,
pero que en la obra son resignicados como “una capa adicional de disidencia
corporal” (San Martín, 2024, p. 54). Esta resignicación maniesta la relación
entre lxs maricas y el ruido, el error y el fracaso. Más aún, su presencia funciona
como un límite ético-político que impide que estas imágenes reemplacen el
pasado de violencias que obstaculizó su posibilidad misma, que estas imágenes
pudieran ser registradas.
A modo de (no) conclusión
A lo largo de este trabajo intentamos pensar el archivo más allá de su
concepción tradicional como dispositivo pasivo de conservación, atendiendo a
su dimensión tecnológica, política y sensible a partir del análisis de Un Archivo
Inexistente de Felipe Rivas San Martín en diálogo con los desarrollos de Laboria
Cuboniks. En este recorrido, propusimos comprender este archivo ccional como
una tecnología xenofeminista en tanto alienante, situada, relacional y escalable,
capaz de intervenir críticamente sobre los regímenes de visibilidad heredados y
sobre las formas en que imaginamos tanto el pasado como las posibilidades en el
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
40
presente y el diseño de futuros.
No buscando trazar una formulación cerrada, este análisis constituye una
aproximación experimental, un intento de ensayar vínculos conceptuales entre
archivos, cciones, tecnologías y disidencias sexogenéricas que todavía requieren
mayor desarrollo. La potencia de estas imágenes no reside únicamente en
aquello que muestran, sino en las preguntas que abren acerca de las condiciones
históricas de producción de memoria, de los límites de nuestras categorías
archivísticas y de las formas en que las tecnologías contemporáneas pueden
participar en procesos de reconguración sensible y política.
41
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Referencias bibliográcas
Cuboniks, L. (2022). Nuevos vectores del xenofeminismo. Editorial: Holobionte.
Cuboniks, L. (2017). Xenofeminismo: una política por la alienación. En Avanessian,
A. y Reis, M. (Eds.). Aceleracionismo. Estrategias para una transición hacia el
postcapitalismo (pp. 117-135). Editorial: Caja Negra.
Hester, H. (2018). Xenofeminismo. Tecnologías de género y políticas de reproducción.
Editorial: Caja Negra.
Hester, H. (Mayo 21, 2024). Alienación y (auto)conocimiento. YouTube. https://www.
youtube.com/watch?v=VdnnEW1Wv-o.
San Martín, F. R. (2024). Un Archivo Inexistente. The Inexistent Archive. Editorial:
Écfrasis.
Cómo citar este artículo:
Oliva, A.M. y Lanatti, V. (2026). Imaginarios (de)generados: apuntes
xenofeministas sobre el archivo inexistente de Felipe Rivas San Martín. Trazos-
Revista de estudiantes de Filosofía, 1(10), 31-41
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
42
Dossierl
Sarmiento, Entre Caseros Y Pavón:
Problemas Y Decisiones En El
Abordaje Del Archivo Epistolar De
Ana María Barrenechea
Sarmiento, Between Caseros And Pavón:
Problems And Decisions In Approaching e
Epistolary Archive Of Ana María Barrenechea
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO X - VOL. I. - JUNIO 2026
páginas 42-49 - E-ISSN 2591-3050
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Silvana Frau
Universidad Nacional de San Juan. San Juan, Argentina.
frausilvana.sj@gmail.com
Recibido: 15 de abril de 2026
Aceptado: 21 de mayo de 2026
María Gracia Nebro
Universidad Nacional de San Juan. San Juan, Argentina.
gracianebro@gmail.com
43
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Resumen: Presentamos los problemas y decisiones metodológicas que
surgen del abordaje del Archivo Ana María Barrenechea, especícamente el
epistolario de Domingo F. Sarmiento entre 1852 y 1861, donado en 2024 al
Instituto de Investigación Lingüística y Filológica “Manuel Alvar” (INILFI) de la
Universidad Nacional de San Juan. Desde una perspectiva interdisciplinaria que
articula la nueva historia política, la historia intelectual y el análisis del discurso,
se propone un marco conceptual para abordar las estrategias discursivas de
Sarmiento como prácticas de construcción de red intelectual y legitimación de un
proyecto nacional. Nuestro artículo se detiene especialmente en los desafíos que
plantea el carácter fragmentario y heterogéneo del archivo epistolar, así como en
las decisiones que hemos tomado para trabajar con ausencias y presuposiciones.
A raíz de los abordajes académicos se reexiona sobre las posibilidades de
transposición didáctica de este trabajo en niveles medio y universitario.
Palabras clave: archivo – Sarmiento – análisis del discurso.
Abstract: We present the problems and methodological decisions arising from
the approach to the Ana María Barrenechea Archive, specically the epistolary
correspondence of Domingo F. Sarmiento between 1852 and 1861, donated in
2024 to the “Manuel Alvar” Institute of Linguistic and Philological Research (INILFI)
of the National University of San Juan. From an interdisciplinary perspective that
articulates new political history, intellectual history, and discourse analysis, a
conceptual framework is proposed to address Sarmiento’s discursive strategies
as practices for building an intellectual network and legitimizing a national project.
Our article focuses particularly on the challenges posed by the fragmentary
and heterogeneous nature of the epistolary archive, as well as the decisions we
have made to work with absences and presuppositions. Based on academic
approaches, the article reects on the possibilities for the didactic transposition of
this work at secondary and university levels.
Keywords: archive – Sarmiento – discourse analysis.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
44
El Archivo Ana María Barrenechea, donado en 2024 al Instituto de Investigación
Lingüística y Filológica “Manuel Alvar” (INILFI) de la Facultad de Filosofía y
Humanidades y Artes (UNSJ) es el resultado del trabajo de la mencionada
investigadora y su equipo en archivos nacionales durante las décadas de 1980
y 1990, conteniendo miles de cartas de Domingo Faustino Sarmiento y sus
contemporáneos entre 1840 y 1888. Esta recopilación de fuentes primarias se
realizó en el Instituto de Filología y Literatura Hispánica “Dr. Amado Alonso”
(Universidad de Buenos Aires). Solo llegó a publicarse el epistolario Sarmiento-
Frías, y queda un banco de fuentes aún en proceso de catalogación y análisis.
Este trabajo es un primer acercamiento al epistolario de Sarmiento donado al
instituto, desde el cual proponemos reexionar sobre el proceso de trabajo con
este archivo. Nos interesa compartir algunas de las decisiones metodológicas
que estamos tomando, los desafíos que enfrentamos y las preguntas que
van surgiendo a medida que nos adentramos en un corpus epistolar extenso,
heterogéneo y parcialmente inédito, que, al mismo tiempo, dialoga con otros
repositorios o corpus referidos a Sarmiento.
Nuestro recorte histórico abarca el período comprendido entre dos batallas
fundamentales en la trayectoria de Sarmiento: Caseros (1852) y Pavón (1861). El
período entre Caseros y Pavón corresponde a un momento de intensa producción
epistolar de Sarmiento, caracterizado por el exilio, la discusión fundacional del
proyecto constitucional y la redenición de alianzas políticas. Durante estos años,
la carta es un dispositivo activo de intervención política: Sarmiento escribe para
persuadir, para construir red, para legitimar un modelo de nación en un contexto
donde no tiene acceso directo a los espacios institucionales de decisión.
El corte en 1861 responde a un cambio de escenario. Tras Pavón, Sarmiento
se incorpora plenamente a la gestión estatal y el estatuto de su correspondencia
se transforma. Por lo tanto, el recorte permite aislar un momento en el que la
praxis epistolar funciona como una forma especíca de hacer política, previa a la
ocupación de cargos ejecutivos o legislativos de alto rango.
En este contexto, la correspondencia de Sarmiento emerge como un campo
de batalla discursivo. Nuestra hipótesis central es que las cartas de este período
funcionan como dispositivos de praxis ideológica: instrumentos de conguración,
divulgación, persuasión y legitimación de un modelo estatal moderno. Pero,
además, sostenemos que el archivo mismo, en su materialidad, en sus lagunas y
en sus silencios, plantea preguntas metodológicas que no podemos eludir.
45
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
El epistolario como género discursivo y práctica política
La carta ha sido caracterizada como un “género dúctil y elástico” (Barrenechea,
1990, p. 45) o como una “forma más bien informe” (Pastormerlo, 2023, p. 78).
Esta exibilidad genérica convierte al intercambio epistolar en un laboratorio
discursivo privilegiado, de donde emergen estrategias lingüísticas que los textos
públicos suelen ocultar o rigidizar (Ennis y Santomero, 2025). En contextos de
crisis política, la correspondencia opera fundamentalmente como un dispositivo
de construcción y mantenimiento de alianzas estratégicas.
Nuestra investigación se fundamenta en los desarrollos teórico-metodológicos
de la pragmática y el análisis del discurso, articulados con la concepción de la
epistolografía como género discursivo y práctica socio-comunicativa. El archivo
epistolar se comprende, entonces, como un espacio donde se ejerce y disputa
autoridad, y cuyos discursos se transforman y resignican históricamente
(Derrida, 1997; Foucault, 1996).
Precisamente, en el caso de Sarmiento, la práctica epistolar entre 1852
y 1861 cumple al menos tres funciones políticas desde el punto de vista del
análisis discursivo. En primer lugar, una función de red, puesto que las cartas
tejen y sostienen vínculos con compatriotas exiliados, políticos provinciales
e intelectuales, permitiendo coordinar acciones y compartir información en
un contexto de fragmentación territorial. En segundo lugar, una función de
persuasión, en cuanto a que Sarmiento busca convencer a sus corresponsales
de la necesidad de un proyecto nacional centralizado, civilizador y liberal. En
tercer lugar, el epistolario cumple una función de legitimación, pues, a través de la
correspondencia, el autor se posiciona como una voz autorizada para diagnosticar
los males de la nación y proponer soluciones.
Sostenemos que la correspondencia estudiada constituye un archivo de la
construcción discursiva de lo político en un momento de redenición nacional,
en el cual el lenguaje construye realidad. En términos performativos, contribuye a
crear los marcos de inteligibilidad y las posibilidades de acción sobre el entorno.
Desde la perspectiva histórica, nuestro objeto de estudio se aborda desde
el enfoque de la nueva historia política. Esta corriente renovó el análisis de “lo
político” incorporando prácticas, lenguajes, sociabilidades y actores diversos
(incluidos los sectores populares), al integrar miradas de la historia social y
cultural (Goldman, 2010; Sábato, 2021). La nueva historia política sostiene que
“la construcción, reproducción y legitimación del poder político involucra, no solo
a las dirigencias y a quienes aspiran a serlo, sino también al conjunto de quienes
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
46
forman parte de la comunidad política sobre las que ese poder se ejerce” (Sábato,
2007, p. 86).
Al mismo tiempo, dialoga con la historia de las ideas (Romero, 1987, 2004) y la
historia intelectual, lo cual nos otorga herramientas para analizar el pensamiento
como una expresión histórica situada. Como señala Pocock (2009), “la tarea
del historiador de las ideas es reconstruir los contextos lingüísticos en los que
las expresiones políticas tenían sentido para sus contemporáneos” (pp. 23-
24). Halperín Donghi (1994) sostiene que estas corrientes son inseparables de
los procesos político-sociales, ya que son los espacios y el tiempo en que estas
ideas emergen y adquieren importancia. La conuencia de estas tres corrientes
nos permite reconstruir la lógica interna de los discursos, y, además, “la trama de
intereses, expectativas y tensiones sociales que esos discursos intentan orientar
o resolver” (Halperín Donghi, 1994, p. 9).
Desafíos metodológicos: trabajar con la ausencia
Uno de los desafíos metodológicos centrales que presenta el Archivo
Barrenechea es su carácter heterogéneo y fragmentario. No todas las cartas están
completas: algunas faltan, otras fueron censuradas y muchas hacen referencia a
conversaciones orales que no se registraron.
El carácter fragmentario del archivo es una condición de trabajo que debe
integrarse explícitamente en el análisis. En lugar de buscar “completar” lo que
falta, preferimos interrogar qué nos dicen esas lagunas sobre las condiciones
de producción del archivo y sobre las relaciones entre los corresponsales. Nos
preguntamos qué tipo de contexto permite o exige que ciertas cosas queden sin
decir y qué operaciones de selección, conservación y exclusión se han realizado
sobre el propio archivo antes de llegar a nuestras manos.
En el caso del epistolario sarmientino, la ausencia se vuelve signicativa en
al menos tres planos. En primer lugar, hay ausencias de actores: los caudillos
federales y las poblaciones afroamericanas e indígenas son raramente
interpelados como interlocutores; cuando aparecen, lo hacen como objetos del
discurso, no como sujetos políticos. En segundo lugar, hay ausencias de temas:
ciertas violencias vinculadas a la construcción del Estado nacional aparecen
atenuadas, eufemizadas o directamente omitidas. Finalmente, hay ausencias
materiales: cartas perdidas, fragmentos, referencias a conversaciones orales
no registradas. Estas ausencias son parte de su naturaleza y, como tales, deben
47
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
ser integradas en el análisis. Un abordaje metodológico reexivo interroga estas
ausencias para reexionar sobre ellas.
En cuanto a la materialidad del archivo, trabajamos con una colección que aún
no ha sido catalogada en su totalidad. Las cartas se encuentran organizadas en
series que responden a los criterios de selección de la investigadora original, lo que
implica que ciertos corresponsales o períodos pueden estar sobrerrepresentados,
mientras otros aparecen sólo de manera fragmentaria. Este estado del material
condiciona nuestras decisiones: no podemos aspirar a un análisis exhaustivo
de toda la red epistolar, sino que debemos partir de los materiales disponibles y
construir hipótesis provisorias que reconozcan sus límites.
Hacia una transposición didáctica
Nos interesa pensar en las posibilidades de transferencia didáctica del material
del Archivo Barrenechea al nivel medio y universitario. El interrogante que nos guía
es cómo acercar a estudiantes de grado, y eventualmente de escuela secundaria,
la complejidad de trabajar con fuentes primarias, con la materialidad del archivo,
sus silencios y sus tensiones.
En el marco de nuestro proyecto hemos comenzado a diseñar algunas consignas.
Para nivel universitario, proponemos la reconstrucción de polémicas a partir de
fragmentos de cartas de Sarmiento, la identicación de operadores discursivos
para distinguir en una carta los recursos de atenuación e intensicación, discutir
qué efectos políticos pudieron producir en el contexto de la época y, nalmente,
proponemos la redacción de una carta desde la posición de un actor que no tiene
voz en el archivo para poner en evidencia los límites del corpus existente.
Reexiones nales
En un contexto de redeniciones institucionales y epistemológicas en las
humanidades, compartir estas reexiones sobre los modos concretos de trabajar
con los archivos (las decisiones que tomamos, las dicultades que enfrentamos,
las preguntas que nos hacemos) es también una forma de contribuir a una
discusión más amplia sobre el quehacer investigativo.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
48
Referencias bibliográcas
Albelda, M. y Briz, A. (2020). Atenuación e intensicación en la comunicación
interpersonal. Consejo Superior de Investigaciones Cientícas.
Albelda, M. y Cestero, A. M. (2020). La atenuación en la conversación y en el discurso
político. Oralia, 23, 45-68.
Barrenechea, A. M. (1990). El epistolario inédito Sarmiento-Frías. Filología, 23(1), 45-
67.
Derrida, J. (1997). Mal de archivo. Trotta.
Ennis, J. y Santomero, L. (2025). Epistolaridad y discurso público en el siglo XIX.
Foucault, M. (1996). La arqueología del saber (2.ª ed.). Siglo XXI.
Goldman, N. (2010). Lenguaje y revolución. Prometeo.
Halperín Donghi, T. (1994). El pensamiento de Sarmiento. Sudamericana.
Hopper, P. y Thompson, S. (1984). The discourse basis for lexical categories in universal
grammar. Language, 60(4), 703-752
. https://doi.org/10.2307/414000
Langacker, R. (1987). Foundations of cognitive grammar (Vol. 1). Stanford University
Press.
López García, Á. (2015). Gramática cognitiva para profesores de español. Arco/Libros.
Pastormerlo, S. (2023). La carta como forma de informe. En H. Pas y S. Pastormerlo
(Eds.), Géneros dúctiles. La correspondencia en el siglo XIX (pp. 75-92). Universidad
Nacional de La Plata.
Pocock, J. G. A. (2009). El momento maquiavélico. Tecnos.
Romero, J. L. (1987). Las ideas políticas en Argentina (3.ª ed.). Fondo de Cultura
Económica.
Romero, J. L. (2004). La experiencia argentina y otros ensayos. Fondo de Cultura
Económica.
Sábato, H. (2007) La política argentina en el siglo XIX: notas sobre una historia
renovada. En Palacio G. Ensayos sobre la Nueva Historia Política en América Latina, s.
XIX. México, El Colegio de México y Comité Internacional de Ciencias Históricas.
Sábato, H. (2021). Historia política y cultura política. Fondo de Cultura Económica.
Ternavansio, M. y Sábato, H. (2020). Nueva historia política en América Latina. Siglo
XXI.
Van Dijk, T. A. (2016). Discurso y conocimiento. Gedisa.
49
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Cómo citar este artículo:
Nebro, M. G. y Frau, S. (2026).
Sarmiento, entre Caseros y Pavón: problemas y
decisiones en el abordaje del archivo epistolar de Ana María Barrenechea. Trazos-
Revista de estudiantes de Filosofía, 1(10), 42-49
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
50
Artículo de
Investigación
Justicia, Memoria Y Siluetazo:
Una Crítica Comunitarista A La
Concepción Rawlsiana Del Yo
Desvinculado
Justice, Memory And Siluetazo: A Communitarian
Criticism Of e Rawlsian Concept Of e
Disassociated Self
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO X - VOL. I. - JUNIO 2026
páginas 50-71 - E-ISSN 2591-3050
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Recibido: 2 de marzo de 2026
Aceptado: 2 de junio de 2026
Lucía Maria Sbardella
Universidad Nacional de Quilmes. Buenos Aires, Argentina.
luciasbardellacyt@gmail.com
51
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Resumen: El artículo examina la crítica del comunitarista Michael Sandel a los
conceptos rawlsianos de justicia como imparcialidad y su “yo desvinculado” por
la cual argumenta que el liberalismo político del segundo Rawls, ignora el papel de
los lazos comunitarios en la formación de la identidad. En tanto la losofía política
de Sandel pone énfasis en el vínculo del individuo con la comunidad y los bienes
comunes que surgen al interior de ésta, el trabajo introduce la primera experiencia
argentina del Siluetazo en 1983 durante la III Marcha de la Resistencia, como
una manifestación estético-política de resistencia y denuncia colectiva contra
la última dictadura militar. Esta acción, que emerge de un contexto de lucha por
los derechos humanos, ilustra cómo la identidad se construye en función de la
memoria colectiva y los lazos comunitarios constitutivos.
Palabras clave: memoria colectiva – resistencia artística – siluetas – bien
común – dictadura argentina.
Abstract: This article examines the communitarian critique by Michael Sandel
on the Rawlsian concepts of justice as impartiality and its “unencumbered self”,
on which arguments that the political liberalism of the later Rawls ignores the
role of the communal ties in shaping identity. Since political philosophy’s Sandel
focuses on the relationship between the individual and the community and the
common goods that emerges within it, the paper introduces the rst argentinian
experience of the Siluetazo in 1983 during the III Marcha de la Resistencia, as
an aesthetic-political manifestation of collective resistance and protest against
of the last military dictatorship. This action, emerging from a context of human
rights struggles, illustrates how identity is built through collective memory and
constitutive communal ties.
Keywords: collective memory – artistic resistance – silhouettes – common
good – Argentinian dictatorship.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
52
El artículo presenta una exploración crítica de la teoría de la justicia de
John Rawls, especialmente su concepto de justicia como imparcialidad desde el
presupuesto del yo desvinculado que se presenta con la crítica realizada por el
comunitarista Michael Sandel. También introduce algunos aspectos de la teoría
de la justicia de Rawls fundada en los principios de justicia como imparcialidad
que se enmarcan en la posición original y el velo de la ignorancia. De ahí se extrae
la centralidad de los derechos individuales y la neutralidad del Estado respecto a
las concepciones del bien. Se incorpora a la discusión el argumento de Sandel
que sostiene que la concepción rawlsiana del yo desvinculado es problemática,
ya que supone que el individuo podría denirse sin los lazos comunitarios que
lo constituyen. Así, si Rawls separa el yo de sus nes e intereses, subestima la
inuencia fundamental de las relaciones sociales y culturales en la formación de
la identidad personal. Existen ciertos nes no elegidos conscientemente por el
individuo que forman parte intrínseca de su identidad, contrariamente a la idea
de Rawls de que los nes del individuo son irrelevantes para su concepción de
justicia. Hacia el nal, el trabajo destaca las limitaciones de la teoría de Rawls
desde la perspectiva comunitarista en tanto no logra capturar la complejidad de las
relaciones sociales que constituyen a los individuos. Lo correcto sobre lo bueno
puede carecer de fundamento cuando se aplica a contextos donde los vínculos
comunitarios son esenciales para la formación de identidades y la cooperación
social.
Una vez planteada la crítica a la teoría de la justicia de Rawls, el trabajo
introduce la primera experiencia del “Siluetazo” en Argentina durante la III Marcha
de la Resistencia. El uso de esta referencia histórica permite encontrar un correlato
de algunas de las dimensiones de la discusión en lo que respecta a la memoria
colectiva. En especial, aquella vinculada con la identidad elaborada a partir de
tramas comunitarias.
El artículo coloca en discusión al “segundo” Rawls a partir del cual se
abren los conceptos de razón pública y doctrinas comprehensivas que, en 1993,
reperlan su teoría en una clave de lectura más amplia a la propuesta en 1971.
Vale decir, estos conceptos rawlsianos no se presentan en Teoría de la justicia,
sino muchos años después a partir de la recepción de las críticas comunitarias en
su libro Liberalismo político (Rawls, 1993).
53
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Una aproximación a los conceptos rawlsianos de justicia como
imparcialidad y razón pública
El proyecto losóco de John Rawls presenta una teoría de la justicia
alternativa al utilitarismo. La idea rawlsiana de la justicia como imparcialidad
generaliza y reformula la concepción clásica del contrato social, elevándola
a un nivel de abstracción superior (Rawls, 1995). Desde esta perspectiva, la
imparcialidad se encuentra garantizada por el recurso a una situación hipotética
de acuerdo —la posición original—, estructurada mediante el velo de la
ignorancia, que impide a las partes conocer sus posiciones sociales, talentos
naturales o concepciones particulares del bien. En la medida en que se prescinde
de información contingente como el género, la religión o la pertenencia étnica,
se busca asegurar un trato equitativo entre las distintas concepciones del bien
(Caballero, 2006).
De acuerdo con Rawls, los criterios de la razón pública propios de la justicia
como imparcialidad limitan la apelación a elementos derivados de doctrinas
comprehensivas particulares en el debate político. Existe, en este sentido, una
preocupación por incluir a todas las personas razonables, en tanto se espera
que la justicación y aplicación de los principios de justicia se realicen a partir
de un ejercicio de reexividad política, sustentado en el juicio y la inferencia
pública (Rawls, 1995). De este modo, la justicia como imparcialidad se distancia
del utilitarismo al priorizar el respeto recíproco entre ciudadanos libres e iguales
y al promover que las discusiones políticas se desarrollen en el marco de una
concepción política de la justicia que aspire a ser inclusiva. La metodología
propuesta por Rawls no se apoya en la gura de un espectador imparcial, sino en un
dispositivo hipotético de deliberación —la posición original
1
— en el que las partes
se sitúan bajo un velo de la ignorancia que les impide conocer sus circunstancias
1 En la posición original, las partes acuerdan dos principios de justicia que regulan la estructura básica
de la sociedad. El primero establece que cada persona debe tener un derecho igual al esquema más amplio
de libertades básicas compatible con un esquema semejante de libertades para los demás, entre las que se
incluyen la libertad política, la libertad de expresión y la libertad de reunión. Este principio posee prioridad
léxica sobre el segundo, lo que implica que las libertades básicas no pueden ser sacricadas en nombre de
ventajas sociales o económicas. El segundo principio se reere a la distribución del ingreso y la riqueza, así
como a la igualdad de oportunidades en el acceso a posiciones y cargos de responsabilidad. Este principio
se compone de dos cláusulas: por un lado, exige que las desigualdades sociales y económicas estén vincu-
ladas a cargos abiertos a todos bajo condiciones de justa igualdad de oportunidades; por otro, establece que
tales desigualdades solo son admisibles si redundan en el mayor benecio de los miembros menos aventa-
jados de la sociedad. De este modo, John Rawls no propone una igualdad estricta, sino una concepción de
justicia que regula normativamente las desigualdades en función de su impacto distributivo.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
54
particulares. Este procedimiento busca garantizar que los principios de justicia
sean escogidos desde una perspectiva imparcial, al exigir que los participantes
consideren las posibles posiciones que podrían ocupar dentro del sistema social.
En este marco, la teoría rawlsiana maniesta un interés prioritario por
los procedimientos y las condiciones de justicia —el medio— antes que por la
maximización de los resultados o nalidades de las acciones. A diferencia del
utilitarismo, que evalúa la justicia en función de la mayor satisfacción agregada
sin atender necesariamente a su distribución, Rawls subraya la importancia de
principios que regulen equitativamente la asignación de derechos y obligaciones
(Rawls, 1994). Su propuesta adquiere así relevancia práctica al momento de
evaluar el funcionamiento de las instituciones públicas y políticas, de las cuales
se espera un desempeño imparcial y equitativo, compatible con la coexistencia
de diversas concepciones del bien.
Una consideración de este tipo solo puede formularse en el marco de la
razón pública, otro de los conceptos fundamentales de la teoría de Rawls. Como
señala el propio autor, los diversos agentes que integran una sociedad política
—tales como iglesias, universidades u otras asociaciones— se orientan por
razones particulares al elaborar sus planes y denir sus nes, razones que se
inscriben en doctrinas comprehensivas especícas. La razón pública, en cambio,
es la que corresponde a los ciudadanos en tanto cuerpo colectivo que ejerce el
poder político y coercitivo, y se expresa cuando estos se dirigen unos a otros en
calidad de ciudadanos libres e iguales. Su aplicación no se extiende a cualquier
asunto de deliberación, sino que se circunscribe a cuestiones de justicia básica
y a lo que Rawls denomina elementos constitucionales esenciales. En este
sentido, la razón pública rige tanto la defensa que los ciudadanos realizan de sus
posiciones en el foro político como la actuación de funcionarios y magistrados
del Poder Judicial, cuyas decisiones se encuentran sujetas a una revisión pública
y a criterios de justicación en común. En suma, la razón pública establece los
límites normativos del ejercicio del poder político, al exigir que las decisiones que
lo involucran puedan ser justicadas mediante razones accesibles a todos, con
independencia de las doctrinas comprehensivas particulares que los actores
puedan sostener.
La primera complejidad que presenta la idea de razón pública es que
presupone un acuerdo social acerca de qué cuenta como razón válida en el
espacio político. Esto implica que los ciudadanos forman parte de una sociedad
en la que se les exige un ejercicio de justicación recíproca y de explicación
55
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
compartida respecto del fundamento de sus acciones cuando estas involucran
el uso del poder político. La cuestión adquiere mayor complejidad al momento
de evaluar los criterios y estándares bajo los cuales se examina la evidencia y se
aplican los principios de justicia en el ámbito público. La respuesta que ofrece
Rawls consiste en sostener que las cuestiones políticas fundamentales deben
resolverse en función de los motivos y valores coherentes con una concepción
política de la justicia de carácter liberal, formulada de manera independiente de
cualquier doctrina comprehensiva particular. De este modo, la razón pública aspira
a constituirse como un marco normativo común que permita la deliberación política
entre ciudadanos que, aun sosteniendo concepciones del bien divergentes, se
reconocen mutuamente como libres e iguales.
No obstante, esta exigencia de un marco común de justicación no está
exenta de dicultades. Si bien la razón pública busca garantizar la inclusión de
ciudadanos portadores de concepciones del bien diversas, también impone
un umbral normativo sobre qué formas de argumentación resultan admisibles
en el espacio político. En este sentido, ciertas experiencias vinculadas a la
memoria histórica, a la violencia política o trayectorias de exclusión estructural
pueden encontrar dicultades para ser plenamente reconocidas cuando no
logran traducirse al lenguaje de una concepción política liberal de la justicia.
Desde esta perspectiva, la razón pública corre el riesgo de operar como un
dispositivo de ltrado que, en nombre de la neutralidad y la reciprocidad, delimita
anticipadamente los modos legítimos de expresar la injusticia. Esta tensión no
invalida la propuesta rawlsiana, pero sí invita a interrogar sus límites cuando se
la confronta con demandas políticas que emergen de experiencias históricas
concretas y de memorias colectivas que no siempre se ajustan a los criterios de
razonabilidad pública.
El comunitarismo de Michael Sandel y su crítica a la anterioridad rawlsiana
del yo
La publicación de Teoría de la justicia no solo suscitó una amplia adhesión,
sino que también fue objeto de críticas provenientes de corrientes que cuestionan
los supuestos del liberalismo, entre las cuales se destaca el comunitarismo.
Frente a la centralidad de los derechos individuales y la defensa de la neutralidad
del Estado respecto de las concepciones del bien como rasgos característicos del
liberalismo rawlsiano (Rodríguez, 2010), el comunitarismo subraya la relevancia
de los vínculos comunitarios en la constitución de la identidad de los individuos y
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
56
en la conguración de las instituciones políticas.
En este marco, las nociones rawlsianas de razón pública y justicia
como imparcialidad resultan clave para comprender la crítica formulada por el
comunitarista Michael Sandel a la tesis de la anterioridad del yo. Mientras que el
liberalismo enfatiza valores como la autonomía y el individualismo moral, Sandel
sostiene que el sujeto no puede pensarse como anterior o independiente de
sus nes, sino como constitutivamente situado en un entramado de prácticas,
lealtades y circunstancias sociales que modelan su identidad y su capacidad de
autodeterminación.
Desde el comunitarismo de Michael Sandel, la persona no dene sus nes
en un vacío normativo, sino en el marco de condicionamientos sociales e históricos
que no surgen de una relación puramente electiva o voluntaria. Como uno de
los principales críticos de Rawls, Sandel sostiene que la propuesta rawlsiana —
particularmente en Teoría de la justicia— presupone una concepción del sujeto
anterior a sus nes constitutivos. En ese marco, una sociedad se organiza mejor
cuando su estructura básica responde a principios de justicia que no dependen
de ninguna concepción sustantiva del bien, lo que expresa la prioridad de lo
correcto sobre lo bueno. La crítica comunitarista no consiste simplemente
en criticar la neutralidad estatal, sino cuestionar la antropología moral que la
sustenta. Según Sandel, al concebir a los individuos como agentes capaces de
distanciarse reexivamente de sus nes y compromisos, el liberalismo corre el
riesgo de desatender el carácter constitutivo que ciertas lealtades, tradiciones
y pertenencias tienen en la formación de la identidad. Esta objeción no implica
negar el valor de los derechos individuales ni la importancia de los procedimientos
justos, sino señalar que una comunidad política no puede sostenerse únicamente
sobre principios formales sin una reexión compartida acerca de los nes que la
orientan.
En este sentido, la separación entre esfera pública y esfera privada —
central en el liberalismo político— puede dicultar la articulación de una discusión
sustantiva sobre el bien común cuando dicha distinción se interpreta como una
escisión rígida entre justicia y concepciones del bien. Para el comunitarismo, la
identidad individual se congura en parte a través de prácticas de reconocimiento
recíproco y de participación en formas de vida compartidas, por lo que la
deliberación pública no es un agregado contingente, sino un componente
constitutivo de la vida política.
En La tiranía del mérito (2020), Sandel amplía esta preocupación al
57
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
examinar cómo determinadas interpretaciones meritocráticas del éxito, fundadas
en la idea de que los logros individuales son enteramente atribuibles al esfuerzo
personal, tienden a erosionar los lazos de solidaridad y a debilitar la conciencia
de interdependencia social. Frente a este escenario, el autor propone recuperar
una concepción cívica del bien común, entendida no como la mera suma de
preferencias individuales ni como un resultado de procedimientos imparciales,
sino como el fruto de una deliberación pública sostenida acerca de los valores y
nes que deben orientar la vida colectiva. Solo mediante ese ejercicio reexivo
compartido, que presupone el reconocimiento de la mutua dependencia entre los
miembros de la comunidad política, sería posible articular un proyecto que aspire
a la justicia distributiva y a la dignidad cívica común.
Sandel articula su crítica a la anterioridad del yo a partir de dos argumentos
centrales. En primer lugar, sostiene que la identidad individual no puede
comprenderse al margen de los nes y compromisos que la constituyen. Un
individuo no se limita a poseer ciertos atributos externos, sino que se dene,
al menos en parte, a través de aquellos vínculos, lealtades y proyectos que
conforman su autocomprensión. Como señala en El liberalismo y los límites de la
justicia (2000), la concepción del sujeto en John Rawls se apoya en el dispositivo
de la posición original, donde rige el supuesto de desinterés mutuo entre las
partes. Desde la lectura de Sandel, esta construcción metodológica presupone un
yo capaz de distanciarse de sus nes e intereses, estableciendo una separación
entre el sujeto y aquello que posee o valora. Tal distinción permitiría concebir la
identidad como independiente de los compromisos concretos que el individuo
mantiene en su vida social. En este sentido, el yo rawlsiano sería anterior a
sus nes, en la medida en que puede revisarlos sin que su identidad quede
comprometida por ellos.
La objeción comunitarista no consiste en negar la capacidad reexiva
de los sujetos, sino en cuestionar que dicha reexividad agote la comprensión
de la identidad. Para Sandel, la tesis del “yo desvinculado” (2003, p. 81) no es
simplemente una descripción metodológica, sino que implica una posición
normativa: la idea de que los principios de justicia deben formularse prescindiendo
de los compromisos constitutivos de los agentes. En contraste, el comunitarismo
sostiene que ciertos nes y pertenencias no son meramente elegidos, sino
que forman parte de la identidad misma del sujeto, congurándola de manera
histórica e intersubjetiva. Desde esta perspectiva, la persona no es un individuo
abstracto situado con anterioridad a sus lazos comunitarios, sino un agente cuya
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
58
identidad se constituye —aunque no de manera absolutamente determinada—
en el entramado de prácticas, tradiciones y relaciones compartidas.
En segundo lugar, Sandel busca explicar por qué ciertos nes que no
han sido objeto de una elección deliberada pueden, sin embargo, formar parte
constitutiva del plan de vida de un individuo. Su respuesta se sitúa en clara tensión
con la concepción del yo elaborada por Rawls. Mientras que el dispositivo de la
posición original abstrae a las partes de sus vínculos y pertenencias contingentes
con el n de garantizar la imparcialidad en la elección de principios de justicia,
Sandel sostiene que tales vínculos no son meros datos externos, sino elementos
que contribuyen a congurar la identidad del sujeto.
Desde la perspectiva rawlsiana, la pertenencia a una comunidad forma
parte del conjunto de nes que los individuos pueden adoptar dentro del marco
de instituciones justas; no constituye, sin embargo, un presupuesto normativo
para la formulación de los principios de justicia. Sandel objeta que este encuadre
metodológico opera como un ltro que excluye, en el nivel fundacional, aquellos
compromisos que podrían ser constitutivos del yo y que, por tanto, no pueden
ser comprendidos simplemente como opciones entre otras. De este modo, la
comunidad deja de ser concebida como un ámbito formativo de la identidad y pasa
a gurar como un posible objeto de elección. La defensa del yo desvinculado —tal
como la caracteriza Sandel (2003)— no implica que los individuos carezcan de
vínculos efectivos, sino que tales vínculos no intervienen en la justicación de los
principios políticos fundamentales. Para el comunitarismo, esta exclusión tiene
consecuencias normativas relevantes: diculta la elaboración de una concepción
de ciudadanía que reconozca el carácter formativo de las prácticas compartidas y
la dimensión intersubjetiva de la identidad política.
Un diálogo entre la losofía política de Michael Sandel y la memoria
colectiva
La losofía política de Sandel, al enfatizar el arraigo constitutivo del
individuo en la comunidad y la centralidad del bien común como horizonte
normativo, ofrece un marco conceptual fértil para pensar la dimensión política
de ciertas manifestaciones estético-políticas, como el denominado Siluetazo en
Argentina. Estas prácticas artístico-políticas, en su intento por disputar narrativas
dominantes y reinscribir en el espacio público memorias silenciadas, pueden
comprenderse como formas de construcción, actualización y transmisión de
identidades colectivas.
59
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Lejos de limitarse a una expresión simbólica, iniciativas como el Siluetazo
ponen en juego una concepción del bien común vinculada a la elaboración
compartida del pasado. En este sentido, la memoria colectiva no aparece
únicamente como un reservorio de recuerdos, sino como una práctica pública
que congura la autocomprensión de una comunidad política. La recuperación de
historias negadas, la visibilización de ausencias y la ocupación performativa del
espacio público pueden interpretarse, desde una perspectiva sandeliana, como
ejercicios de deliberación cívica acerca de los nes que orientan la vida común.
Para adentrarse en una discusión sistemática sobre la memoria, resulta
ineludible la obra de Maurice Halbwachs, quien a comienzos del siglo XX
otorgó a la memoria el estatuto de fenómeno social. En un contexto dominado
por concepciones psicologizantes que privilegiaban su carácter individual,
Halbwachs sostuvo que todo recuerdo se encuentra estructurado por marcos
sociales (Assmann, 2011; Pollak, 2006; Coser, 1992). En Los marcos sociales
de la memoria (2004), analiza la religión, la familia y las clases sociales como
estructuras colectivas que orientan y organizan el ejercicio mismo de recordar,
retomando en parte la inuencia de Émile Durkheim en torno a la objetividad
impersonal de los hechos sociales (Peralta, 2007). Desde esta perspectiva,
incluso aquellos recuerdos que parecen estrictamente individuales se conguran
en función de esquemas de interpretación compartidos. Recordar implica adoptar,
de manera más o menos explícita, el punto de vista de los grupos de pertenencia.
La memoria individual no desaparece, pero resulta inescindible de los marcos
sociales que estructuran la vida en común. En este sentido, puede armarse que
la identidad colectiva no es simplemente un efecto de la memoria, sino también
una de sus condiciones de posibilidad.
Teniendo en cuenta el fundamento social de la memoria, podría pensarse
que para evocar o conrmar un recuerdo basta con la existencia de testigos
que relaten lo sucedido. Sin embargo, para Halbwachs la memoria no se activa
simplemente por acumulación testimonial, sino por la persistencia de las fuerzas
sociales que permiten su reaparición. No se trata de reconstruir los acontecimientos
de manera fragmentaria, sino de una fuerza de reexión (Halbwachs, 2003)
vinculada al interés que el grupo mantiene respecto de ese pasado. Cuando el
efecto social de un acontecimiento se agota para el grupo, el recuerdo tiende a
desvanecerse o a subsistir únicamente como experiencia privada (Halbwachs,
2004).
La duración de la memoria, en este sentido, se encuentra ligada a la duración
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
60
del grupo. Un individuo puede evocar un recuerdo en la medida en que continúe
formando parte del marco social que lo sostiene. Cuando ese vínculo se rompe —
ya sea por distancia temporal, transformación del grupo o pérdida de referencias
compartidas— el recuerdo pierde su anclaje colectivo. Como arma Halbwachs
(2003), olvidar un período de la vida implica perder el contacto con aquellos
que lo compartieron; olvidar una lengua extranjera supone dejar de comprender
a quienes se dirigían a nosotros en ella. La memoria es, así, inseparable de la
comunidad que la hace posible.
En Los marcos sociales de la memoria (2004), Halbwachs sostiene que los
recuerdos individuales se organizan a partir del pensamiento grupal. Existen tantas
memorias colectivas como grupos, y cada individuo participa simultáneamente en
múltiples marcos de pertenencia. Estos marcos generales y especícos cumplen
una función organizativa fundamental: permiten la localización y el reconocimiento
del recuerdo, situándolo en coordenadas temporales y espaciales determinadas.
Entre los marcos generales, identica el lenguaje, el espacio y el tiempo; entre los
especícos, la familia, la religión y las clases sociales. La función de localización
consiste en insertar el recuerdo en una red de referencias compartidas; la de
reconocimiento, en identicarlo como parte de una experiencia previamente
vivida. Aquellos acontecimientos que perduran en la memoria lo hacen porque
han sido signicativos para el grupo. En palabras del autor: “el acontecimiento
que será grabado en mi memoria es el acontecimiento que quedará grabado en la
memoria de esos grupos” (Halbwachs, 2004, p. 382). Recordar implica, por tanto,
situar el pasado desde el punto de vista del presente colectivo.
La memoria no conserva la totalidad de los hechos, sino que opera
mediante selecciones. Halbwachs denomina recuerdos dominantes a aquellos
que adquieren un relieve particular dentro del conjunto, orientando la evocación
de otros recuerdos (2004). Su importancia no reside en el contenido aislado,
sino en la relación que guardan con las preocupaciones actuales del grupo. En
este sentido, la memoria colectiva cumple una función normativa: establece qué
es digno de ser recordado y cómo debe ser recordado, ejerciendo una forma de
orientación simbólica sobre la vida social.
Finalmente, el lenguaje constituye el marco más básico y duradero de la
memoria. A través de él, el individuo identica su pensamiento con el de los otros,
accediendo a esquemas, símbolos y nociones compartidas (Halbwachs, 2004). La
convencionalidad del signicado permite la mediación intersubjetiva del recuerdo:
solo dentro de un sistema lingüístico común los acontecimientos adquieren sentido
61
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
y pueden ser transmitidos. El lenguaje no sólo expresa la memoria colectiva, sino
que participa activamente en su formación y consolidación.
Si la memoria colectiva es una práctica social mediante la cual los grupos
organizan, jerarquizan y reinterpretan su pasado desde las necesidades del
presente, entonces su alcance no se limita al ámbito descriptivo de la sociología.
La memoria participa activamente en la conguración de la identidad compartida
y en la denición de aquello que una comunidad considera signicativo, valioso
o digno de preservación. Los marcos sociales de la memoria no sólo estructuran
el recuerdo, sino que intervienen en la autocomprensión pública de la comunidad
política. Esta dimensión normativa permite establecer un diálogo con la losofía
política de Michael Sandel, para quien el bien común no puede pensarse al margen
de los nes y signicados que los miembros de una comunidad reconocen como
constitutivos de su vida compartida. Así, la memoria colectiva puede comenzar
a ser entendida no sólo como fenómeno social, sino como un espacio en el que
se expresa y se disputa el horizonte común que orienta la acción política. En este
marco pueden ser pensadas prácticas como el Siluetazo, interpretándose como
intervenciones en el campo de la memoria colectiva que recuperan el pasado
reciente e interpelan públicamente el sentido del bien común.
El Siluetazo como herramienta de resistencia y denuncia colectiva
Es sabido que los movimientos de resistencia a la dictadura estuvieron
acompañados por diversas manifestaciones estéticas que contribuyeron a
congurar una identidad visual y performática de la protesta. En este marco se
inscribe el icónico Siluetazo (Figura 1), realizado en reclamo de verdad y justicia,
que hizo visible la dimensión cuantitativa del terrorismo de Estado al representar
públicamente a los desaparecidos durante la última dictadura militar argentina.
La intervención, impulsada por los artistas Rodolfo Aguerreberry, Julio
Flores y Guillermo Kexel durante la III Marcha de la Resistencia
2
, convocada por las
Madres de Plaza de Mayo en 1983, consistió en la producción colectiva de siluetas
humanas a escala real destinadas a ocupar el espacio público. La propuesta de
representar a los 30.000 desaparecidos implicaba, desde su concepción misma,
una acción necesariamente masiva: según testimonios de los propios artistas, la
2 Desde 1981, las Marchas de la Resistencia consisten en ocupaciones de la Plaza de Mayo de la Ciudad
de Buenos Aires durante 24 horas, culminando con una marcha hasta la Plaza Congreso. En 1983, la III
Marcha se realizó en el contexto más álgido de la resistencia contra la dictadura en la reciente democracia
argentina (Longoni y Bruzzone, 2008).
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
62
realización del proyecto requería alrededor de 300 participantes y 60.000 metros
cuadrados de supercie (Longoni y Bruzzone, 2008). Esta exigencia material
no fue un mero dato logístico, sino una condición constitutiva de la obra, que
transformó la acción artística en práctica colectiva y política, inscribiéndola en
una tradición latinoamericana de arte de masas que resuena en otras prácticas
—como el muralismo tras la Revolución Mexicana, manifestaciones culturales
de la Revolución cubana y en experiencias análogas en Brasil (Longoni, 2010).
A lo largo de los años hasta el presente, esta práctica adquirió resonancia en
diversas manifestaciones públicas no solo relacionadas a los desaparecidos —
por ejemplo, en protestas contra los femicidios (Clarín, 2018).
Desde el inicio de la intervención, la propuesta fue rápidamente adoptada
por los manifestantes:
La llegada de una mayor cantidad de gente a medida que iba
apareciendo la tarde fue dándole al proceso de producción nuevos
matices y diferentes direcciones que transformó la intención
original de homogeneidad, para darle una historia de vida concreta
a las siluetas: los manifestantes y las Madres pusieron su cuerpo
sobre papel y comenzaron a escribir el nombre de algún familiar o
conocido desaparecido y la fecha de su desaparición, aparecieron
rasgos y detalles en las guras, aparecieron mujeres embarazadas.
(Ohanian, 2011, p. 6)
La acción consistía en la representación de la silueta de un cuerpo humano
en escala natural en papel. Las siluetas eran colocadas en espacios públicos de
la Ciudad de Buenos Aires, como las columnas de la Catedral, la Pirámide de
Mayo, el Cabildo, el Banco Nación, entre otros. La materialización de una multitud
ausente se volvía simbólicamente presente (Souza, 2017), así como también,
el terror cotidiano ignorado por la opinión pública, era nalmente evidenciado
(Longoni y Bruzzone, 2008).
Figura 1
Marcha de la Resistencia
63
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Nota. Adaptado de Marcha de la resistencia (muestra fotográca), por Eduardo
Gil (1983), fotografía de manifestantes en Plaza de Mayo realizando siluetas para
El Siluetazo, en el marco de la Marcha de la Resistencia.
El Siluetazo puede ser interpretado no sólo en su dimensión expresiva,
sino como una práctica de producción intersubjetiva de sentido en el campo de
la memoria colectiva. En este marco, la experiencia no se agota en su potencia
estética, sino que se congura como instancia de articulación social donde
convergen sujetos que, aun sin haber sido testigos directos de los hechos
acontecidos, se vinculan con ellos a través de lo que puede denominarse memoria
vivida o memoria recibida.
En efecto, aunque la historia pueda ser comprendida racionalmente, es
en la experiencia social vivida o heredada donde se sedimentan los recuerdos
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
64
más persistentes. Estos se constituyen en el interior de los grupos con los que
compartimos vínculos familiares, relaciones de clase, pertenencias religiosas,
trayectorias educativas o laborales. Como señala Rocha Magalhães (2016), la
memoria se sostiene en marcos sociales que estructuran la experiencia y orientan
la interpretación del pasado. En esta mediación entre historia vivida y memoria
recibida, el lenguaje desempeña un papel decisivo, tanto en la resistencia como en
la legitimación simbólica de los regímenes autoritarios. Desde esta perspectiva,
el lenguaje artístico puede comprenderse como un dispositivo de mediación que
no sólo reconstruye experiencias pasadas, sino que cristaliza el funcionamiento
mismo de la memoria colectiva.
Considerando que quienes participaron en la producción de las siluetas
se identicaban con frentes sociales de resistencia a la dictadura, y que la acción
tuvo lugar en el marco de una marcha por justicia y verdad, el Siluetazo puede
ser leído como una práctica que, en el momento de su emergencia, disputaba
públicamente la conguración del pasado frente a narrativas estatales aún
inestables o en proceso de institucionalización. Más que oponerse a una memoria
estatal consolidada, la intervención contribuyó a modelar el horizonte desde el
cual posteriormente se estructurarían políticas públicas de memoria.
En los años posteriores, diversas iniciativas, desde museos, archivos,
políticas educativas hasta conmemoraciones ociales, dieron lugar a procesos
que Ludmila Da Silva Catela (2001) denomina estatización de la memoria,
entendida como la progresiva institucionalización de ciertas narrativas sobre el
pasado. Sin embargo, el primer Siluetazo se desarrolló en un contexto marcado
por fuertes tensiones políticas: del impulso inicial del Juicio a las Juntas se pasó a
un escenario de retrocesos e impunidad que culminó con la política de indultos. En
este clima, la conformación de la agrupación H.I.J.O.S. entre 1994 y 1995 resultó
decisiva para sostener la memoria y reinventar las formas de protesta frente al
bloqueo institucional.
Tal como advierte Elizabeth Jelin (2020), la transición democrática implicó
una labor multifacética que abarcaba demandas judiciales, políticas, culturales
y sociales, orientadas tanto al pasado como al futuro. En este escenario, el
Siluetazo no fue únicamente una herramienta de reclamo de justicia, sino también
la iniciativa de un sector de la sociedad por construir sentidos alternativos de
la memoria a partir de cuerpos representados con “una identidad violentada,
vaciada” durante la dictadura (Da Silva Catela, 2001, p. 142).
La distinción elaborada por Halbwachs entre memoria colectiva e historia
65
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
resulta particularmente fecunda para interpretar estas prácticas. Para el autor, la
memoria colectiva constituye una corriente de pensamiento continuo que retiene
del pasado aquello que permanece vivo en la conciencia de un grupo social. Su
continuidad depende de los intereses y preocupaciones actuales del grupo. La
historia, en cambio, procura una reconstrucción esquemática y sistemática de los
acontecimientos, situándose por encima de los grupos particulares y aspirando a
una visión totalizadora. El sociólogo advierte que la expresión memoria histórica
resulta problemática, ya que combina dos términos que responden a lógicas
distintas. Mientras la historia organiza los hechos según una secuencia lineal
que delimita períodos claramente diferenciados, la memoria colectiva mantiene
un curso irregular, determinado por la vitalidad de los vínculos sociales que la
sostienen. Además, existen múltiples memorias colectivas, en tanto cada grupo
social elabora su propia relación con el pasado, mientras que la historia aspira
a una unidad narrativa. Esta pluralidad no implica relativismo ni negación de la
verdad histórica; antes bien, señala que la experiencia del pasado se encuentra
mediada por pertenencias sociales concretas. La memoria colectiva no reemplaza
a la historia, sino que opera en un plano distinto: el de la signicación compartida.
Desde esta perspectiva, una práctica artística puede ser leída de dos
modos: como fuente historiográca, cuando se la utiliza para reconstruir hechos
pasados, o como manifestación de memoria colectiva, cuando se la interpreta
como expresión de una imaginación social del pasado (Sbardella, 2025). Leído
de este modo, el Siluetazo no sólo representa una experiencia histórica, sino
que reactualiza “imágenes del mundo” (Fentress y Wickham, 2003, p. 13) que
permiten a un grupo reconocerse en un pasado común y proyectarlo hacia el
presente.
Ahora bien, si seguimos la losofía política de Michael Sandel, la identidad
individual no puede comprenderse al margen de los nes y compromisos que
constituyen a la comunidad. Los sujetos no son meros portadores de derechos
abstractos, sino miembros situados en tradiciones y prácticas compartidas.
Si esto es así, las prácticas de memoria colectiva no sólo preservan el pasado,
sino que participan activamente en la denición del horizonte normativo que
orienta la vida común. En este sentido, el Siluetazo puede ser entendido como
una intervención que además de reactualizar una memoria colectiva, constituye
performativamente una comunidad política en el espacio público. La ocupación
masiva del espacio mediante siluetas humanas se presenta como un gesto
simbólico de los desaparecidos, además de que la repetición de esta práctica en
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
66
manifestaciones posteriores dene una forma de reinscribir en la esfera común
aquello que diversos sectores de la derecha radical han intentado neutralizar
3
.
Esta problemática en torno a las representaciones memoriales en la
Argentina adquirió mayor centralidad en diálogo con el ascenso de las derechas
políticas, especialmente desde las primeras apariciones de activistas de
“memoria completa” en 2006 en adelante (Palmisciano, 2026; Sánchez Ceci,
2024; Lvovich y Patto Sá Motta, 2022). La reconguración del escenario memorial
posterior al boom de la memoria (Blight, 2009), atravesada por disputas en torno
a las políticas de reparación histórica (Feld, 2016; Vezzetti, 2007) y enmarcada
en una cultura liberal de la memoria, tensiona con las expresiones y prácticas de
banalización, relativización y justicación de la violencia dictatorial, que algunos
han denominado memoria iliberal (Verovšek, 2025; Mälksoo, 2023; Rosenfeld,
2021). Este resurgimiento público e institucionalizado de sectores de la derecha
no es un fenómeno exclusivamente de Argentina, tornándose más bien parte de
una agenda global bajo denominaciones diversas —neofascismo (Aragoneses,
2019), post-fascismo (Traverso, 2021), extrema derecha (Grimson, 2024),
extrema derecha 2.0 (Forti, 2022), derecha radical (Mudde, 2021) o derecha
alternativa (Hawley, 2017). Asimismo, parte de la literatura especializada se ha
ocupado de analizar las representaciones memoriales actuales en la retórica y
el ejercicio de estos sectores (Salvi y Messina, 2026; Stefanoni, 2026), lo que
deja entrever que el uso de la memoria no debe asociarse inmediatamente a los
valores liberales o los sistemas democráticos.
Considerando a la memoria colectiva como representación del pasado
activo que congura identidades (Olick y Robbins, 1998), el Siluetazo emerge
como práctica social aglutinante de quienes impugnan la violencia represiva
de los setenta como sus reactivaciones discursivas en la trama memorial
contemporánea. Se advierte así en el Siluetazo una extensión de los reclamos
iniciados a comienzos de la década de 1980 en el marco de una respuesta
institucional escasa a las políticas de memoria. Aunque se registran signicativos
avances en el campo memorial argentino tras el retorno democrático, estos se
encuentran amenazados por una coyuntura política que promueve el retroceso
3 Una muestra de su actualidad fue la exhibición itinerante Memória argentina para o mundo: o Centro
Clandestino ESMA inaugurada desde el 7 de septiembre de 2024 hastas el 27 de julio de 2025 en el Memo-
rial da Resistência de São Paulo, junto con Uma vertigem visionária – Brasil: Nunca Mais. La exhibición
dedicada a la historia del mayor centro clandestino en Argentina durante la dictadura militar, incorpora
instalaciones que reconstruyen el Siluetazo de 1983 mediante imágenes de Daniel García (Sbardella, 2025).
67
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
de las demandas históricas de los organismos de derechos humanos. En este
sentido, Salvi y Messina (2026) señalan que estas intervenciones “no se juegan
solo en el pasado, sino que son, sobre todo, modalidades de intervención en el
presente” (p. 175).
Las discusiones planteadas por Rawls y Sandel permiten evidenciar de
qué manera estas disputas memoriales repercuten en las cuestiones que resultan
objetables o aceptables en el espacio político, redeniendo las coordenadas de
la deliberación pública y habilitando la emergencia de concepciones regresivas
de la justicia. Frente a ello, el Siluetazo revela el carácter de la memoria como
práctica constitutiva del bien común en torno a la demanda de verdad y justicia.
Reexiones nales
La crítica de Michael Sandel a la teoría de la justicia de Rawls pone en
cuestión la viabilidad de una concepción de la persona entendida como un yo
desvinculado de sus nes y pertenencias. Si el sujeto es concebido como anterior
a sus compromisos, la comunidad sólo puede aparecer como una asociación
voluntaria y cooperativa, pero no como un espacio constitutivo de identidad. La
consecuencia política de esta concepción es una comprensión empobrecida
del vínculo social y del bien común. Frente a ello, el comunitarismo sostiene que
los individuos están situados en tradiciones y prácticas compartidas que no son
meros accidentes, sino dimensiones constitutivas de su identidad. Desde esta
perspectiva, los bienes comunes no pueden denirse con independencia de los
lazos morales que preceden a la elección individual.
El diálogo con la teoría de la memoria colectiva de Maurice Halbwachs
permite precisar este punto: las comunidades no se sostienen únicamente en
acuerdos formales, sino en marcos sociales que estructuran la experiencia y la
interpretación del pasado. La memoria colectiva no es una simple evocación, sino
una práctica social que mantiene vivo aquello que el grupo considera signicativo
para su presente. En este sentido, el análisis del primer Siluetazo muestra que
las prácticas estético-políticas pueden operar como instancias de constitución
comunitaria en torno a las demandas históricas sobre memoria y derechos
humanos en las últimas décadas. Al reinscribir en el espacio público la ausencia
de los desaparecidos, la intervención no sólo expresó un reclamo de justicia, sino
que conguró performativamente un nosotros articulado en torno a la demanda de
Memoria, Verdad y Justicia. La comunidad política allí producida no fue meramente
cooperativa, sino constitutiva en el sentido señalado por Sandel. Esta práctica
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
68
inscripta en el presente participa de la reconguración del escenario memorial en
disputa con las expresiones y prácticas de diversos sectores signicativamente
anes al proyecto político de la dictadura.
En consecuencia, la discusión comunitarista permite comprender que
toda comunidad política requiere formas de memoria compartida que orienten
su autocomprensión moral y denan aquello que considera valioso y justo. En
contextos atravesados por la violencia estatal, como en el caso argentino, la
memoria colectiva puede ser tratada como una dimensión fundamental del bien
común, en donde el Siluetazo adquiere relevancia práctica; no porque elimine
el pluralismo, sino porque ofrece el horizonte simbólico dentro del cual ese
pluralismo puede desplegarse.
69
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Referencias Bibliográcas
Aragoneses, Alfons. (2019). La construcción del enemigo como base del (neo)fascismo.
En Guamán, A., Aragoneses, A. & Martín, S. (org.). Neofascismo: la bestia neoliberal
(121-136). Siglo XXI.
Assmann, Aleida. (2011). Espaços da recordação: formas e transformações da memória
cultural. Unicamp.
Blight, David William. (2009). The Memory Boom: Why and Why Now? En Boyer, P.
& James, V. (Eds.), Memory in Mind and Culture (238-251). Cambridge University Press.
Caballero, José Francisco. (2006). La teoría de la justicia de John Rawls. Voces y
contextos, 2(1), 1-22.
Clarín. (4 de abril de 2018). Siluetazo frente al Instituto Nacional de la Mujer.
Clarín. https://www.clarin.com/sociedad/siluetazo-frente-instituto-nacional-mujer_0_
ByGDhOfjM.html
Coser, Lewis. (Ed.). (1992). On collective memory. University of Chicago Press.
Grimson, Alejandro. (2024). Los paisajes emocionales de las ultraderechas masivas.
CALAS-Editorial Universidad de Guadalajara.
Da Silva Catela, Lucila. (2001). No habrá ores en las tumbas del pasado. La experiencia
de la reconstrucción del mundo de los desaparecidos. Buenos Aires: Ed. Al Margen.
Fentress, James y Wickham, Chris. (2003). Memoria social. Frónesis. Cátedra de
Universitat de Valencia.
Feld, Claudia. (2016). Trayectorias y desafíos de los estudios sobre memoria en Argentina.
Cuadernos del IDES, (32), 5-6.
Forti, Steven. (2022). Ultraderecha 2.0. Siglo XXI.
Gil, Eduardo. (1983). Marcha de la resistencia [Fotografía]. https://www.eduardogil.
com/siluetazo.html
Halbwachs, Maurice. (2003). A memória colectiva [La memoria colectiva]. Centauro.
Halbwachs, Maurice. (2004). Los marcos sociales de la memoria. Anthropos.
Hawley, George. (2017) Making sense of the Alt-Right. Columbia University.
Jelin, Elizabeth. (2020). Las tramas del tiempo: familia, género, memorias, derechos y
movimientos sociales. Antología esencial. CLACSO.
Longoni, Ana. (2010). Arte y Política. Políticas visuales del movimiento de derechos
humanos desde la última dictadura: fotos, siluetas y escraches. Aletheia, 1(1), 1-23.
Longoni, Ana y Bruzzone, Gustavo. (2008), El siluetazo. Adriana Hidalgo ed.
Lvovich, Daniel & Patto Sá Motta, Rodrigo. (2022). Banalización, relativización,
negacionismo. Un escenario en los campos de batalla por la memoria del pasado argentino
reciente, Contenciosa, 12(10), 1-17. https://doi.org/10.14409/rc.10.12.e0013
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
70
Mälksoo, Maria. (2023). Illiberal memory politics. En Laurelle, M. The Oxford Handbook
of Illiberalism (415-432). Oxford University Press.
Mudde, Claude. (2021). La ultraderecha hoy. Paidós.
Ohanian, María Jazmín. (2011). El siluetazo: procesos de memoria en disputa
[Ponencia]. IX Jornadas de Sociología. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de
Buenos Aires, Buenos Aires.
Olick, Jerey & Robbins, Joyce. (1998). Social memory studies: From “Collective
memory” to the Historical Sociology of Mnemonic Practices. Annual Reviews, 24, 105-
140.
Palmisciano, Cristian. (2026). “Vos sos víctima”. El Celtyv y la construcción de las
“víctimas del terrorismo”. En ¿Qué están hacindo las derechas con los 70? / Salvi, V.,
Messina, L. [coords.]. Siglo XXI.
Peralta, Elsa. (2007). Abordagens teóricas ao estudo da memória social: uma resenha
crítica [Abordajes teóricos del estudio de la memoria social: una reseña crítica]. Arquivos
da Memória. Antropologia, Escala e Memória, (2) (Nova Série), 4-23.
Pollak, Michael. (2006). Memoria, Olvido, Silencio. La producción social de identidades
frente a situaciones límite. Ediciones Al Margen.
Rawls, John. (1993). O liberalismo político. Trad. de Dinah de Abreu Azevedo [El
liberalismo político]. Columbia University Press.
Rawls, John. (1994). La idea de una razón pública. Isegoría, (9), 5–40. https://doi.
org/10.3989/isegoria.1994.i9.283
Rawls, John. (1995). Teoría de la justicia. John Rawls; trad. de María Dolores González.
Fondo de Cultura Económica.
Rocha Magalhães, Lívia. (2016). História, Memória e a Educação: relações consensuais
e contraditórias [Historia, Memoria y la Educación: relaciones consensuales y
contradictorias]. Revista HISTEDBR On-line, (67), 165-174.
Rodríguez, Rubén Benedicto. (2010). Liberalismo y comunitarismo. Un debate
inacabado. Studium: Revista de humanidades, (16), 201-229.
Rosenfeld, Gavriel D. (2021). The rise of illiberal memory. Memory Studies, 16(4), 819-
836. https://doi.org/10.1177/1750698020988771
Salvi, Valentina & Messina, Luciana [coords.]. (2026). ¿Qué están haciendo las
derechas con los 70?. Siglo XXI.
Salvi, Valentina & Messina, Luciana. (2026). “La interna de los setenta se revuelve
acá”. Memoria, política y risa en el streaming La Misa. En ¿Qué están haciendo las
derechas con los 70? / Salvi, V.; Messina, L. [coords.]. Siglo XXI.
Sánchez Ceci, Pablo Daniel. (2024). Pasado, resentimiento y melancolía: Componentes
71
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
del discurso político de la derecha emergente en Argentina. Kera Yvoty: Reexiones Sobre
La cuestión Social, 9(2), 1-10.
Sandel, Michael. (2000). El liberalismo y los límites de la justicia. Gedisa.
Sandel, Michael. (2003). La república procedimental y el yo desvinculado. En J. L.
Martí, R. Gargarella, F. Ovejero Lucas (coord.), Nuevas ideas republicanas: autogobierno
y libertad (pp. 75-92). Paidós Ibérica.
Sandel, Michael. (2020). La tiranía del mérito. ¿Qué ha sido del bien común?. Cartoné.
Sbardella, Lucía Maria. (2025). Memoria de la resistencia política en las artes visuales
durante la dictadura militar brasileña: Claudio Tozzi, Rubens Gerchman y Carlos Zilio
(1964-1968) [Tesis de Maestría, Universidade Estadual do Sudoeste da Bahia, Brasil].
www2.uesb.br/ppg/ppgmls/wp-content/uploads/2026/02/Dissertacao-de-Lucia-Maria-
Sbardella.pdf
Sorgentini, Hernán. (2003). Reexión sobre la memoria y autorreexión de la historia.
Revista Brasileira de História, 23(45), pp. 103-128.
Souza, Patrícia Teles Sobreira de. (2017). Rupturas, Limites e Tensões na Arte Efêmera
no Brasil e na Argentina [Rupturas, límites y tensiones en el arte efímero en Brasil y
Argentina]. Revista do Colóquio, 7(13), 55-63.
Stefanoni, Pablo. (2026). Un fantasma recorre el mundo. Cómo funciona la máquina de
guerra reaccionaria (y qué podemos hacer para enfrentarla). Siglo Veintiuno Editores.
Traverso, Enzo. (2021). Las nuevas caras de la derecha. Siglo XXI, 2021.
Verovšek, Peter J. (2025). The roots of liberal and illiberal democracy: political
theory, collective memory and conicting visions of sovereignty in Europe. Journal of
Contemporary European Studies, 33(4), 1-16.
Vezzetti, Hugo. (2007). Conictos de la memoria en la Argentina. En Pérotin-Dumon, A.
(dir.). Historizar el pasado vivo en América Latina (3-44). Paidós.
Cómo citar este artículo:
Sbardella, L. M. (2026). Justicia, memoria y Siluetazo: una crítica comunitarista
a la concepción rawlsiana del yo desvinculado
. Trazos-Revista de estudiantes de
Filosofía, 1(10), 50-71
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
72
Artículo de
Investigación
Cartografías De Una
Corporalidad:
Habitar El Cuerpo Impropio En
Contextos Excepcionales
Maps Of A Corporality:
Inhabiting e Unfamiliar Body In Exceptional
Contexts
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO X - VOL. I. - JUNIO 2026
páginas 72-82 - E-ISSN 2591-3050
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Recibido: 15 de agosto de 2025
Aceptado: 4 de marzo de 2026
Ricardo Gastón Sosa
Universidad Nacional de San Juan. San Juan, Argentina.
sosagaston429@gmail.com
73
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Resumen: En el presente ensayo losóco se reexiona sobre la infancia en
contextos de guerra. Desde una perspectiva interpretativa, se sostiene que
la guerra no ocurre únicamente “afuera”, sino que también se inscribe en el
cuerpo. Para ello, se abordan las experiencias contenidas en los diarios y en las
autobiografías de los niños, las niñas y los jóvenes durante la Segunda Guerra
Mundial. Estos textos permiten deconstruir los “lugares” de la violencia y las
arquitecturas diseñadas para ejercerla. Este proceso de crueldad se materializó
en una paulatina descorporización, hasta el punto de que el cuerpo llegó a
resultarles impropio. El análisis busca develar “losofemas” (A. Roig), entendidos
como ideas losócas que permiten resignicar las experiencias bélicas desde
una dimensión sensorial y emocional. Se concluye que los niños, las niñas y los
jóvenes pueden elaborar un pensamiento crítico incluso en espacios y contextos
límite.
Palabras clave: infancia – violencia – losofemas - corporalidad.
Abstrac: This philosophical essay reects childhood in contexts of war. From
an interpretive perspective, it argues that war does not occur solely “outside,” but
is also inscribed in the body. To this end, the essay examines the experiences
recorded in the diaries and autobiographies of children and young people during
World War II. These texts allow us to deconstruct the “sites” of violence and the
structures designed to perpetrate it. This process of cruelty manifested itself in a
gradual disembodiment, to the point where the body came to feel alien to them. The
analysis seeks to uncover “philosophems” (A. Roig), understood as philosophical
ideas that allow for a reinterpretation of wartime experiences from a sensory and
emotional perspective. It concludes that children and young people are capable of
developing critical thinking even in extreme spaces and contexts.
Keywords: childhood – violence – philosophemes - corporality.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
74
Mapa de Ruta
El presente trabajo reere a un análisis del “cuerpo” concentracionario o sobre
la corporalidad atravesada y marcada por la violencia y la crueldad. Es pertinente
aclarar que no se va a trabajar sobre determinadas obras en particular, sino que
vamos a elaborar un ensayo reexivo en base a la lectura crítica de libros como
Diario de Ana Frank de Frank (2021), Si esto es un hombre de Levi (2019), El
hombre en busca de sentido de Frankl (2015), Sin destino de Kertézs (2016), El
largo viaje de Semprún (2011), El diario de Helga de Weiss (2013), Trilogía de la
Noche de Wiesel (2024), El cuaderno de Rutka de Lashier (2008), He vivido tan
poco de Heyman (2016), El diario de Renia Spiegel de Spiegel (2019) y Diario de
Praga (1941-1942) de Ginz (2006).
A medida que se iba diseñando la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y en
medio de un escenario confuso, muchos infantes y adolescentes, comenzaron
a escribir sus experiencias del “caos organizado” —debido al listado de
prohibiciones y “nuevos” delitos—. Estos diarios no expresan amores juveniles
o temores, sino que plasmaron toda una fragmentación humana, materializada
a través de la tortura mental-corporal (el grito y la humillación). De igual manera,
presentan el cuadro de una arquitectura sensorial diseñada para anular lo humano
del hombre. Debido a ello, es posible trazar una cartografía desde la corporeidad y
los “paisajes” de la crueldad o “no-lugares”.
Por último, los losofemas que están contenidos en los diarios infanto-juveniles
de este período, discurren y toman formas en torno a una arquitectura del cuerpo
sensible (olores, sabores, el sueño, el hambre) y a una geografía humana
(desplazamientos y no-lugares) incluyendo “espacios” para deshumanizar hasta
el paisaje de las ausencias.
Cartografías de lo sensorial-emocional
Las violencias modernas ya no son comprendidas desde el espacio habitado
(casa, trabajo, cárceles, comisarias, etc.), sino más bien, desde el cuerpo del
habitante. De ello se desprende que, más que tener un cuerpo, somos cuerpos,
habitantes encarnados y, por tanto, no es un añadido a la racionalidad, sino que
también genera conocimiento. Es una corporalidad habitante y sintiente de un
espacio, mediante el cual, según Mendiola (2014), “sentimos el modo en que
se ordena el hábitat que habitamos” (p. 75). Como seres sintientes, portamos
corporalmente los hábitos que nos conforman y, por ello, el mismo se constituye
en simbolización sociohistórica. Según el sociólogo español, dicho cuerpo tejido
75
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
por los hábitos entrelaza los sentidos (lo que debe sentir, ser y hacer), mediado por
materialidades (cosas y con aquello que entra en relación), por las subjetividades
(el contacto con otros cuerpos: proximidades y distancias) y, nalmente, por
las espacialidades (las formas de los hábitats que habitamos y sus modos de
afectación). Por otra parte, los cuerpos se producen social e históricamente y, en
este sentido, no somos sujetos ocupando un único espacio. Tal corporeidad, está
congurada por las relaciones con otros espacios, entendiendo primeramente
al “cuerpo” como espacio primordial, desde el cual, sentimos lo social. Debido a
ello, el autor sostiene que “el cuerpo signa desde sus inicios una vulnerabilidad
insoslayable” (p. 77). Por tanto, señala, además, que el cuerpo habita “[…] una
otredad convertida en reservorio de lo monstruoso, lo burlesco, lo pernicioso, lo
desechable” (p. 87)
Ahora bien, dentro de las comisarias, los centros de detención, los guetos, los
campos de reeducación y de concentración, se buscó deshabituar los cuerpos de
la vida cotidiana para rehabitualizarlos. Con ello fue posible construir una masa
de cuerpos dóciles: “habitantes sin hábitat”. Más tarde, la segunda instancia
consiguió moldear unos “habitantes sin hábitos” —expulsión del hogar, del
trabajo, lugares de recreación y anulación de la comunicación—, puesto que
despojando a los sujetos de sus hábitos se retrotrae a todo un entramado punitivo
de “captura de cuerpos”.
Por otra parte, el “verdugo” que tortura —persona física, sistema, tiranías,
dictaduras, autoritarismo— busca que el sujeto “desechable” habite lo inhabitable.
Durante la guerra, estos espacios fueron, por ejemplo, los vagones de ganado,
donde los hacinados debían permanecer de pie durante días, urdiendo que
las necesidades las hicieran sobre sí mismos. También, dicha tortura estaba
conformada por los gritos y los empujones, las órdenes incomprensibles y las
privaciones —sed, hambre y sueño—, lo cual permite entender que, el grito se
convirtiera en mero ruido y “el primer golpe” estableciera la pérdida de conanza
en la humanidad del verdugo.
Otra perspectiva sobre el cuerpo violentado, proviene de una epistemología de
los sentidos que permite visibilizar la acción del sentir la piel torturada. Es decir
que la privación sensorial constituye la matriz fundamental de la no-relación del
hombre con el mundo común, pues, según Mendiola (2014), “la tortura deshace
la piel y la repliega sobre un cuerpo que se aleja del mundo”, convirtiendo la carne
en una extensión doliente, pero “sin mundo” (p. 102); luego, no queda más que
un sujeto con un cuerpo impropio. En ese sentido, Quintero (2018) señala que
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
76
el cuerpo humano, cuando ha sido mutilado, se convierte en un cuerpo-animal,
lo cual no solo anula la humanidad de la víctima, sino también logra que ya no
posea un “rostro humano” y pase a pertenecer a otro tipo de especie distinta a
la del perpetrador. Sin embargo, para que esto suceda es necesario que se haya
congurado una narrativa social de la exclusión.
La corporalidad de una víctima
Recurrimos al concepto de Anagnórisis para destacar lo singular y propio de
una víctima. También habilita un profundo análisis de y desde los cuerpos, tanto
en sus cicatrices como en los traumas, la memoria sensorial y lo simbólico, dado
que, como señala Yad Vashem (s.f.), el cuerpo concentracionario —entendido
como sujeto recluido, bajo represión y en estado de excepción permanente— era
una “cosa entre las cosas; el cuerpo viviente se convierte en un exterior sin interior,
la subjetividad se convierte en un interior sin exterior” (www.yadvashem.org).
Dentro de la maquinaria totalitaria, dicho cuerpo era sometido a dos procesos:
el primero consistía en la anulación de referencias y, el segundo, en un olvido o
en la ausencia de la existencia. Comenzaba con la incautación de sus contextos
personales —la familia, la casa, la ropa, la escuela, el trabajo, espacios de
esparcimiento— y continuaba con la “impropiedad” del propio cuerpo: la
expropiación del nombre junto con las marcas del hambre, la enfermedad
permanente y, nalmente, la muerte anónima e impersonal.
A partir de lo expuesto, entendemos que cuando se enajena al hombre de su
cuerpo y a este de sus contextos (natural, social y referencial), se le anula el mundo
común y su dimensión humana. Por eso, la corporalidad pudo ser conducida hacia
la indignidad, al reducirla a la desnudez externa que le exponía a la humillación, la
degradación humana y a la destrucción de la subjetividad. Finalmente, el último
estadío consistía en la acción de transfórmalo en un animal y, una vez zoologizado,
el hombre permanecía recluido a un espacio-jaula constituido por ladrillos y
alambrados, quedando así, el “espacio externo”, clausurado.
En resumen, la ingeniería que construyó el cuerpo concentracionario
obedecía a una mecánica dinámica que convertía la corporeidad en un producto
caduco, sometido a la supresión de las relaciones, del lenguaje, las emociones
y el pensamiento autónomo. Trocando a lo que quedaba de hombre, en un ser
meramente instintivo, con derecho al hambre, a la masicación, a la violencia y a
la inanición. La nueva “cotidianidad” de esa vida estaba basada en la carencia y la
continua “enajenación” del propio cuerpo.
77
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
El cuerpo doliente y sufriente
Según Saravia (2017), la tarea de poner de relieve la naturaleza epistémica
de un cuerpo torturado no es una acción fácil, debido a que no es posible
registrar cientícamente los tipos de dolor humano y éstos, solo pueden ser
denidos, en términos individuales. Aun así, podemos determinar que es un acto
especícamente humano y uno de los más atroces. Si bien la piel es la frontera
entre el mundo exterior y el yo, la obra del verdugo la traspasa, quedando la víctima
reducida a su carne: “Ser torturado es percibir el propio cuerpo de una manera
completamente novedosa porque el dolor es la máxima exaltación imaginable de
nuestra propia corporalidad” (Saravia, 2017, p. 768).
Por su parte, Merleau-Ponty (1994) distingue entre el ‘cuerpo objetivo’ que
tenemos (Körper) del ‘cuerpo vivido’ que somos (Leib), donde este último
resulta ser fuente de intencionalidades no representativas. Si bien, el Körper es
depositario de los procesos siológicos y el Leib, es la expresión y realización de
proyectos y deseos, ambos procesos no se oponen, sino que están relacionados.
En referencia a ello, López (2010) indica que por medio del cuerpo vivido
“inhabitamos un espacio que no solo es visual, sino también táctil” (p. 90). Esta
reexión lleva a otro nivel el dolor, entendiéndolo no solo como dolor doliente sino
como dolor sufrido, lo que orienta a entender que el cuerpo fenoménico no es
reducible a cuerpo-objeto —dolor físico—. Este dolor polifacético, continua la
lósofa española, tiene alcance “ontológico”, es decir, será el “dolor de sentir el
ser de la nitud de cada existencia” (López, 2010, p. 106).
Por su parte, Mendiola y Malventi (2013) destacan que ese dolor, producto de
la tortura que ejerce el torturador, busca producir tormento físico o simbólico. El
objetivo según los autores consiste en dejar una huella de su poder, sobre ese
“otro” reducido a su corporalidad desnuda, cuyo lenguaje “oscila entre el grito,
el silencio y la confesión forzada” (p. 368). En función de ello, podemos sugerir
que, la violencia y el tormento, pueden hacer su aparición en aquellos espacios
que se estructuran para negar la alteridad. Dicha tortura conduce, de acuerdo con
Mendiola y Malventi (2013), a “habitar lo inhabitable: el cuerpo sometido al dolor,
a la privación sensorial, pero también el cuerpo que habita un espacio que niega lo
humano” (p. 368). Y en este sentido, podemos entender que, los diversos lugares
de reclusión, conformaron geografías de “no-lugares”, los cuales estaban regidos
por la incomunicación y por las estructuras de hacinamiento.
Finalmente, el proceso de enajenar lo humano del hombre, exige un quiebre
con el “mundo” y, para ello, es necesario el aislamiento (retirarlo de) de la vida
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
78
cotidiana o de toda referencia humana. En consecuencia, un régimen totalitario
y un gobierno de dictadura, proyecta que unas vidas sean calicadas solamente
como “superuas”, “descartables”, “innecesarias” u “obsoletas” para el nuevo
mapa sociopolítico.
La censura de los estímulos
En situaciones extremas, según Le Breton (2002), el cuerpo experimenta
una cierta dualidad o confrontación con la alteridad, debido a promiscuidad del
connamiento. En función de ello, en estos espacios excepcionales —duchas,
baños y literas compartidas—, el cuerpo comienza a percatarse de una exigencia
que contrasta con su vida cotidiana anterior. El “reo”, advierte una existencia
dual que le exige alcanzar los límites de la tolerancia para silenciar los olores
corporales propios y ajenos y el sueño inconciliable. Dicha promiscuidad de
cuerpos desnudos y famélicos, no puede ocultar nada, por lo cual, ese reo necesita
una mirada infrecuente para poder digerir lo que su corporalidad experimenta a
diario como despreciativo. En palabras de Le Breton (2002), “la víctima opone
al cuerpo una voluntad salvaje en relación […] con el deseo de sobrevivir. Pero el
agotamiento, el hambre, las rivalidades, las vejaciones, llevan al deportado a un
estado de fragilidad en el que la muerte implica muy poco” (p. 96).
A las irreconocibles sensaciones del cuerpo, se sumaba la sensorialidad de la
“excepcional cotidianidad”. Al respecto, Le Breton (2002) señala que, en cualquier
sociedad libre, el cuerpo ltra cotidianamente los stimuli que lo atraviesan, sino
la vida sería imposible; contrariamente, en un sistema de encierro, los stimuli
quedan reducidos y han sido denominados “hambre sensorial”, como resultado
de una insuciencia de estímulos censurados. El hombre siente la humillación,
porque la “condición humana” se ha convertido en “condición concentracionaria”
a través del ejercicio de objetivación, homogeneización y posterior desintegración
de la alteridad.
Por otra parte, Sánchez (2016) arma que, en cuanto a la objetivación
—despersonalización—, la misma se dirige, en primer lugar, a reestructurar
las relaciones esféricas microtextuales y macrosociales con el n de modicar
el concepto que el sujeto tenía de sí mismo, de su relación con los otros y con
el mundo. En segundo lugar, sustituye el “tiempo-vivencial” por el “tiempo-
objetivante”, instaurando un “tiempo-cerrado”. Este último contiene la violencia
cotidiana y la vulnerabilidad extrema, constituyendo un envolvimiento o “bucle”
del tiempo absoluto donde permanece atrapado el horror diario.
79
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
En cuanto a la desintegración de la constitución medial con el propio cuerpo,
se intenta que el reo logre —dentro del encierro— una estandarización somática,
lo que se traduce por la uniformidad de la vida, la repetición y la generalidad de los
movimientos, que provocan la palpable sensación de masicación (atomización).
Conclusiones
El presente trabajo ha buscado esbozar un análisis de la experiencia corporal
del dolor en un sistema totalitario como “espacio excepcional y límite”, desde la
mirada, la experiencia y el testimonio de los niños y los jóvenes que atravesaron
la guerra. Ellos plasmaron en sus diarios lo que sus cuerpos soportaron desde
el primer momento como los golpes y el hecho de habituarse al frio extremo, el
hambre atormentador y la sed insoportable. Pero también sufrieron reiteradas
violaciones, asesinatos lentos y crueles, abusos de todo tipo y ausencia de
humanidad; en algún momento, todos terminaban solos, perdidos, sin referencias.
Hemos descubierto que, cuando las palabras no alcanzan para describir lo
vivido, el cuerpo declara lo que ha recolectado entre sus cicatrices y debajo de la
piel. Estos traumas reaparecen ante algún estimulo que se asemeja al momento
de la crueldad. Tales cuerpos, muchas veces sin forma humana, fueron diseñados
industrialmente por el hambre, el castigo y la humillación y, como producto de una
ideología racial y biológica.
En este sentido, según Entwistle (2002), el cuerpo es moldeado por la cultura y
es un objeto de las fuerzas sociales, por lo que habría entonces, dos cuerpos, uno
físico y uno social, que se involucran en una dialéctica simbólica, logrando que
el cuerpo social restrinja la percepción del cuerpo físico y, a su vez, este cuerpo
condicionado genere una particular visión de la sociedad, con la diferencia de que
el cuerpo social siempre será un cuerpo vestido; la desnudez humana, implica
algo impropio y exhibicionista. Solamente el animal no necesita ropa para salir a
la calle ni a la naturaleza para buscar comida, su propia piel le sirve para cubrirse.
A partir de lo expuesto, entendemos que las ideologías y las medidas
discriminatorias desde el siglo XIX en adelante, enfocadas en la superioridad,
anclaron la perspectiva de la vida (βίος) desde lo biológico (ζωή). Pero también,
como señalan Planella y Jiménez-Jiménez (2018), en una hipercorporalidad el
cuerpo se convierte en un espacio paradigmático para el ejercicio de una pedagogía
del poder y para la reproducción de los estigmas sociales y corporales. En otras
palabras, el cuerpo constituye un espacio de incorporación social mediante la
socialización, pero también puede convertirse en un espacio de exclusión social.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
80
Como palabras nales, creemos que, entre tanta oscuridad, existe una luz: el
testimonio, que ilumina las profundidades de esa oscuridad y resulta necesario
para que la barbarie no se repita. Ninguna barbarie. Nunca más.
81
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Referencias bibliográcas
Entwistle, J. (2002). El cuerpo y la moda. Una visión sociológica. Paidós Contextos.
Frank, A. (2021). Diario Anne Frank. Gran Travesia.
Frankl, V. (2015). El hombre en busca de sentido. Herder.
Ginz, P. (2006). Diario de Praga (1941-1942). Acantilado.
Heyman, E. (2016). He vivido tan poco. NED Ediciones.
Kertézs, I. (2016). Sin Destino. Acantilado.
Lashier, R. (2008). El cuaderno de Rutka. SUMA.
Le Breton, D. (2002). Antropología del cuerpo y Modernidad. Ediciones Nueva Visión.
Levi, P. (2019). Si esto es un hombre. Austral.
López, M. (2010). Hermenéutica del cuerpo doliente-dolido desde la fenomenología
del sentir. Investigaciones. Fenomenológicas, (2), 89-124. https://doi.org/10.5944/
rif.2.2010.5575
Mendiola G. y Malventi, D. (2013). Geografías silenciadas y subjetividades torturables.
En P. Oliver (Coord.), El siglo de los castigos: prisión y formas carcelarias en la España
del siglo XX (pp. 355-374). Anthropos.
Mendiola, I. (2014). Habitar lo inhabitable. La práctica político-punitiva de la tortura.
Bellaterra.
Merleau-Ponty, M. (1994). Fenomenología de la Percepción. Planeta-Agostini.
Planella, J. y Jiménez-Jiménez, J. (2018). Espacios reales y simbólicos de la
pedagogía social: la praxis de la redención, entre el control y la emancipación. Revista
Opción,(86),547-576.https://produccioncientificaluz.org/index.php/filosofia/article/
view/31259/32295
Quintero, M. (2018). Usos de las narrativas, epistemologías y metodologías: aportes
para la investigación. Editorial Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
Sánchez, V. (2016). Una arqueología del campo de concentración. Fractal, 21(80).
https://www.mxfractal.org/articulos/RevistaFractal80Sanchez.php
Semprún, J. (2011). El largo viaje. TusQuets Editores.
Serrano de Haro, A. (2000). Totalitarismo y Filosofía. Isegoría, (23), 91-116. https://
isegoria.revistas.csic.es/index.php/isegoria/article/view/537
Spiegel, E. (2019). El diario de Renia Spiegel. Penguin Random House.
Weiss, H. (2013). El diario de Helga. Sexto Piso.
Wiesel, E. (2024). Trilogía de la Noche. El Aleph Editores.
Yad Vashem. (s. f.). Los niños de la Shoá: Hanna y George Brandy. Escuela Internacional
para el Estudio del Holocausto. https://www.yadvashem.org/yv/pdf-drupal/es/education/
cantarel.pdf
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
82
Cómo citar este artículo:
Sosa, R. G. (2026).
Cartografías de una corporalidad: habitar el cuerpo impropio
en contextos excepcionales. Trazos-Revista de estudiantes de Filosofía, 1(10),
72-82
83
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
Ensayos
Filosócos
Fortaleza Y Debilidad En La
Narración
Strength and Weakness in Narrative
TRAZOS - REVISTA DE ESTUDIANTES DE FILOSOFÍA - AÑO X - VOL. I. - JUNIO 2026
páginas 83-92 - E-ISSN 2591-3050
http://www.ojs.unsj.edu.ar/index.php/trazos/
INSTITUTO DE FILOSOFÍA - FACULTAD DE FILOSOFÍA, HUMANIDADES Y ARTES - UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN JUAN
Recibido: 28 de marzo de 2026
Aceptado: 13 de junio de 2026
Nicolás Francisco Martin
Universidad Nacional de Buenos Aires. Buenos Aires, Argentina.
nf.martin@outlook.com
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
84
Resumen: Este ensayo analiza los criterios de valoración que organizan la
literatura contemporánea a partir de un cruce entre Friedrich Nietzsche y Terry
Eagleton. Se sostiene que toda narración de lo real está mediada por estructuras
a priori que condicionan forma y contenido. En este marco, la gura del “listeo”
permite caracterizar un criterio burgués que, bajo apariencia de fortaleza, encubre
una debilidad creativa y tiende a consolidar formas estandarizadas que limitan la
irrupción artística. El diálogo con Eagleton muestra cómo la deshistorización de
la experiencia deriva en el naturalismo —como falsa objetividad— y el formalismo
—como subjetividad escindida—, ambos incapaces de captar la complejidad
histórico-social. Finalmente, se plantea que una literatura vital depende de una
relación crítica con la historia que evite tanto la repetición como la ruptura vacía,
habilitando la producción de formas capaces de tensionar los criterios dominantes.
Palabras Claves: Nietzsche- Eagleton- Criterio de valoración.
Abstract: This essay examines the evaluative criteria shaping contemporary
literature through a dialogue between Friedrich Nietzsche and Terry Eagleton. It
argues that any attempt to narrate reality is mediated by a priori structures that
condition both form and content. Nietzsche’s notion of the “philistine” is used
to describe a bourgeois criterion that, under the guise of strength, conceals a
structural creative weakness and promotes standardized forms that limit artistic
disruption. Drawing on Eagleton, the essay shows how the dehistoricization
of experience leads to naturalism—as false objectivity—and formalism—as
fragmented subjectivity—both unable to grasp historical and social complexity. It
concludes that a vital literature depends on a critical engagement with history that
avoids both repetition and empty rupture, enabling forms capable of challenging
dominant evaluative frameworks.
Keywords: Nietzsche- Eagleton- Evaluative criteria.
85
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
¿Qué elementos operan a priori cuando se pretende narrar la realidad
como un objeto oculto y separado? Bajo esta pregunta se ve tendida una gran
trampa. La ilusión de una captura objetiva, de un qué anterior a la espera de
ser documentado. Donde la noción de narración implica un trabajo abúlico de
registro y quien narra escribe desde una distancia calculada. De esta manera, la
interpretación de lo real nos pide retroceder a un punto anterior: ¿la realidad no es
nalmente creada mediante la narración? Y siguiendo el espíritu de esta pregunta,
¿no es la propia potencia narrativa la que aloja el poder de crear disposiciones de
mundo en favor a la vida? La narración organiza la inteligibilidad de los hechos
materiales en tiempo presente. Siguiendo esta línea podría argumentarse que
es la narración la que construye la realidad histórica. ¿Qué se registra, que se
omite, cómo se ordenan los hechos? Existe una tensión de estructura a priori que
opera en silencio y que, la mayoría de las veces, resulta imperceptible. El martillo
nietzscheano golpea en ese punto ciego, hace temblar esa estructura y la vuelve
visible. A partir de un cruce entre la crítica literaria de Terry Eagleton y la losofía
de Friedrich Nietzsche, este trabajo propone interrogar el criterio de valoración
que organiza la literatura contemporánea: ¿qué tipo de creación promueve y cuál
obtura? Pensar la literatura en función de la vida —o en su contra— depende de
cómo se construye ese criterio.
En el cerebro del listeo culto debe haberse producido una
desafortunada tergiversación: él tiene precisamente por cultura
lo que niega la cultura, y puesto que es consecuente en su modo
de proceder, acaba por desarrollar de tales negaciones un grupo
coherente, un sistema de la no-cultura a la que se podría incluso
conceder cierta ‘unidad de estilo’, en caso de que tenga sentido
hablar de barbarie estilizada. (Nietzsche, 2016, p. 656)
Friedrich Nietzsche, en Consideraciones Intempestivas, hace un análisis
crítico sobre cómo el ascenso de la burguesía conguró un criterio de valoración
hegemónico. Un criterio que se disputa en la consolidación del empoderamiento
de una clase frente a la aristocracia y, que a lo largo de los años, se extendió hasta
nuestros días como la metáfora mejor contada. Repetida y desgastada hasta
convertir su gramática en canon. Nietzsche incorpora el término listeo para
sintetizar aquél burgués hambriento de poder que edica una carrera erudita en
reemplazo del verdadero camino del artista creador. Una contraposición a algunos
poetas como Goethe que saltan de esta lógica hegemónica. Para poder pensar el
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
86
criterio mercantilista del listeo, el pensador propone tres aspectos con el que el
ser humano es capaz de relacionarse con la historia y así emitir juicios de valor y
rumbos creativos:
La historia forma parte del ser vivo en tres aspectos: en tanto que
éste es activo y aspira, en tanto preserva y venera, y en tanto sufre
y necesita de liberación. A esta trinidad de relaciones corresponde
una trinidad de formas de historia: cabe distinguir una forma
monumental, una forma anticuaria y una forma crítica de historia.
(Nietzsche, 2016, p. 713).
La debilidad burguesa se disfraza de fortaleza y se organiza. Estipula
cánones de creación y ltra mediante su propio criterio de valoración, armado en
función a su debilidad creativa. La problemática que se deriva de este punto es
la de la imposibilidad del surgimiento del verdadero artista que crea en función
de la vida. Aquél que logra no estar supeditado a regímenes de poder y trae
con su singularidad lo necesario en términos de pulso vital. En este sentido, la
singularidad es entendida como combate y resistencia contra los universales
hegemónicos como la caracterizó Frederic Jameson: “La singularidad, con otras
palabras, propone algo único que se resiste a lo general y universalizante (por
no hablar de lo totalizante)” (Jameson, 2015, p. 135). En concordancia con esta
noción, Nietzsche criticó fuertemente las creaciones exitosas del mercado. El
éxito, el pensador, no deja de ser la validación de aquella creación que mejor
se acomodó al criterio vulgar que no logra irrumpir o transformar. Mantiene
todo como está. El éxito o popularidad de una obra sólo deja en evidencia la
validación de aquél criterio. En contraposición a este, la creación de las obras
que desbordan son de la de los artistas cuyas búsquedas se alineaban a otra
cosa, a otro camino. El aspecto artesanal y singular deja orecer a la obra en una
literatura vital. Como prisma que logra, mediante su intervención en el presente,
desestabilizar la vulgar imposición de las clases dominantes. De aquello que se
instala como obvio y natural y cristaliza formas. Las reexiones propuestas por
Eagleton sobre la relevancia de la historia y el contexto de donde surgen tanto la
forma y el contenido son, en este sentido, dos caras de una misma moneda, así
como también el rol del escritor como agente social. Con la perspectiva de una
literatura que no niega su pasado, pero que al mismo tiempo permite imaginar un
futuro, olvidando aquello de la historia que no está en función de la vida.
87
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
En estos tres aspectos desarrollados en Consideraciones Intempestivas
II, Nietzsche reexiona sobre cómo la historia es tanto un instrumento para la
construcción de identidad y motivación para la acción vital, como también una
obstrucción para la creatividad del presente (Nietzsche, 2016, p. 709). En este
sentido, en el Capítulo 2 de “Marxismo y Literatura” de Terry Eagleton, podemos
encontrar aspectos similares en la reexión sobre la forma y el contenido. El autor
nos señala que el triunfo de la burguesía congela la ebullición progresista y deriva
su atención a la consolidación del capitalismo (Eagleton, 1976, pp. 63-90). “La
ideología burguesa olvida sus ideales revolucionarios previos, deshistoriza la
realidad y acepta la sociedad como un hecho natural” (Eagleton, 1976, p. 80).
Este proceso de deshistorización congela la creación vital de una época y reeja
un estancamiento artístico en el devenir formalismo y naturalismo.
Para Flaubert, que viene después de Balzac, la historia es
un objeto inerte, una serie de hechos dados exteriormente que
no pueden seguir pensando como producto de la acción de los
hombres. Privado de las condiciones históricas que le dieron
nacimiento, el realismo se fragmenta y se descompone por un lado
en un naturalismo y por otro, en formalismo. (Eagleton, 1976, pp.
79-80)
Aquí se podría establecer un primer vínculo con la proposición del aspecto
crítico de la historia de Nietzsche. Someter el vínculo con la historia a una evaluación
se vuelve crucial para encaminar la literatura a un realismo que se encargue de
aquello histórico-universal que repercute en una transformación social. El olvido
de los rasgos típicos de una cultura, aquello que conecta a los personajes con
el colectivo y el contexto, provoca una fragmentación. Este vínculo propio del
naturalismo con la historia, este olvido sobre los motivos revolucionarios del
realismo, genera una desconexión y reduce a la obra literaria a una mera cáscara
(forma). Donde el contenido es el no-contenido al igual que Nietzsche caracterizó
la cultura de la no-cultura (Nietzsche, 2016, p. 656). En este sentido se evidencia
la reducción del escritor a un observador, como dice Eagleton. Un escritor limitado,
que se encarga de detalles como si eso representara algo de lo que el contexto
histórico social estuviese atravesando. Esto deriva en una noción reduccionista
y apresurada de lo que es natural y cómo aquella idea estanca el pulso vital del
arte. Con personajes haciendo culto al promedio en la cita de Eagleton a Lukács.
Un personaje de singularidad ausente en un contexto hiper-comprendido.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
88
Incorporando una visión con la aspiración de captura absoluta de la existencia.
La falsa creencia de captar fotográcamente lo real alude al intento miope de la
aspiración burguesa al conocimiento positivista. Una literatura que es el espejo
de un deseo demasiado grande y demasiado bruto a la vez. Donde reproducir y
repetir las formas conocidas adopta el rol de la realidad.
Pero esa torpeza no es gratuita. Es justamente la acción creativa que
construye lo real mediante la repetición de lo conocido. En la perpetuación de
la forma validada se implica indefectiblemente un gesto creativo, un esfuerzo,
que hace del presente un movimiento centrífugo. Es precisamente esa creación
narrativa la que construye la realidad social donde todo trópico es la copia del
anterior. La narración se constituye desde una enajenación de lo igual. Aquí se
vislumbra la trampa en la que cae la hiper reproducción de las formas. La que da
lugar a la ilusión de una captura de realidad, que no es más que mero gesto. Lo
capturable no es la realidad como objeto sino el criterio que le dio fundamento
previamente y adopta la posición de lo real. “Así, un texto es siempre incompleto,
porque lleva inscriptos estos vacíos y silencios” (Eagleton, 1976, p. 88).
En Trópicos del discurso, Hayden White reconoce una muy deseada pero
falsa distinción entre la cción y el escrito histórico. Incorporando el análisis
que Nietzsche propone en la segunda intempestiva, White argumenta que la
producción histórica utiliza los mismos procedimientos narrativos que la cción:
“Nietzsche, por el contrario, insistió en que la interpretación era necesaria en la
historiografía debido a la naturaleza de la ‘objetividad’ que perseguía el historiador”
(White, 2018, p. 101). En este sentido, los relatos narrativos construyen la realidad
mediante procedimientos interpretativos que operaban en el escritor al momento
de su creación. “Esta objetividad no era la del cientíco o el juez de un tribunal,
sino más bien la del artista, más especícamente la del dramaturgo.” (White,
2018, p.101). No hay algo así como un lenguaje neutro que no esté atravesado por
un contenido previo. Los trópicos que hacen al lenguaje contienen en sí mismos
las inclinaciones que harán del mundo un entramado de sentido. La utilización de
la historia, arrojará indefectiblemente diferentes disposiciones ante la producción
literaria considerando estos criterios éticos y estéticos funcionales. “El propio
uso del lenguaje implica o supone una postura especíca ante el mundo que es
ética, ideológica o más generalmente política: no sólo toda interpretación,sino
también todo lenguaje está contaminado políticamente” (Withe, 2018, p. 199). De
esta manera, la realidad será organizada indefectiblemente con valores previos y
siempre mediante la narración. La crítica de Nietzsche apunta a desenmascarar
89
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
aquellos esquemas valorativos que se presentan como neutros y naturales. Y
siguiendo esta línea, la interpretación de la historia, y sus posibles usos, serán la
piedra de toque que sintetice la narración. Dando como resultado aquella literatura
vacía y repetitiva de la que dió cuenta Eagleton.
Todo gran arte es socialmente progresista en el sentido de que
cualquier sea la conciencia política del autor (y en el caso de Scott
y Balzac, es abiertamente reaccionaria), logra plasmar las fuerzas
vivas histórico-universales de una época que producen el cambio y
el crecimiento de la sociedad, revelando su potencial desarrollo en
toda su complejidad. (Eagleton, 1976, p. 78)
En el sentido opuesto del naturalismo como emergencia, y en simultánea
aparición de las críticas de Nietzsche, surge el formalismo como el reejo de un
hombre fragmentado del mundo. Un mundo subjetivo escindido de un colectivo
donde el nihilismo es la única respuesta ante la desconexión sideral entre el mundo
interior y el exterior. En este sentido los personajes se transforman en ahistóricos
y carecen del aspecto de la historia que Nietzsche propone venerar y preservar.
Aquello que concierne a la identidad de un pueblo que arma el tejido del sentido
intersubjetivo. “Si el naturalismo es una especie de objetividad abstracta; ambos
dieren de la forma artística genuinamente dialéctica (el realismo)” (Eagleton,
1976, p. 82). Desde esta óptica la historia se degrada, tanto como expone Eagleton
y como critica Nietzsche, a un período temporal muerto. Pierde todo sentido y
desconecta al individuo presente con la memoria que él mismo porta como parte
del entramado de un pueblo.
La Historia pertenece, pues, en segundo lugar, al que preserva y
venera, a aquél que con lealtad y amor mira allí de donde proviene y
en donde se ha formado; con esta piedad expresa, en cierto modo,
su gratitud por su existencia. (Nietzsche, 2016, p. 717)
La deriva del tiempo se transforma en un laberinto neurótico sin salida del
que el formalismo no logra escapar: “los individuos son presa de la desesperación
y la angustia, carecen de relaciones sociales y, por consiguiente, de una auténtica
identidad; la historia pierde su sentido o se vuelve cíclica, reducida a mera duración”
(Eagleton, 1976, p. 82). La tinta narrativa está librada al azar del garabato en una
constante negación de sí mismo. Incapaces de ver la materialidad en la que su
narrativa construyó la identidad. “Los grandes escritores son aquellos individuos
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
90
que logran transponer al arte, de manera unicada y transparente (aunque no
necesariamente consciente), la visión del mundo de la clase o del grupo al que
pertenecen” (Eagleton, 1976, pp. 83-84).
Por último, en el capítulo 3, “El escritor y el compromiso”, Eagleton
introduce el debate que se da entre la responsabilidad social que debe ser exigida
al artista y la libertad creativa libre de voluntades panetarias: “Hasta los menos
familiarizados con la crítica marxista saben que esta le exige al escritor que
comprometa su obra con la causa del proletariado” (Eagleton, 1976, p. 91). En
su análisis sobre la exigencia de Lenin en limitar y legislar las formas en las que
se debe hacer literatura, Eagleton reconoce el período fuertemente infértil que
atravesó la literatura. La revolución quedó en el pasado, se transformó en ley y
vuelve a marginar todo lo que no resulta funcional para el criterio hegemónico. En
este sentido el pasado se narra sin posibilidad de atender el presente, congela el
procedimiento y estandariza la creación. Lo artesanal vuelve a transformarse en
un imposible debido a la disposición con la que se opera. En este punto se deja
en evidencia un aspecto del artista, una condición intrínseca al procedimiento
artístico que lo atraviesa: no depende por completo de él.
El procedimiento de la creación artística reúne la homilía entre un aspecto
que él mismo desconoce. Siempre existe un velo, un producto lejano, un
inconsciente con el que el artista trabaja. Sin este velo, la técnica toma la delantera
y arroja una creación muerta. En rigor, no es importante lo que el artista piense,
sino lo que crea. La creación del artista es aquello vital que es interrumpido cuando
el pensamiento se impone. “La losofía puede contradecir la verdad artística que
el artista pretende comunicar, pero lo que importa es lo que el artista crea, no lo
que piensa” (Eagleton, 1976, p. 99). La técnica reducida a la producción estética
de una idea partidista sólo crea más de aquél residuo ruidoso que pretende
sostenerse. La literatura no tiene temáticas correctas e incorrectas, pero su modo
de abordarla dispone la orientación, a qué puerto se podrá llegar. El aspecto de la
historia que según Nietzsche preserva y venera por demás momica la creación.
Ya no hay nada que crear, no hay nada más que escribir. Pero esta disposición
nace de una debilidad en el presente, encubierta de un respeto miedoso y
adulador a personalidades del pasado. A aquellos que justamente fueron quienes
evitaron estas disposiciones con sus antecesores. Una impotencia creativa que
se resiste y mantiene a la creación en la copia. Que en sí misma es evidente que
requiere de mucha dedicación, estudio y perseverancia: copiar no es fácil. Pero si
el criterio que dirige es el de preservar y venerar el pasado porque nada mejor es
91
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
posible en el presente y ya está todo hecho: ¿cómo es posible la emergencia de
una literatura vital, la necesaria?
Los grandes artistas son aquellos que pueden captar y recrear
la totalidad armónica de la vida humana. En una sociedad donde
lo general y lo particular, lo conceptual y lo sensible, lo social y lo
individual están cada vez más separados por la “alienación” del
capitalismo, el gran escritor los reúne dialécticamente en una
totalidad compleja. (Eagleton, 1976, p. 76)
En la lucha contra la banalización de la cultura es posible encontrar un
refugio en la lectura de Friedrich Nietzsche y Terry Eagleton. Una perspectiva
que logre desarticular criterios operantes y que ponga en marcha un proceso
creativo incluso más allá de la literatura y el arte. Sin la mirada crítica de nuestras
propias debilidades camuadas de fortalezas y, tristemente avaladas por un
criterio hiper-democrático, la obra vital no aparece. La narración perpetúa una
realidad miserable y débil. La oración de una realidad mejor dependerá del norte
dónde apuntemos esos criterios de valoración narrativos. Con una politización
del presente y siempre guardando en la memoria la historia de la que venimos.
Aquella que nos permite empoderarnos de nuestro tiempo y nos otorga la fortaleza
de agarrar nuestro deseo con las manos y la plasticidad para permitir que cambie
en caso de ser necesario.
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
92
Referencias Bibliográcas
Eagleton, T. (1976). Marxismo y crítica literaria. Paidós.
Jameson, F. (2015). La estética de la singularidad. New Left Review.
Nietzsche, F. (2016). Consideraciones intempestivas II: De la utilidad y los inconvenientes
de la historia para la vida. Tecnos.
White, H. (2018). Trópicos del discurso. Prometeo
Cómo citar este artículo:
Martin, N.F. (2026). Fortaleza y debilidad en la narración. Trazos-Revista de
estudiantes de Filosofía, 1(10), 83-92
93
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050
CUESTIONES DE ARCHIVO:
REFLEXIONES METODOLÓGICAS EN EL CONTEXTO DE PRODUCCIÓN
ACADÉMICA EN EL CAMPO DE LAS HUMANIDADES
TRAZOS - AÑO X- VOL.I- JUNIO 2026 - e-ISSN 2591-3050